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Las Brujas, más allá de un resultado

Redaccion Avances 04/11/2026 - 12.12.hs

¿Qué significa realmente ganar cuando nos ponemos la camiseta sin más pretensión que la de jugar? En una época donde el éxito se suele medir en números, récords y planillas de resultados, el deporte aficionado nos invita constantemente a una pausa necesaria para hacernos una pregunta fundamental: ¿Ganar es únicamente imponerse al rival en el tanteador? ¿O existen otras victorias, silenciosas pero muy valiosas, que la competencia tradicional no llega a registrar?



Se sabe y no admite discusiones: la práctica deportiva es sumamente beneficiosa. No solo por una cuestión de salud integral —esa alineación siempre necesaria entre el bienestar físico y la paz del alma—, sino porque coadyuva de manera directa al equilibrio del individuo. Mover el cuerpo, transpirar la camiseta y sentir el esfuerzo nos devuelve a un estado de vitalidad único.

 

Empatía y solidaridad.



Es cierto que existen etapas y ámbitos competitivos donde el resultado tiene su peso específico. Pretender ignorarlo sería negar la naturaleza misma del juego. Sin embargo, aun en esos contextos, el marcador jamás debiera ser lo único. Mucho menos cuando nos alejamos del profesionalismo y entramos en el terreno del deporte aficionado, donde ganar deja de ser una obligación para transformarse, apenas, en una circunstancia del momento.



Cuando la actividad física se libera de la presión exclusiva de triunfar a toda costa, las actividades lúdicas se constituyen en herramientas fundamentales para la construcción de vínculos humanos profundos. En la cancha del barrio, en el club del pueblo, en el grupo de running o en el picado del fin de semana, la empatía, la solidaridad y la amistad encuentran su terreno más fértil.

 

El deporte se transforma entonces en un espacio sagrado donde el crecimiento humano y social prevalece por encima de cualquier marcador. Se vuelve un lenguaje universal que hermana y nivela a las personas.

 

Qué es ganar.

 

¿Ganar es solo meter un gol más, cruzar primero la meta o encestar en el último segundo? ¿O, como en el caso que nos ocupa, todo pasa por pegar un buen batazo para marcar una carrera más en un partido de sóftbol?



Más allá de un marcador… ¿no será que el deporte entrega generosamente sus mejores triunfos en los márgenes de la competencia?

 

Ganar es la risa que estalla en el banco de suplentes; es el gesto espontáneo de tenderle la mano al compañero o a la rival cuando el cansancio o una caída lo exigen; es la charla eterna después del entrenamiento y el abrazo genuino sin importar cómo salió el partido.

 

Es la camiseta y el grupo funcionando como un sostén, como una red de contención para la vida misma. Al final del día, el trofeo junta polvo y las estadísticas se olvidan, pero la calidez de haber compartido un espacio de disfrute con otros permanece para siempre. Porque cuando nos encontramos en la cancha para pasarla bien, el resultado siempre es lo de menos y la victoria ya es de todos.

 

Por encima del resultado.

 

¿Qué es ganar en el deporte aficionado? ¿Sólo un resultado? Tal vez hay otros aspectos que deben ser considerados, evaluados. Obviamente hay etapas competitivas donde el resultado es importante –aunque no debiera ser lo único--, pero no caben dudas de lo beneficioso del deporte en otros aspectos.

 

Las actividades lúdicas pueden constituirse en herramientas fundamentales para la construcción de vínculos de amistad, empatía y compañerismo, transformándose en espacios donde el crecimiento humano y social prevalece por encima de cualquier marcador o resultado competitivo. Cuando el juego se libera de la presión exclusiva de ganar, se convierte en un lenguaje universal que une a las personas.

 

Hay otros beneficios que el deporte generosamente entrega. Pasarla bien, reirse, el compañerismo, la amistad, ayudar al otro u otra cuando lo necesita. Siempre con el deporte o una camiseta o un grupo como sostén.

 

“Las Brujas”, cinco años.

 

Por estas horas el plantel de “Las Brujas”, el equipo de sóftbol del Club General Belgrano, está festejando sus cinco años de existencia. Con momentos de crecimiento, de altibajos, con alegrías y –por qué no admitirlo-- con algunas penas no siempre ligadas a un resultado adverso.

 

Porque “Las Brujas” nacieron como una idea de recreación, de disfrute, de la mano de Celeste Vega, jugadora que durante 15 años vistió la camiseta nacional, desde cadetes, juveniles y mayores –jugó nacionales, panamericanos y hasta un mundial--, que pensó que había muchas chicas y no tan chicas que querían jugar el deporte que ella practica desde que tiene 7 años.

 

Ella –perfil bajo-- no quiso hablar demasiado del tema, pero fueron algunas de sus compañeras las que quisieron hacer conocer que “Las Brujas” están cumpliendo años.

 

Un apoyo social.

 

Pero consultada la profe dijo que siente “mucho orgullo” por la tarea realizada, porque fue “un equipo que empezó muy de abajo, siendo muy poquitas. No imaginábamos llegar hasta acá, y que el grupo se iba a hacer tan grande”.

 

Sostuvo Celeste que al principio pensó “en algo deportivo, pero esto es más que eso: es un apoyo social a las mujeres que somos parte de este proyecto. Produjo empoderamiento en las chicas de todas las edades que juegan al sóftbol, que adquieren experiencias, y por eso está bueno que nos permitamos seguir jugando, animándonos. Además eso repercute en sus familias, y por ejemplo en nuestro proyecto las chiquitas llegan porque sus mamás juegan y no al revés”.

 

Todas pueden.

 

Celeste Vega trasciende su rol de jugadora en este proyecto, transmitiendo y motivando desde su condición de profesora de Educación Física y Asistente Social. En estos 5 años compartidos, Brujas se caracterizó por incorporar constantemente nuevas jugadoras, abriendo las puertas a que todas puedan y se sientan parte.

 

Y coinciden otras integrantes del grupo: “Este es un proyecto colectivo que se hace con organización y comunicación, donde los resultados deportivos son quizás la consecuencia pero no el objetivo principal. Para este equipo ganar es crecer, volverla a pedir cuando no sale lo entrenado, y seguir intentando. Hemos tenido partidos emocionantes, ganados y también perdidos, pero no traicionamos nuestros principios y acuerdos para ganar. Además, hemos tejido redes por fuera de la cancha: hicimos trabajo con salud, con talleres de primeros auxilios, de nutrición y de salud sexual. Participamos de las marchas por ‘Ni Una Menos’, con marcado compromiso social. Y somos un equipo autogestivo: hacemos pizzas, ñoquis, bingos para sostener el proyecto”.

 

Lo que viene.

 

A nivel deportivo Las Brujas participan de los Juegos de Slow con la primera, y este año crecieron las inferiores. Hoy es el plantel más numeroso, logrando si fuera necesario conformar hasta tres equipos de Brujas.

 

A lo largo de los años viajaron por tema deportivo a Río Cuarto, Mendoza, Capital Federal, San Luis, La Falda y Bahía Blanca. “Ojalá podamos seguir participando y viajando a cada rincón de la Argentina donde haya sóftbol”, dicen. 

 

Es histórico que en La Pampa haya 4 equipos de mujeres en primera (además Mayú, All Boys y Sarmiento), y eso se debe al trabajo y compromiso de los que enseñan día a día. “El objetivo es ese, el de seguir creciendo, hacia dentro y hacia afuera, logrando mayor derecho y visibilidad para el deporte femenino”, concluyó Celeste.

 

Y buena parte de razón parecen tener “Las Brujas”. La verdadera victoria del deporte aficionado habita en la alegría compartida, en el solo hecho de estar juntos y juntas persiguiendo un objetivo simple: pasarla bien. Nada más. Ni nada menos...

 

 

 

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