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Martes 26 de mayo 2026

Estaba filmando con un dron y realizó un hallazgo único en el mundo

Por Redacción 26/05/2026 - 21.22.hs

Las imágenes registradas por un fotógrafo llamaron la atención de científicos porque observaron que podía tratarse de un dato desconocido que puede llegar a echar luz sobre la vida de las ballenas.

 

El hecho en cuestión fue que se detectó, por primera vez en el mundo, una ballena franca austral con epibiontes de ballenas jorobadas. Esta característica abre nuevos interrogantes sobre la interacción entre ambas especies.

 

El fotógrafo y observador Maximiliano Cartes Salas fue el autor, con su dron, de tomar imágenes en el Golfo San Matías. Es una costumbre que desarrolla hace años y esta época es muy propicia porque los primeros ejemplares de ballenas empezaron a llegar a la zona.

 

“Logré capturar algo muy llamativo: varias estructuras rojizas agrupadas sobre las callosidades de una ballena franca. Lo que parecía un registro más terminó siendo un hito”, expresó Maximiliano sobre un hallazgo que realizó en los últimos días, según publicó el diario Río Negro.

 

Cuando la Doctora en Ciencias Biológicas, Magdalena Arias, investigadora del CIMAS-CONICET, observó las filmaciones quedó sorprendida. “Este tipo de organismos asociados no habían sido registrado antes en ballenas francas australes y abre preguntas muy interesantes para la investigación”, explicó.

 

El medio citado detalló que las formaciones rojizas, propias de las ballenas jorobadas, que se ven sobre la piel de una ballena franca se llaman epibiontes. “Cada ballena tiene su conjunto de epibiontes, son específicos de cada especie. En las ballenas francas esperás encontrar tres especies de ciámidos, que son las características de esa especie. Y tal vez también podés encontrar algunos ‘dientes de perro’, que son otro tipo de organismos asociados”, fundamentó Arias.

 

La especialista indicó que lo que se observa son percebes pedunculados y aclaró que “esta es la primera vez que se registra algo así en el mundo”. “Por eso estamos tan sorprendidos”, agregó.

 

El único antecedente similar a este hecho se dio en el año 2004 en Brasil, cuando una cría de ballena franca austral fue encontrada muerta. El ejemplar también presentaba epibiontes características de las ballenas jorobadas. Los científicos pudieron tomar muestras y analizarlas en laboratorio para confirmar las especies presentes.

 

La diferencia con la situación actual es que no hay muestras, sino solamente imágenes, lo cual dificulta identificar todos los organismos que se ven sobre el lomo de la ballena. Sin embargo, los investigadores sí lograron identificar los percebes pedunculados típicos de las jorobadas.

 

“Los ciámidos son muy parecidos a simple vista. Para diferenciarlos necesitás analizarlos con lupa y observar detalles microscópicos. Si tienen espinitas en el abdomen son de las jorobadas; si no, de las francas. Pero los percebes son más grandes y sí podemos identificarlos en las imágenes”, preció Arias.

 

El dato más importante que ofrece este hallazgo, según informó el diario Río Negro, es que la ballena franca habría tenido contacto “prolongado” con una ballena jorobada. El contacto se habría dado durante un tiempo suficiente para que se produzca una transmisión de epibiontes entre ambas especies.

 

“Estos organismos pasan por contacto. En las ballenas francas existe una transmisión vertical, de madre a cría, pero también transmisiones horizontales cuando pasan entre individuos de una misma población. En este caso, pareciera haber ocurrido algún tipo de interacción entre una jorobada y una franca que permitió ese traspaso”, señaló la investigadora.

 

Asimismo, este descubrimiento fortuito da lugar a nuevas líneas de investigación acerca de las relaciones que establecen estas dos especies en mar abierto, un aspecto que todavía es muy desconocido para la ciencia.

 

“Sabemos que esas interacciones ocurren, pero siempre pensamos que eran ocasionales o temporarias. Esto podría indicar relaciones más prolongadas en el tiempo, vínculos entre especies que todavía desconocemos”, sostuvo Arias.

 

“Es fascinante. Algo tan pequeño como un epibionte te habla del comportamiento del animal. Te está diciendo con quién anduvo y también cuánto tiempo estuvo”, concluyó la especialista del CONICET.

 

 

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