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Cuáles son los riesgos del sedentarismo que crecen a partir de los 40 años

Por Redacción 10/09/2026 - 14.40.hs

Varios años atrás, la medicina del deporte se encuentra impulsando un nuevo modo de concebir al ejercicio y se encuentra ligada de manera directa a la salud y a llevar una vida más longeva, pero de manera saludable. Está comprobado que el ejercicio y la actividad física contribuyen a la prevención y al control de las enfermedades como por ejemplo las asociadas a las cardiopatías y a la diabetes. En la medida en que va pasando el tiempo, también favorece la salud cerebral, reduce los síntomas vinculados a la depresión y a la ansiedad. De cualquier manera, son más del 30% los adultos en el mundo que no cumplen con los requisitos mínimos que recomienda la Organización Mundial de la Salud.

 

Según lo publicado por la Agencia Dib, los beneficios que surgen del ejercicio tienen un impacto de forma transversal a toda la sociedad, no hay distinción en relación a los géneros y tampoco edades. Sin embargo, Jorge Franchella, deportólogo y cardiólogo del Programa de Actividad Física para la Salud y el Deporte del Hospital de Clínicas, dice que a partir de los 40 años hay que prestarle mayor atención al cuerpo y a sus cuidados: “Se puede y es recomendable hacer ejercicio a cualquier edad, pero al promediar los 40 comienzan a hacerse más relevantes algunos aspectos asociados al envejecimiento”.

 

Cerca de los 40 comienzan procesos asociados a la disminución progresiva de la masa muscular, se reduce la capacidad que tiene el organismo en el mantenimiento de la fuerza y aumenta la tendencia en la acumulación de grasa. En paralelo, hay que darle más importancia al cuidado de la densidad ósea como también de la movilidad. Asimismo, comienza a disminuir la eficiencia cardiovascular como la recuperación después de que se haya realizado esfuerzo físico. Estos cambios no suelen producirse de un día a otro, pero sí generan que resulte cada vez más difícil el sostenimiento de la actividad física.

 

“Es necesario distinguir entre la fuerza máxima, que es la capacidad de ejercer la mayor cantidad de fuerza posible contra una resistencia; y la fuerza-resistencia, que es el entrenamiento del músculo mediante la repetición de un esfuerzo moderado”.

 

Otro de los ejercicios que destaca es el aeróbico y lo califica como “la base del entrenamiento prolongado”. Que se genere un sistema aeróbico que se desarrolle bien va a mejorar la capacidad de trabajo, consigue acelerar la recuperación y se logra optimizar el metabolismo. En paralelo, es clave en la salud cardiovascular.

 

“La intensidad no debe ser ni poca ni mucha, debe ser precisa. Ahora bien, para que el cuerpo no olvide los efectos del entrenamiento la frecuencia no debe superar los tres días”. De cualquier manera, el profesional de la salud indicó que la mejor alternativa siempre es individualizar cada individualidad.

 

“Salir del sedentarismo reduce más de un 30% el riesgo de morbimortalidad, por lo que ese primer paso es el más importante. Una vez rota esa barrera, lo ideal es ajustar frecuencia, intensidad, tiempo y tipo de entrenamiento de acuerdo con las particularidades y objetivos de cada individuo. Debemos avanzar hacia una medicina de precisión, medir con precisión es sinónimo de excelencia”, dijo Jorge Franchella para cerrar.

 

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