Nuevo aniversario de una trágica carrera
Hace unos días, el Turismo de Carretera tuvo una nueva prueba que se disputó en el Autódromo de Toay, oportunidad en la que se impuso ante una multitud el piloto Christian Ledesma.
Como sucede cada vez que la más tradicional categoría del automovilismo nacional viene a Santa Rosa, es acompañada por miles de entusiastas espectadores.
Lo que muchos no conocen es que, en otras épocas cuando se corría en ruta, sucedía más o menos lo mismo en cuanto a la cantidad de público. Eso sí, volcados a un costado del camino donde los bólidos también hacían grandes promedios.
Concentraba multitudes.
Era toda una tradición el clásico asado a la vera de los caminos –que contaban con algunos tramos de tierra- mientras los autos de los afamados competidores de aquel tiempo pasaban como flechas a pocos metros. Lo mismo –esto es la presencia multitudinaria de público- se daba en los lugares donde se arribaba a la meta.
Verdaderamente había peligro para los espectadores, que entonces un poco que se minimizaba por la pasión que despertaba la presencia de las reconocidas máquinas y pilotos del TC.
Y esto era tan así que se produjeron muchos accidentes que involucraron a corredores, y fueron muchos que perdieron la vida en esas circunstancias. Y alguna vez sucedió, también, que las víctimas fueran parte de los aficionados que iban a verlos pasar, o en la llegada.
Historias trágicas.
El Turismo Carretera (TC) ha tenido numerosos corredores y acompañantes que murieron en accidentes a lo largo de su historia, especialmente en las primeras épocas cuando se corría en rutas. Desde 1937 se han reportado 57 pilotos y acompañantes fallecidos en esas circunstancias. Algunas de las tragedias más recordadas tuvieron como protagonistas a Juan Gálvez –ídolo y varias veces campeón argentino-, a Roberto Mouras que perdió la vida en la Vuelta de Lobos; y al mismísimo Juan Manuel Fangio, quien corriendo el Gran Premio del Sur tuvo un vuelco en el que falleció su acompañante Daniel Uruttia.
Algunos de esos graves siniestros tuvieron como víctimas a espectadores. Y eso sucedió en Santa Rosa cuando finalizaba la primera etapa de un Gran Premio de Turismo de Carretera.
Los Emiliozzi volaron.
Hace exactamente 62 años los hermanos Dante y Torcuato Emiliozzi volaron en su famosa “Galera” para ganar la primera etapa del Gran Premio de Turismo de Carretera de 1963. Ese 29 de noviembre largaron en Luján rumbo a Santa Rosa y establecieron el fantástico promedio –para la época- de 217,01 km a la hora. Una extraordinaria demostración de su Ford 1939.
No obstante, en la llegada a la capital provincial -sobre la Ruta 5, frente a la Colonia Penal- esperaba el caos y el dolor. No hubo lugar para demasiadas expresiones de alegría porque la tragedia se iba a enseñorear provocando una víctima fatal y decenas de heridos. Se produjo cuando un auto que arribaba a la meta se precipitó sobre la multitud que se agolpaba a los lados de la cinta asfáltica.
Tremendo accidente.
El diario LA ARENA del 30 de noviembre de 1963 informaba del triunfo de los Emiliozzi, y también sobre un accidente terrible que “empañó la competencia”: un suboficial de la Policía provincial resultó atropellado por una de las máquinas que arribaban a Santa Rosa y falleció a consecuencia del impacto; en tanto otras 30 personas resultaban con heridas de diferente consideración”.
¿Qué había sucedido? La competencia se había desarrollado con normalidad. Salvo la cuestión de que el ritmo impreso por la “Galera” de los Emiliozzi había deslumbrado en ese primer tramo hasta Santa Rosa, porque el auto voló marcando aquel promedio extraordinario.
Detrás se ubicaron Marcos Ciani, Carlos Pairetti, Juan Manuel Bordeu, Ángel Meunier, “El Negro” (seudónimo), y Cesáreo Castaño.
Aglomeración de público.
Contaba LA ARENA: “Ya habían arribado al control 53 coches. El público, que al comienzo había dado algún trabajo a las autoridades policiales al acercarse más de lo prudente al asfalto -provocando de a ratos aglomeraciones en la calzada- ya estaba más tranquilo. Solamente se limitaba a observar la llegada de las máquinas, manteniéndose sin gran despliegue de las fuerzas guardadoras del orden en el césped de la banquina”.
Lo sucedido.
Y precisaba la crónica: “En esas circunstancias llegó al control la máquina número 56 de José Migliore. El piloto detuvo su marcha sobre la misma raya de sentencia, mientras que unos 300 metros detrás avanzaba el coche nº 85 de Luis Iriarte. Al ver detenido en el mismo control al auto que lo procedía, Iriarte realizó una brusca virada hacia la izquierda para evitar embestirlo. Pero en la maniobra su coche bajó a la banquina embistiendo a un sector del público”.
“En el trecho de unos 15 metros hasta que pudo detenerse fue arrollando o lanzando a los costados a los que estaban ubicados en el lugar, que incluía desde personas adultas, jóvenes y niños. Fue un momento impresionante. Unas treinta personas quedaron en el suelo, mientras los que miraban mostraban su desesperación”.
Caos y un policía muerto.
“De inmediato las autoridades policiales, ambulancias y coches particulares trasladaron a los heridos hasta el hospital. En un primer momento se informó que había un funcionario policial que perdió la vida, Gregorio Santiago Núñez.
El agente estaba de franco, pero lo recargaron para que estuviera en ese momento, en ese lugar. No podía saber que el destino tenía preparada una trampa mortal.
Días más tarde un decreto gubernamental, número 2402/63, ascendió “post mortem” de sargento a oficial al policía que perdió la vida en aquella tragedia. Núñez tenía nada más que 40 años, y había ingresado en la fuerza cuando La Pampa todavía era Territorio Nacional. Estuvo un tiempo en Santa Cruz, y se incorporó luego a nuestra policía cuando La Pampa pasó a ser provincia.
Supo ser “un funcionario eficiente y honesto, reconocido y apreciado por quienes lo trataron”, decía LA ARENA en aquel momento. (M.V.)
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