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Viernes 09 de enero 2026

Ella y él manejan la soldadora eléctrica

Redacción 09/01/2026 - 00.11.hs

Mirando la ciudad, sus calles, y su gente, se pueden ir descubriendo pequeñas historias que hacen a la vida cotidiana. Puede resultar un lindo ejercicio eso de mirar… y no pasar indiferentes a las cosas que nos rodean.

 

Si lo hacemos, si observamos, podríamos encontrarnos con muchas situaciones. Algunas que –ciertamente- pueden apenar o entristecer, porque a nadie le gusta ver personas que no la pasan bien, incluso que es fácil deducir no tienen trabajo, o se las rebuscan como pueden para hacerse de un peso.

 

Postal reconfortante.

 

Pero, es verdad, hay otras postales que reconfortan, que hasta podría decirse levantan el ánimo y ayudan a creer que todo puede ser un poco mejor. Hay una enorme mayoría que todos los días se levanta dispuesta para cumplir con su deber social de trabajar, que naturalmente debe estar vinculado con el derecho a un empleo digno y bien remunerado. Al que es cierto no todos tienen acceso.

 

En ese ejercicio de mirar la ciudad y su gente, nos podríamos encontrar con algunas situaciones que –en estos tiempos- vale la pena valorizar. Fue lo que pasaba ayer, cuando en la céntrica confitería La Recova, trabajaban dos personas en el deck ubicado en la vereda sobre calle Avellaneda.

 

Con la soldadora eléctrica.

 

Darío Giménez (51) y Gabriela González son un matrimonio de laburantes que están juntos desde hace 26 años cuando se conocieron en Cádiz, un boliche bailable de aquella época.

 

Estaban sobre la estructura del deck, y mientras uno/a operaba la máquina que chisporreteaba sobre el metal, cubriéndose el rostro con el correspondiente casco de soldador, el otro/a asistía en lo que fuera necesario. Un poco llamaban la atención porque trabajaban codo a codo en un oficio que no cualquiera.

 

Dedicados a la herrería.

 

“Hemos hecho distintos trabajos, pero siempre volvemos a la herrería. A mi papá le gustaba jugar con la eléctrica, tenía un hobby con eso y un poco nos lo pasó a nosotros y con Gabriela nos dedicamos a trabajar en esto”, cuenta Darío.

 

Agrega que su esposa “aprendió de estar siempre cerca para ayudar, y claro que sabe usar la máquina… Nos gusta mucho trabajar juntos”. Y es Gabriela la que suma: “Intentamos que cuando sale algo lo podamos hacer los dos… además el trabajo requiere dibujar, tomar medidas, darse ideas, y de esa parte me encargo yo”.

 

“Hay personas a las que se les complica el trabajo manual, pero es hasta que uno se pone a hacerlo. Nosotros también pensábamos que era difícil pero ahora nos damos maña para todo”, completan.

 

Trabajadores de verdad.

 

Narran con entusiasmo que el trabajo no los arredra, sino todo lo contrario podría decirse que los desafía y ellos lo afrontan de la mejor manera: “Es cierto que están difíciles las cosas, pero nunca tuvimos miedos de hacer cosas y le damos para adelante siempre. Incluso nos hemos dedicado a la parte de gastronomía, porque cuando es necesario trabajamos en eventos. Yo hago de mozo y Gabriela en la cocina; y a veces también hacemos la tarea de filmar en las fiestas”, señal Darío.

 

Se miran cómplices, gustosos de contar lo que hacen, y dicen que siempre están “dispuestos” para el trabajo. “Cuando el tiempo de pandemia por supuesto no podíamos hacer esto, así que emprendimos hacer y vender pastas rellenas. Y eso hasta el día de hoy, que seguimos con los mismos clientes que nos hicimos en pandemia”.

 

Hermosa familia.

 

Están sin dudas orgullosos de su disposición para afrontarlo todo, y sobre manera de la familia que lograron conformar.

 

Entre los dos van contando que tienen tres hijos: “Viven del arte: Enzo (26) en este momento está acá en Santa Rosa porque vino a pasar las fiestas. Pero está recorriendo el mundo, haciendo danzas con ‘Malambo Show’, y le ha tocado actuar en Turquía, Egipto, Abu Dabhi y acaba de llegar de China donde estuvo con el Chimelong Internacional Circus… algo parecido al Solei (Cirque du Soleil)”,

 

Juan Franco y Camila.

 

Por su parte el segundo hijo, Juan Franco (23) “vive en Merlo (San Luis) donde es profesor de danzas urbanas y hip hop y trabaja en un teatro importante de allí”.

 

Camila (20) “está estudiando, pero además tiene un emprendimiento en casa, una heladería”.

 

El boca a boca.

 

Aceptaron dejar lo que estaban haciendo por un momento y contaron su pequeña historia. De esas que hay en cantidad, pero que no se conocen o pasan de manera más o menos intrascendente, pero que vale la pena conocer.

 

“Nos gusta lo que hacemos, y trabajar es para nosotros lo que corresponde. Es lo que aprendimos, y felices estamos de que sea así. Tenemos mucho trabajo, y esto de hacerlo añ aire libre como ahora hace que nos vean y que a lo mejor salga otro. No somos tanto de las redes sociales ni esas cosas, pero sí funciona el boca a boca y nos llegan los clientes de esa manera. Por suerte…”.

 

“Trabajar vale la pena”.

 

“¿Nuestro objetivo? La verdad es que no es la plata, sino –eso sí-- que nuestros hijos estén bien. El propósito es vivir y disfrutar y no volvernos locos porque ya estuvimos enfermos, aunque por suerte pudimos superarlo. ¿Pero trabajar? Siempre… vale la pena. Sin dudas”, concluyen.

 

Es muy probable que ni Darío ni Gabriela tengan muy presente a Karl Marx, que ya en el siglo XIX decía que el trabajo dignifica al hombre. Una frase que naturalmente debería adaptarse a los tiempos: “El trabajo dignifica, al hombre y la mujer”, o “el trabajo “dignifica a las personas” sería más adecuado... ¿O no es así? (M.V.)

 

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