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Grullas, té gitano y convivencia

Redacción 09/09/2026 - 00.04.hs

En 1945, Naomi y Toshiro eran niños y vivían en Hiroshima. Eran amigos y mientras jugaban cerca de sus casas, explotó la bomba atómica lanzada por Estados Unidos que dejó a la ciudad arrasada y el horror esparcido en mil pedazos. Naomi quedó gravemente afectada por la radiación y, mientras estaba en un hospital para reponerse de las heridas, su amigo se refugió en una antigua leyenda japonesa que asegura que, quien pliegue mil grullas de papel (origami), recibirá un deseo de felicidad y larga vida.

 

Esa historia está contada en el cuento “Mil grullas” de la autora argentina Elsa Bornemann, y también está reflejada en el mural que se puede ver por estos días en el colegio Fernando Aráoz de Santa Rosa, ahí donde una jornada comunitaria buscó mucho más que un mensaje escrito en una pared en tiempos donde las bombas explotan en forma de palabras y dejan heridos por todos lados.

 

“Organizamos una jornada integradora y de articulación con las escuelas primarias de nuestros barrios aledaños que son la Escuela 217 del Barrio Matadero, la 78 del Atuel y la 37 de Colonia Escalante. Son los que normalmente luego vienen hacia la matrícula de nuestro colegio y la respuesta fue espectacular, tuvimos buena devolución y con esos establecimientos venimos trabajando a través del programa ‘Vértice Educativo’ del Ministerio de Educación, como en el caso de la radio en la escuela. Lo que buscamos es la convivencia, la comunicación, la paz en definitiva que es lo que transmiten las grullas y que hoy parece tan difícil de tener y mantener”, explicó a LA ARENA la vicedirectora del Aráoz, Adriana González, sobre la jornada realizada días atrás en el establecimiento de la calle Congreso.

 

La actividad organizada en ese secundario adquirió una relevancia que excedió los límites del colegio porque se dio en un contexto de una grave situación social en el país, con distintas problemáticas que afectan a la sociedad en general pero también con diferentes particularidades a la niñez, la adolescencia y la juventud.

 

“Es cierto que hay problemas de peleas, de violencia, por eso buscamos frenar eso y hacer actividades de diálogo y de acercamiento”, señaló Francisco, uno de los estudiantes que se sumó a los distintos talleres, actividades solidarias y artísticas y que también representa a la mutual cooperativa que funciona dentro del establecimiento secundario.

 

“La idea original de la jornada surgió a partir de la actividad que hicieron en el colegio Normal a principios de año, cuando circulaban las amenazas en los baños, con todo ese tema de los retos y demás cuestiones violentas que generó gran preocupación entre todos. Nuestros alumnos se sumaron a esa iniciativa y, cuando volvieron, nos dijeron que teníamos que hacer algo nosotros sobre la convivencia, la no violencia y la paz. Y la idea surgió en el taller de lectura con ‘Las mil grullas’ de Elsa Bornemann, entonces ahí dijimos: ‘ya tenemos el tema’. Los chicos y chicas se engancharon y así se fue construyendo todo hasta llegar a lo que se armó puertas hacia afuera”, detalló la vicedirectora de un colegio que comparte edificio con el Julio Colombato, el otro secundario que funciona en horas de la tarde.

 

“Les pedimos que nos ayuden porque no llegábamos con los tiempos, porque queríamos coincidir con el mes de agosto para referenciar la fecha de las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki.

 

Hay un gran monumento en Japón sobre esa tragedia de la humanidad y todos los años llegan grullas hechas por colegios de todo el mundo. Este año nosotros las hacemos, las vamos a colgar el resto del año dentro del edificio del colegio y veremos si reciclamos el papel o qué otro destino les damos después”, agregó González.

 

-¿Cómo se trabaja el diálogo y la convivencia en un contexto donde la máxima autoridad del país transmite de forma permanente un discurso cargado de agresividad, incluso en la visita a un colegio como lo hizo pocos días atrás?

 

-Sinceramente es complicado, difícil poder reflexionar ante estos discursos de violencia tan marcados, que no respetan al otro, que se basan en insultos, agresiones y gestos despectivos, por eso buscamos todo el tiempo la manera de anteponernos, desde las aulas, con un discurso de paz y convivencia. Lo hacemos convocando desde otro lado que no sea desde la negativa, sino desde un lugar que tenga que ver con el arte, con la construcción colectiva y con la solidaridad. Y en la escuela pública estos discursos tienen que ser la prioridad. Hoy se suma que los chicos están muy expuestos a las pantallas durante muchísimas horas y el gran desafío de la escuela es competir con eso, ofrecerles algo que realmente quieran y les interese. Que los convoque.

 

Té para todos.

 

Milagros Demetrio es una alumna de primer año del colegio Aráoz que pertenece a la comunidad gitana asentada desde hace muchos años en esa zona de la ciudad, y como parte de una idea de integración fue invitada a compartir una costumbre de la cultura gastronómica de su colectividad.

 

“Nos juntamos con las escuelas primarias en donde cursan el resto de sus hermanitos para ver qué actividad podíamos hacer con ella. Finalmente surgió la pregunta respecto a alguna parte de la cultura de su gente que ella considerara significativa para compartir y ella nos dijo el té gitano. Nos contó el paso a paso de cómo hacerlo y con una gran olla compartimos el té con todas las visitas. Ella asiste de manera irregular al colegio pero fue importante poder compartir sus costumbres y gustos”, detallaron desde la dirección del colegio.

 

La jornada se esparció con distintas propuestas como talleres y postas, como la del laboratorio con soluciones químicas u otra con asesoría en salud con personal de la Posta Sanitaria del barrio Matadero y que incluyó cuestiones como Educación Sexual Integral (ESI) y violencia en el noviazgo. También hubo kiosco saludable con licuados, jugos y tortas sin gluten y la presencia de la cooperativa escolar.

 

“La mutual escolar Huellas de Colores es la primera de La Pampa y además del kiosco saludable también promovemos el ropero comunitario. Hay todo un trabajo que se hace día a día porque la escuela es uno de los lugares en donde estallan diferentes conflictos que a lo mejor se generan en otros espacios pero que se esparcen en el colegio. En este caso hacer esta actividad comunitaria nos llevó muchas clases, muchas horas en los módulos libres, pero con la convicción de que esto es enseñar. En un mundo de tecnologías, en un mundo donde hoy la IA resuelve prácticamente todo, hay ciertas cosas en donde hay aspectos de lo humano que no se van a poder reemplazar”, dijo la docente Daniela Cháves.

 

En el colegio valoran el resultado de una jornada distinta, pero más allá de la evaluación final lo más destacado fue el camino recorrido. “Creo que superamos las expectativas previas porque desde las familias y desde la Coordinación de los equipos directivos de las primarias se fueron muy contentos con la convivencia, con mostrar lo que la escuela hace y compartirlo con el barrio, con la comunidad. Creo que las grullas representan todo un mensaje del que vale la pena apropiarse y multiplicar”, agregó González en tiempos donde las palabras también pueden abrazar.

 

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