¿Querés recibir notificaciones de alertas?

Las notificaciones están desactivadas

Para activar las notificaciones:

Martes 07 de abril 2026

Cuatro pulperías donde la tradición y el pasado se vive a flor de piel

Por Redacción 07/04/2026 - 12.59.hs

Se abren los caminos rurales, las calles de tierra, el polvo en el aire y se alzan los pueblos como guardianes de un tiempo que ya no existe. El pulso de los pueblos marca un ritmo diferente, recuerda y conserva en sus pulperías y almacenes de ramos generales la tradición de un siglo y medio atrás. La tradición y el atractivo cultural de los antepasados se mantiene en Bolívar, San Antonio de Areco, Coronel Suárez y Chivilcoy, provincia de Buenos Aires

 

Las pulperías, según la Agencia Dib, se erigen como atractivos turísticos y, por qué no, como museos vivos de historia bonaerense y argentina. "Y con el buche bien lleno era cosa de mirar, salir al campo a trabajar pero rumbiao pa' la pulpería", dice el Martín Fierro.

 

Pulpería Mira Mar

 

En Bolívar, se preparan unas mesas larguísimas, mesas para llenar la casa de alegría, gritos de una punta a la otra y voces que cuentan anécdotas. La historia de la Pulpería Mira Mar se remonta a la familia Urrutia a finales del siglo XIX. Este capítulo no cerró, continúa. Es que la Pulpería Mira Mar es una de las pocas que quedan con este estilo, más parecido a un bodegón y a una casa familiar, en la que se sirve la mesa y todos corren a elegir lugar. Nadie quiere perderse el chisme y el encuentro. 

 

“Don Mariano Urrutia, mi bisabuelo, llegó de San Sebastián en 1876. En 1884 compró estas tierras y comenzó a construir la pulpería. Desde entonces, la historia de nuestra familia está unida a este lugar”, contó el actual propietario, Juan Carlos Urrutia.

 

De generación en generación, el almacén de ramos generales de Bolívar fue punto de encuentro, un centro social y de abastecimiento al que todo el pueblo acudía. Todavía conserva su esencia y es un nuevo espacio que recibe a todos los visitantes que quieren hacer un pequeño viaje al pasado. “Además de ser pulpería, es un museo: acá está parte de la historia del pueblo, con pisos y paredes de barro originales y objetos de época. Y las mesas para las picadas, empanadas, asados y busecas son grandes para que se sienten todos juntos, compartan la comida y las experiencias”, dijo Urrutia.

 

Almacén Museo El Recreo 

 

El Museo Almacén El Recreo en la localidad de Chivilcoy es un verdadero volver al pasado, una cápsula de tiempo, una aventura en el mundo rural de fines del siglo XIX. En ese entonces, el almacén de ramos generales era el corazón del pueblo.

 

Este almacén fue fundado en 1882 por el bisabuelo de la familia Cura que eran recién llegado de Italia. La casona está intacta. María Elena Cura, que actualmente es la propietaria junto a sus hermanos dijo: “Este almacén funcionó como almacén de ramos generales hasta 1970. Fue muy importante en la vida cultural del pueblo porque era un lugar de reunión y de provisión económica.”

 

Se encuentra estratégicamente ubicado en una zona de chacras y de remates. Era la parada obligada de viajantes que buscaban un lugar para comer, tocar la guitarra, jugarse algún que otro truco y dormir. 

 

“Lo que se exhibe es totalmente original, no hay nada envejecido ni inventado. Quien lo visita se lleva una imagen auténtica de lo que fue un almacén de ramos generales desde 1881 hasta los años 60”. En el año 1970, su papá y su tía le compraron la propiedad los familiares y la preservan como un museo.

 

Boliche de Bessonart

 

"La pulpería era un edificio de paredes de barro y techo de paja, con un alero que resguardaba la puerta de entrada... Adentro, el mostrador de madera, desgastado por el roce de los vasos y los codos, parecía el altar de una religión ruda". Este párrafo describe lo que pensaba Ricardo Güiraldes de una pulpería en “Don Segundo Sombra”. El Boliche de Bessonart está estratégicamente ubicado en San Antonio de Areco. 

 

Forma parte del entramado histórico porque tiene más de dos siglos de historia. Lo mágico de este lugar es que todavía conserva su techo original, igual que las paredes que también son originales y guarda el recuerdo, el roce, las risas y el guitarreo entre el ladrillo y el cemento. Adentro, la escena es típica de época: se pueden ver las mesas en las que generaciones y generaciones compartieron risas y charlas y el silencio convive y guarda el pasado con el presente.

 

Pulpería La Tranca

 

En la localidad de Cura Malal, en el partido de Coronel Suárez, la tradición rural y serrana se plantan como bandera espiritual en la Pulpería La Tranca. 

 

Entre el ladrillo visto y la madera seca, Mercedes Resch, es la artista y gestora cultural que se encuentra a cargo del proyecto. “Novena de diez hijos, crecí en Cura Malal. Mi papá es trabajador rural, básicamente el pueblo está entre estancias y todos tenemos mucha relación con el entorno rural”.

 

La Tranca queda a la vuelta de la casa de la infancia de Mercedes. En La Tranca se compraba con libreta, se anotaba y después se pagaba todo. “Cuando regresé de estudiar Bellas Artes en Capital Federal, este lugar era una tapera. Lo compré y reconstruí de a poco. Así, en 2010 nació este espacio cultural que integra arte, poesía, danza, música y publicaciones. Además, cada viernes es un punto de encuentro donde surgen recitales, bicicleteadas, muestras o presentaciones de libros”, dijo Mercedes.

 

Visitar estas pulperías y almacenes no es solo tradición, no es revolver en el recuerdo, es buscar en el presente y entender que la ruralidad está marcada en todos los argentinos.

 

 

'
'