Un joven construye un avión en su garaje para poder recibirse de piloto
El sueño de volar debe ser uno de los más antiguos que posee la humanidad. Hace más de un siglo que se cumplió, pero si se toma en cuenta los años de existencia del ser humano se puede decir que hace, relativamente poco tiempo, que las personas pueden experimentar esta acción.
Otro sueño que está reservado para pocas personas y está vinculado a volar es el de ser piloto de avión comercial. No es una carrera que elija la mayoría y quienes la eligen, en algunos casos, se encuentran con el impedimento de acceder a las horas privadas de vuelo que se necesitan para obtener el permiso.
Las horas de vuelo son costosas y no todos los aspirantes a piloto pueden pagarlas. Mateo Ferreyra es uno de ellos, pero ese obstáculo no va a detenerlo y por tal razón se decidió a construir su propio avión.
Según una nota realizada por El Diario de la República, este joven de 20 años se recibió hace poco de piloto privado en la Escuela de Vuelo de la ciudad de San Luis y para poder trabajar en una aerolínea debe cumplir con 200 horas de vuelo.
Con el apoyo de su familia, está en busca de ese objetivo. En el garaje de su casa del barrio Lucas Rodríguez está construyendo su aeronave, un ultraliviano que ya lleva un año de desarrollo.
El diseño que siguen es del “Fácil MS 1/3”, que elaboró años atrás el ingeniero bonaerense Miguel Héctor Sheinin. Con esos planos empezaron a cortar caños y soldarlos. “Contrariamente a lo que cree la gente, un avión es mucho más seguro que un auto”, afirmó Héctor Ferreyra, el padre de Mateo, y quien le heredó la pasión por los aviones. El hombre, de 56 años, es mecánico de autos y piloto.
Es justamente en ese taller mecánico donde están la estructura, el motor y los planos del avión que están construyendo. Según la nota de El Diario de la República, la aeronave pesará 450 kilogramos, podrá volar a una altura de 10.000 pies y a una velocidad de 150 km/h. Sus responsables calculan que la autonomía permitiría ir y volver desde San Luis hasta Buenos Aires.
“Para llegar hasta acá cometimos mil errores, hasta que aprendimos. Hay caños que cortamos mal y tuvimos que reutilizar o tirar, hay herramientas que tuvimos que hacer nosotros mismos. Todo es muy costoso, pero vale la pena”, manifestó Mateo en diálogo con el medio puntano citado.
El joven precisó que comprar un avión del mismo porte al que está haciendo cuesta alrededor de 60.000 dólares, pero él y su familia estiman que van a gastar un cuarto de ese monto.
Además del padre Héctor y la madre Liliana, que están día a día colaborando con el proyecto, otro aporte fundamental fue el de Juan Carlos Latorre, quien los ayudó a hacer las primeras soldaduras y les enseñó nociones básicas de esa tarea.
El avión todavía no tiene nombre. Es un biplaza que será impulsado con un motor de 120 caballos de fuerza que la familia compró en una chatarrería y pertenecía a un auto Honda Fit que tuvo un accidente. “Va a ser un avión con un desempeño muy bueno, tiene mucha potencia para su peso”, analizó Héctor.
Las alas están en otro taller y miden 10 metros, pero la estructura ya presenta un aspecto imponente, con sus ruedas colocadas. Asimismo, Mateo advirtió que les queda “por lo menos, un año de trabajo”.
La construcción de este sueño aeronáutico es casi un secreto familiar, se lo contaron a pocos amigos y hace unas semanas abrieron una cuenta de Instagram para ir mostrando los avances.
Un año parece mucho tiempo, pero cuando el objetivo es cumplir un sueño puede llegar a pasar volando.
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