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No es necesario borrar las huellas del tren

Redaccion Avances 25/08/2026 - 10.02.hs

Las imágenes son elocuentes. Muestran un espacio que fue el corazón de la ciudad y que hoy, como tantas otras en la Argentina, vive una segunda vida como un testimonio de lo que alguna vez fue. Son las huellas del ferrocarril, ese gigante que estructuró el territorio y que, con su retirada, dejó vacíos físicos y simbólicos difíciles de llenar.

Caminar por la estación le trae a los mayores, recuerdos de otros tiempos. Los vestigios del ferrocarril que corriera por la ciudad –pasa en muchas otras y en localidades más pequeñas-- retrotraen a épocas pujantes.

Es cierto, la modernidad no puede esperar, pero para que llegue no es necesario acabar con vestigios de la ciudad que fue, si es que pueden conservarse como testimonios de aquella Santa Rosa.

 

Una mirada.

 

Por estos días recorrer el lugar donde el Parque Lineal se va extendiendo –llegará a lo que fue el Molino Werner-- es acceder a una obra que tiene que ver con el bienestar de una buena parte de la población, más allá de que como sucede siempre haya quienes la critiquen.

 

Una mirada al lugar donde se asienta la estación de trenes de Santa Rosa nos transmite una imagen de abandono. A un costado del andén una vieja verja de madera se extiende como un límite impreciso. Sus tablones, desgastados por el tiempo, parecen susurrar historias de pasajeros que esperaban, mercancías que llegaban y el bullicio de una actividad incesante. La verja no es más que un recuerdo, un vestigio de una frontera que alguna vez separó el mundo del ferrocarril del resto de la ciudad. Detrás de ella, el espacio es ahora un parque, un lugar de esparcimiento que intenta resignificar este rastro de historia.

 

También se puede observar un sendero pavimentado que se adentra en el antiguo playón de la estación. A su izquierda, otra verja, más moderna y metálica, sigue la línea de la anterior, como si intentara mantener viva una separación que ya no existe. El espacio, ahora un parque urbano, se debate entre su pasado ferroviario y su presente recreativo. Las luminarias, modernas y funcionales, contrastan con los viejos postes de telégrafo que aún se mantienen en pie, como fantasmas de una red de comunicación que alguna vez fue vital.

Cómo no recordar aquellas épocas cuando aún estaban los viejos galpones, y a su lado las enormes estibas que semajaban castillos en la inmensidad de la noche. Sí, “castillos” de cereales con su riqueza inconmensurable.

 

El Vacío del Ferrocarril

La desaparición del ferrocarril en Argentina, especialmente a partir de la década del 90, fue un golpe devastador para muchas ciudades y pueblos. No solo se perdió un medio de transporte eficiente y económico, sino que se rompió un tejido social y económico que se había forjado a lo largo de décadas. Las estaciones, que eran centros de actividad y socialización, quedaron en el olvido, y los espacios que ocupaban se convirtieron en cicatrices en el paisaje urbano.

 

Santa Rosa, caso Testigo

Santa Rosa, como muchas otras ciudades de la Pampa, es un caso testigo de este proceso. La estación de trenes fue el punto de partida de su crecimiento y desarrollo. Pero con el cierre de los ramales, este espacio central quedó vacío, desarticulado de la trama urbana. Las imágenes nos muestran cómo la ciudad intenta recuperar este espacio, transformándolo en un parque. Es un esfuerzo loable, un intento de cicatrizar esa herida que dejó el ferrocarril. Pero la pregunta que surge es: ¿Es suficiente?.

 

Un Desafío y una Oportunidad

La transformación de las ciudades tras la pérdida del ferrocarril es un fenómeno complejo y multifacético. En algunos casos, se han impulsado proyectos de reconversión de los antiguos predios ferroviarios, como parques, centros culturales, complejos residenciales o comerciales. Pero en muchos otros, estos espacios han quedado en el abandono, como recordatorios de una época dorada que se fue para no volver.

El desafío para las ciudades es doble. Por un lado, deben preservar la memoria de su pasado ferroviario, como un elemento identitario y cultural. Por el otro, deben aprovechar la oportunidad que representan estos espacios para regenerar el tejido urbano, creando nuevos lugares de encuentro, esparcimiento y actividad económica.

 

Un futuro por construir.

Las imágenes de Santa Rosa son un testimonio de esta compleja realidad. Muestran la belleza de un espacio en transformación, pero también la fragilidad de un pasado que se desvanece. La reconversión de los antiguos predios ferroviarios es un proceso que requiere planificación, inversión y participación ciudadana. No se trata solo de construir un parque o un edificio, sino de reinterpretar el espacio y su significado en el contexto de la ciudad actual.

 

La historia de Santa Rosa, como la de tantas otras ciudades argentinas, está marcada por el ferrocarril. Su desaparición dejó un vacío, pero también una oportunidad. Dependerá de la capacidad de sus habitantes y de sus gobernantes transformar esa cicatriz de hierro en una nueva veta de desarrollo y de identidad, donde el pasado no sea solo un recuerdo, sino un cimiento sobre el que construir el futuro.

 

 

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