Jueves 06 de octubre 2022

Desaparece un símbolo

Redacción 23/09/2022 - 08.43.hs

Sin temor a error ni a exageración alguna puede decirse que con la muerte de don Angel Garay desaparece un símbolo entrañable para los pampeanos pero, simultáneamente un emblema de la sensibilidad humana, más allá de cualquier orientación que se le quiera dar.

 

Por más que se haya repetido nunca estará de más señalar el mérito de ese hombre: haber efectuado el más significativo de los reclamos por los ríos apropiados aguas arriba, cuando la indescriptible miseria que había provocado el corte del Atuel lo llevó a un proceder insólito: enviar una carta al presidente de la República -Juan Domingo Perón por entonces- haciéndole presente el desastre ambiental y humano.

 

Aquella acción, mencionada a tantos años de distancia, aparece casi como algo meramente anecdótico, pero viéndolo en la debida dimensión se manifiesta como de una audacia inaudita porque fue, ni más ni menos, que la gestión en la que un humilde agente de policía, desde un paraje casi perdido en el desolado oeste pampeano, se dirigiera a la más alta autoridad del país, pasando por encima de todas las jerarquías intermedias, tanto policiales como gubernamentales. Aquel insólito y tan valedero reclamo epilogó en la conocida resolución 50/49, que ordenaba a la provincia de Mendoza una mínima suelta de agua para mantener los humedales y la bebida en el territorio pampeano. Sabemos que, pese a haber transcurrido más de 70 años, nunca se cumplió.

 

Sobre ese reclamo, sobre su solidez y sentimiento, se edificaron cantidad de trabajos políticos, jurídicos y artísticos. La suya fue una puntada inicial pero también profunda, trascendente en su sencillez. En el fondo de todos los fallos judiciales que hoy reconocen los derechos de La Pampa en materia de ríos (fallos sistemática y vergonzosamente desoídos por Mendoza) late aquella misiva de don Angel Garay.

 

Un par de años atrás, en una visita que hiciera a la Fundación Chadileuvú, quienes asistieron tuvieron la oportunidad de tratarlo en su sencilla cordialidad, evocando sin jactancias ni orgullos aquellos lejanos años y circunstancias. Para comprender la desolación creciente de aquella tierra de tan difícil acceso, condicionado por las huellas arenosas y teniendo al telégrafo como única ligazón, bastaba escuchar la evocación de aquella madre que llegó a su puesto policial con su niño muerto en brazos, lo que llevó a don Angel a formar el primer cementerio de Paso de los Algarrobos.

 

Al margen de otros muchos reconocimientos que tuviera a través de su larga existencia, apenas unos días atrás la Fundación Chadileuvú lo homenajeó con un audiovisual en el que rescata su imagen y su palabra, dándole carácter de documento a aquella tan lejana y valiosa carta.

 

El enorme mérito de haber cedido al impulso humanitario y justiciero pasando por encima de los rangos policiales fue un acto de valentía que los pampeanos le reconocieron tempranamente. Aunque ya alejado de nuestra provincia -vivía en Viedma, Río Negro- esas recordaciones le llegaban a menudo bajo diversas formas: personales, artísticas o a través de los medios de comunicación.

 

Ahora, en este adiós definitivo, el proceder de don Angel Garay reafirma que en cuanto a la condición humana el primer motor es el sentimiento. En reconocimiento a su proceder, siempre será recordado por los pampeanos.

 

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