La capital celebró a su patrona: “Es una gran santa”
Santa Rosa celebró su fiesta patronal en honor a Santa Rosa de Lima con una jornada central que incluyó una multitudinaria misa encabezada por el obispo de La Pampa Luis Darío Martín, procesión y un festival popular frente a la Catedral. “Pruébenla porque nos acerca a bendiciones”, afirmó el sacerdote Juan Carlos Cipolla.
Previo a la misa, el cura párroco de la Catedral dialogó con LA ARENA y sostuvo que “el fundador quiso regalarnos esta patrona. Nosotros siempre señalamos que Dios en su Providencia nos dice a quién nos encomienda, y nos encomendó a Santa Rosa para que nos cuide. Es curioso el dato porque Tomás Mason le pone Santa Rosa en honor a su esposa, Rosa Funston, pero igual nos regaló esta esta patrona”.
“Lo bueno es que a los tres años de haberse fundado Santa Rosa ya tenía su iglesia matriz. Eso significa que Santa Rosa nació católica y que rápidamente hicieron el edificio para que se pueda celebrar la misa. Esto que estamos haciendo, con la misa y la fiesta popular, es una fiesta que quiere abrazar a todos porque esta santa nos convoca a todos”, afirmó.
Mencionó que Santa Rosa identifica que “todos somos hermanos en esta ciudad y ella es la patrona”. Hizo hincapié en que la fiesta “quiere llevar el mensaje de comunión, de unión, de salir a valorar en el otro lo que nos une y no aquello que nos pueda llegar a dividir, porque es también lo que hacía Santa Rosa. Es una linda fiesta para todos, donde todos nos podemos ver reconfortados, pero a la vez hermanados, y sabemos que Santa Rosa intercede por nosotros”.
Cipolla destacó que la Catedral “rebalsó de gente” y completó: “Hay que probarla a Santa Rosa, es una gran santa, una gran intercesora. Yo siempre los desafío. Les digo ‘Pruébenla que ella nos acerca a bendiciones’ y a Santa Rosa le digo ‘Hacete cargo desde el cielo de estos hermanitos que yo te mandé’”.
Historia.
Santa Rosa de Lima (1586-1617), nacida como Isabel Flores de Oliva en la ciudad de Lima, Perú, es recordada como la primera santa de América y un faro de espiritualidad en la historia de la Iglesia Católica. Desde su infancia, Rosa mostró una inclinación singular hacia la oración y el sacrificio, rechazando las comodidades y lujos de la vida virreinal limeña para entregarse plenamente a Dios.
El nombre “Rosa” surgió cuando, siendo aún una niña, su madre y su nodriza la vieron dormir con una belleza tan serena que les recordó a una flor. Sin embargo, para Rosa la verdadera belleza no estaba en lo físico, sino en su alma entregada a Dios. A medida que crecía, adoptó una vida de oración intensa y penitencia rigurosa, tomando la firme decisión de consagrarse a Cristo mediante un voto de castidad.
Aunque su familia soñaba con verla casada, Rosa permaneció inquebrantable en su vocación, inspirándose profundamente en el ejemplo de Santa Catalina de Siena. Esta determinación enfrentó resistencias, especialmente de su madre, pero finalmente logró su apoyo, consolidando su camino de fe. Conmovida por el sufrimiento de los pobres, los indígenas y los esclavos, convirtió su hogar en un refugio donde brindaba cuidado y consuelo.
Aunque no ingresó formalmente en un convento, Rosa se unió como terciaria dominica, una decisión que le permitió vivir su fe plenamente sin abandonar el mundo que la rodeaba. También experimentó visiones místicas en las que aseguraba haber sentido la presencia de Cristo.
El 24 de agosto de 1617, Rosa falleció a los 31 años. Su funeral reunió a una multitud que ya la veneraba como santa. En 1668 fue beatificada por el Papa Clemente IX y, tres años después, canonizada por el Papa Clemente X. En 1816, el Congreso de Tucumán la proclamó patrona de la Independencia Argentina.
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