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Jueves 15 de enero 2026

El gomero que creció 15 centímetros

Redacción 15/01/2026 - 00.18.hs

“Está más alto vo’… Más alto”. La voz de quien lo atendía en la caja del supermercado chino le arrancó una sonrisa. “Está más alto vo’…”, repetía un poco incrédula la mujer de los ojos rasgados

 

Más o menos lo mismo nos pasó cuando –para calibrar las cubiertas del auto- llegamos esta misma semana a la Gomería “Los Mellizos” (Río Bermejo 569). En el local un hombre al que vimos más alto, erguido en el vano de la puerta, mostraba una sonrisa gardeliana ante la sorpresa del cliente que llegaba.

 

Como antes.

 

Se levantó el pantalón-bermuda que tenía puesto y mostró sus dos rodillas, con amplios costurones que le quedaron de sendas operaciones que –afortunadamente- hicieron que su vida volviera a ser como antes. Como en los buenos viejos tiempos cuando podía desplazarse con naturalidad entre las cubiertas de autos para hacer su trabajo, bailar folklore, caminar y andar en bicicleta sin dificultad.

 

Es que Carlos Alberto Aguirre (64), el gomero, es hoy una persona distinta a la de hace varios meses. Es que se lo ve entre 15 y 20 centímetros más alto.

 

Muy conocedor.

 

Los que andan en el tema sostienen que Carlos es muy eficiente en su trabajo, que le basta una mirada y pasar una mano sobre la superficie de un neumático para aconsejar al dueño del auto qué es lo mejor que puede hacer.

 

Cuando abrió la gomería “Los Mellizos”, en el mismo lugar donde está hoy, por la zona “no había nada, mucho terreno baldío…”, cuenta el propietario. Él no tomó cursos, pero sí se capacitó como el mejor con su padre. Carlos es “gemelo con Ricardo, quien es maestro mayor de obras; y tiene otro hermano, Gustavo, que trabaja en marketing, y es diseñador gráfico y publicista.

 

Tradición familiar.

 

En realidad la gomería casi puede decirse en el caso de los Aguirre es una tradición familiar. “Mi abuelo Atilio puso una en General Acha en 1962 y la tuvo hasta 1977 cuando se mudó a Santa Rosa. Mi padre, Juan Carlos, tuvo el oficio de gomero de toda la vida”, cuenta.

 

La mamá de Carlos era Zaira Berti (más conocida como “Chicha”), que fue una querida trabajadora municipal. “Hice la primaria en la Escuela 6 y llegué a sexto año en la ENET donde seguía para Maestro Mayor de Obras. Pero la cosa se puso difícil y dejé cuando pusimos la gomería en 1977. En ese tiempo era así, o estudiabas o trabajabas”, aclara.

 

Dos operaciones.

 

“De verdad estoy muy contento después de las dos operaciones que me hicieron… Ahora puedo ir a buscar al jardín a mi nietita Tiara, de dos años”. Y le tiembla la voz a Carlos porque se emociona con ese detalle. Sí, el tratamiento de sus piernas le cambió la vida…

 

“¿Mi familia? Están mi hija, Yanina; mi yerno José Luis; y mis nietos, Facundo, Toby, Tiago, y como dije la más chiquita, la debilidad de la familia”, completa.

 

“Creo que para agosto estaré jubilado… pero obvio que voy a seguir trabajando,, porque algo hay que seguir haciendo”, dice Carlos.

 

Con andador.

 

Cabe recordar que hasta hace algunos meses estuvo sufriendo horrores por esa artrosis en ambas rodillas. “Hace dos años y pico todo comenzó a complicarse… Ustedes vieron como tenía las ‘chuecas’, así que caí en los médicos. Lo primero que hice fue suspender todas las actividades, menos la bicicleta que sí podía hacerlo. Pero me tocó usar un andador para caminar, porque apenas podía moverme, y por supuesto para trabajar era un suplicio”, confiesa su calvario.

 

Quienes lo han visto en esa situación saben perfectamente de su sufrimiento. Sus piernas sumamente curvadas tornaban dificultosos sus movimientos, y su figura empezó a mostrar un sobrepeso que obviamente no hacía más que entorpecer cualquiera de sus actividades.

 

La rehabilitación.

 

Ni hablar de jugar un picadito de fútbol, o de bailar danzas folklóricas como tanto le gusta. Todo se había complicado, y los profesionales le explicaron que el camino era operar sus dos rodillas para volver a una vida más o menos normal.

 

Y Carlos no dudó. “Estuve seis meses sin trabajar, me operaron dos veces y aquí estoy. Hace tres meses me dieron el alta y pude volver a la gomería… Los médicos me dijeron que no era sólo cuestión de las intervenciones quirúrgicas, sino que era un 50 y un 50. Que ellos podían hacer lo suyo, pero que si después yo no hacía la rehabilitación como corresponde no iba a servir para nada”.

 

Bajó algunos kilos, hizo de la mejor manera la parte de kinesiología, y para él todo cambió para bien.

 

¡Más alto!

 

Y fue tan así que volvió a bailar, y “de a poquito” a colaborar con la Fundación “El Rincón de Todos” de Sergio Manazzi, donde enseñan danzas folklóricas a chicos con distintas discapacidades.

 

“Ahora voy y vengo caminando de mi casa, y casi que puedo andar con normalidad. ¿Que estoy más alto? Sí, es verdad… creo que por lo menos ahora –al enderezar sus piernas- tengo por lo menos unos 15 centímetros más… Estoy para jugar algún partido de básquet”, se ríe con una franca sonrisa. Está feliz el gomero, y tiene motivos.

 

“Por supuesto tengo mejor calidad de vida. Y como para no estar contento, sobre todo cuando pienso que mi nietita de dos años me agarraba de la mano para caminar... y yo no podía. Y ahora me emociona, ir a buscarla al jardín, o caminar con ella…”.

 

Sí, claro, como no va a estar contento Carlos… El gomero que creció 15 centímetros!!! (M.V.)

 

“El servicio de salud es excelente”.

 

“Me interesa mucho que se conozca y se resalte lo que es el Hospital Molas-Favaloro… Tiene un nivel de excelencia fantástico, empezando por el personal de limpieza hasta los profesionales que atienden allí. Y esto es aquí, en Santa Rosa… sin tener que ir a Buenos Aires”, resaltó Carlos Aguirre al referirse al tratamiento que recibió en los últimos meses.

 

“Y no sólo hablo de la tecnología, sino también del factor humano, que me sorprendió para bien. Por eso quiero que la gente se anime, porque a mí me han venido a preguntar personas con problemas iguales o peores que el mío, y ahora al verme es como que están tomando coraje para operarse. Por eso me interesaba que esto se conozca, que se sepa y valoremos lo que tenemos acá, nuestros profesionales y todo el servicio de salud”, reafirma.

 

El servicio de Traumatología.

 

Carlos Aguirre insistió con que el Servicio de Traumatología del Hospital Lucio Molas-Favaloro es “de primer nivel. Empezando por los médicos, Franco De Turris, Luis Martos, Emiliano Gardino, Carlos Montiel, Nahuel Piñero y Julián Beascochea”, los mencionó uno a uno.

 

Y siguió acordándose de más personal. Como los secretarios Lalli Abbona y Agustín Giménez; y los enfermeros/as Walter Palermo, Sergio Torres, Mónica Fuentes y Liliana Gualpas.

 

Y finalmente recuerda que la rehabilitación y kinesiología la realiza con Soledad Cosci (“la hija de ‘Achi’ Cosci”, precisa)

 

“Sí, tenemos que valorar lo que tenemos acá, los profesionales y nuestro servicio de salud”, concluye.

 

Y está muy bueno que lo destaque… porque al cabo hay un apotegma que dice que “hombre agradecido vale por dos”.

 

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