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La bodega pampeana que es récord con sus vinos

Redaccion Avances 01/09/2026 - 12.58.hs



La bodega pampeana volvió a destacarse en el concurso internacional, con 16 muestras premiadas, entre ellas tres dobles medallas de oro. El Marcelan, una de las variedades por las que apostó la firma, fue el vino de La Pampa que obtuvo el mayor puntaje. 

 

Bodega Quietud atraviesa uno de sus mejores momentos desde que comenzó a participar en concursos vitivinícolas. Este año presentó 16 muestras de distintas variedades y blends en el certamen internacional Vinus, y todas obtuvieron reconocimientos. El resultado incluyó tres dobles medallas de oro y llevó a la bodega pampeana a superar las 70 distinciones acumuladas a lo largo de unos 15 años de participación en este tipo de competencias.

Pero detrás de los premios hay una historia que Quietud viene construyendo desde hace años, y la decisión de experimentar con variedades menos tradicionales, estudiar su comportamiento en el territorio pampeano y buscar, a partir de la tecnología y el trabajo cotidiano, vinos que puedan competir fuera de la provincia.

Uno de los reconocimientos que mayor satisfacción generó fue el obtenido este año por el Marcelan, una variedad todavía poco conocida para buena parte de los consumidores. El vino consiguió una doble medalla de oro, ya que alcanzó 96 puntos, convirtiéndose en la etiqueta pampeana de mayor puntuación en el concurso.

“Estas son las cosas que uno aprende a través de los años”, señaló Ricardo Juan, responsable de Quietud, al recordar que los primeros ensayos con diferentes cepas se realizaron alrededor de 2015 y 2016 junto al equipo del Ente Provincial del Río Colorado y asesores especializados.

La experiencia llevó a profundizar el trabajo con variedades como Marcelan y Monastrell. “El año pasado enfocamos sobre lo que eran estas cepas nuevas. Realmente nos sorprendió”, explicó Juan. La evolución de la uva y el resultado del vino hicieron que decidieran presentarlo en el concurso. “Fue una grata sorpresa que tuviéramos una doble medalla de oro”, reconoció.

 

 

Siempre buscando innovar.

La apuesta de Quietud no está puesta únicamente en las variedades tradicionales. La bodega viene explorando distintas posibilidades y desarrollando vinos que buscan diferenciarse sin perder de vista al consumidor. Uno de los ejemplos de esta temporada fue el Rosado de Montepulciano. Juan contó que modificaron parte del proceso que habían utilizado en años anteriores y encontraron un resultado que incluso sorprendió al propio equipo.

“Nos quedó un vino extraordinario, muy agradable, con taninos muy suaves”, describió. La experiencia permitió comprobar que una variedad conocida por su estructura en los vinos tintos podía ofrecer otras características cuando se trabajaba bajo una elaboración diferente.

La misma búsqueda aparece en los blends. Entre las novedades se encuentra Pampa Gringa, un corte de Malbec, Petit Verdot y Carménère que también recibió su reconocimiento. “No podíamos creer que esa jugada se diera tan bien”, admitió Juan. Para el responsable de Quietud, la innovación no tiene como objetivo simplemente llamar la atención. “Buscamos innovar porque creemos que es necesario”, sostuvo.

 

 

El premio más importante.

A pesar de la satisfacción que generan las medallas, Juan puso el acento en otro objetivo: que los vinos sean aceptados por quienes los consumen. “Yo puedo sentirme orgulloso porque estos vinos han sido premiados, pero el premio mayor para mí sería que estos vinos la gente los acepte, se sientan cómodos”, afirmó.

En ese sentido, sostuvo que el desafío es que cada consumidor pueda encontrar dentro del abanico de variedades de la bodega una etiqueta que responda a sus gustos. “Hacer vinos por orgullo y nada más no tiene sentido”, resumió.

La diversidad es, precisamente, una de las características que Juan considera más importantes en la trayectoria de Quietud. A lo largo de los años fueron premiados vinos elaborados con diversas variedades. “Creo que son alrededor de 72 medallas que llevamos”, estimó. Y destacó un dato que considera todavía más significativo: “Hemos premiado casi todas las cepas que hemos tenido”.

Actualmente, trabajar con unas 13 variedades en simultáneo representa un desafío importante, porque cada una tiene un comportamiento diferente y requiere tratamientos específicos. “Tener la posibilidad de abarcar un abanico tan grande de variedades y en el trayecto de estos años, que muchos de esos vinos hayan sido premiados, creo que también es muy importante por el trabajo día a día que hacemos”, resaltó.

 

 

La particularidad pampeana.

El crecimiento de la vitivinicultura de Casa de Piedra también aparece como un factor central en los resultados. Para Juan, una de las particularidades que más sorprende a productores y enólogos de otras regiones es la distancia entre el lugar donde se cosecha la uva y la bodega. Las uvas deben recorrer unos 370 kilómetros hasta llegar a Quietud para ser procesadas. En una actividad donde habitualmente se destaca la importancia de reducir al máximo el tiempo entre la cosecha y la elaboración, el resultado obtenido en La Pampa genera interés.

“Muchos no pueden creer que cosechemos la uva, la transportemos 370 kilómetros y después elaboremos y obtengamos esta calidad de vino”, contó Juan.

La explicación, según entiende, no pasa por ningún secreto. “No tenemos la bola mágica para crearlo”, bromeó. Lo atribuyó, en cambio, a la voluntad, la pasión y el trabajo sostenido. En Quietud, esa tarea incluye inversiones en tecnología, equipamiento de acero inoxidable, controles de laboratorio y una especial atención a la higiene y al trabajo del personal.

“Así como los vinos van a la botella y maduran, nosotros con el tiempo tenemos que ir madurando”, reflexionó Juan. Para él, la experiencia acumulada “permite mejorar los procesos y acompañar la evolución de cada vino”.

Ahora, después del récord de reconocimientos, llegará el momento de analizar los resultados y definir los próximos desafíos. Pero hay una condición que será determinante: la producción que pueda obtenerse nuevamente en Casa de Piedra. “Las cepas son excelentes. El trabajo que se venía haciendo era muy bueno. Esperemos que siga”, expresó.

Mientras tanto, las 16 medallas obtenidas en esta edición representan mucho más que una colección de premios: son la confirmación de que, desde el oeste pampeano, una bodega puede construir una identidad propia, experimentar con variedades poco habituales y llevar sus vinos a competir de igual a igual en escenarios cada vez más exigentes.

 

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