Martes 13: cuáles son las creencias y los mitos alrededor de este día
Cada vez que llega un martes 13 se encienden todas las alarmar porque lo que se espera es que, de algún modo u otro, la mala suerte o la desgracia golpee la puerta. Se trata de uno de esos días que se pueden tomar para la chacota, pero también que genera mucho cuidado en aquellos que son supersticiosos. Además, es un día que tiene una carga simbólica en las distintas culturas y la mala suerte es una de esas construcciones culturales.
Según lo publicado por la Agencia Noticias Argentinas, en la cultura de occidente al número 13 se lo piensa de manera histórica como un día de mal augurio más que nada por los diferentes hechos que sucedieron con el número 13 de referencia, como por ejemplo la última cena de Jesús y eran 13 las personas que se encontraban presentes. También en la antigua Roma, al día martes se lo dedicaba a Marte, al dios de la guerra, al que se lo asocia con el conflicto y la violencia.
Todas las superstición que se encuentran asociadas a la fecha que tiene raíces de forma histórica vinculadas al número 13 y el símbolo en relación al martes. En cuanto a todos aquellos que crean en la superstición, hay algunas actividades que llevan adelante las personas para que se posterguen los distintos contratiempos y esa evidencia se respalda mediante la cultura popular.
Algunas de esas creencias son: que las personas no se casen durante un martes 13, tampoco hay que pasar por debajo de una escalera, tampoco viajar en barco o en avión, que no se cruce un gato negro, tampoco llevar adelante una mudanza como comenzar con un negocio.
“El martes 13 no provoca desgracias, pero el miedo puede llevar a cancelar un viaje en avión. No es lo mismo tocar madera de vez en cuando que cancelar un viaje por miedo a que ocurra algo malo”, indicó Javier Barreiro, se trata de un psicólogo español en Salamanca, y agregó: “Una persona puede tener claro que el martes 13 no provoca accidentes y, aun así, experimentar cierta incomodidad cuando llega esa fecha”.
“Tenemos una tendencia natural a buscar patrones y relaciones de causa y efecto. Es una capacidad útil para aprender de lo que sucede a nuestro alrededor, pero a veces establecemos conexiones que no existen. Si hacemos algo y después ocurre un acontecimiento negativo, podemos asociar ambos hechos aunque no tengan ninguna relación. Por eso, la persistencia de una superstición no depende únicamente de que una persona crea conscientemente en ella. Si una persona teme que ocurra algo malo y realiza un ritual, la incertidumbre puede disminuir de inmediato. La superstición no necesita funcionar para mantenerse: basta con que nos tranquilice. Si el ritual calma la ansiedad, es posible que la persona vuelva a realizarlo cuando experimente miedo”.
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