Un destino de salinas que ofrece paisajes infinitos y naturaleza autóctona
Todos los destinos turísticos tienen su magia especial que los diferencia. Algunos son tan conocidos y visitados que cada vez les cuesta más sorprender a sus visitantes. Pero también están aquellos que todavía esperan por ser descubiertos.
Las salinas, en cualquier lugar del mundo, suelen brindar paisajes únicos. Parecieran ser todas iguales, aunque el encanto particular se encuentra en la presencialidad, en ir hasta ahí y perderse en cada uno de esos desiertos blancos.
Las Salinas Grandes de Córdoba se ubican en una provincia dominada por sierras, ríos y valles, pero están 180 kilómetros al norte de la ciudad capital. Forman parte de la Reserva de Usos Múltiples Salinas Grandes.
Son 200.000 hectáreas que también ocupan parte del territorio de Catamarca, La Rioja y Santiago del Estero, según precisa la página web oficial de la Agencia Córdoba Turismo. ”A lo largo de miles de años, una falla tectónica permitió la filtración de antigua fondo marino, dejando expuestas hectáreas de minerales, entre los cuales predomina el cloruro de sodio”, explica esa fuente.
Ese mineral es la materia prima de industrias instaladas en la zona que durante el auge de la extracción de sal permitieron el nacimiento de localidades como San José de las Salinas, Lucio V. Mansilla, Totoralejos, entre otros parajes cercanos.
En este paraíso natural es posible apreciar amanecer y atardeces con colores inclasificables. Es un sitio muy propicio para sacar fotografías, así como para perderse en la inmensidad del cielo nocturno. Si las nubes se ausentan y la luna llena acompaña, se puede vivir una experiencia casi intergaláctica en un marco de estrellas.
Asimismo, hay que tener cuidado con la amplitud térmica porque en las horas de sol la temperatura puede trepar hasta los 45°C y a la noche el frío puede hacer tiritar.
Otros atractivos naturales que presenta la zona se encuentran en el Refugio de Vida Silvestre Monte de las Barrancas. En el medio de las salinas emerge un bosque habitado por flora y fauna nativa.
El ojo podrá vislumbrar suris, flamencos, gatos de monte y lampalaguas, además de árboles como chañares, breas, quebrachos blancos, mistol y algarrobos. Sin embargo, al ser una reserva, solamente pueden acceder personas con permisos especiales o científicos. En todos los casos, se debe contar con autorización de la Secretaría de Ambiente de Córdoba y la compañía de un guardaparque.
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