Miércoles 30 de noviembre 2022

Después de Ucrania, ¿llega el turno de Taiwán?

Redacción 24/03/2022 - 01.33.hs

De los labios para afuera, todos coinciden en que una guerra por Taiwan es improbable. Pero, claro, eso se dice de todas las guerras, y si no, ahí está Ucrania para atestiguarlo.

 

JOSE ALBARRACIN

 

Se dice que la fecha de la invasión a Ucrania fue decidida en el encuentro que tuvieron, en enero pasado, Vladimir Putin y Xi Jinping. Como una cortesía a su par chino, el premier ruso habría concedido no iniciar maniobras militares sino hasta después de concluidos los juegos olímpicos que se llevaban a cabo en China, para no arruinar la fiesta. Desde entonces, desde Beijing se observa con atención la acción en Europa, pero no porque tengan mayor interés en participar -como por momentos temen en Estados Unidos- sino porque el experimento se les antoja un prolegómeno de su propia obsesión nacional: la díscola isla de Taiwan.

 

Desertores.

 

Taiwan se escindió de China en 1949, cuando fueron a parar allí, en masa, los anticomunistas derrotados en la gran guerra civil que asoló al país asiático. Desde entonces, esta pequeña isla de 24 millones de habitantes, con el indisimulado apoyo de EEUU, ha venido construyendo una democracia al estilo occidental, con un sesgo liberal notable. Es, por ejemplo, el único país asiático donde está legalizado el matrimonio entre personas de un mismo sexo.

 

Pero el relativo éxito de Taiwan se basa sobre todo en lo económico. Hoy por hoy, en esa pequeña isla se producen los mejores microprocesadores del mundo, una proeza tecnológíca que por alguna razón ni EEUU ni China han conseguido empardar.

 

Para China, sin embargo, esa escisión territorial representa una humillación nacional, y su recuperación constituye una verdadera obsesión, perseguida por todos sus líderes desde Mao, y punto central del proceso de "rejuvenecimiento nacional" que impulsa el actual líder Xi Jinping.

 

Nixon.

 

Cuenta Henry Kissinger que cuando tuvo sus primeros encuentros con los diplomáticos chinos a comienzos de los años '70, mientras él llevaba un menú de temas internacionales que incluían la guerra de Vietnam, la URSS, el desarme nuclear, y otros asuntos candentes, para los chinos el único punto de la agenda era Taiwan.

 

Cuando Nixon logró normalizar las relaciones de EEUU con China, tuvo que conceder la demanda de no reconocer a Taiwan como un estado independiente, status que se mantiene hasta hoy. Lo cual no impide que la isla sea uno de los puntos de interés para las fuerzas militares norteamericanas asentadas en el Mar de China, y que ese gobierno haya venido comprando armas norteamericanas y participando de ejercicios militares conjuntos.

 

Esta política, que se mantiene hasta hoy, es denominada "ambigüedad estratégica". Aunque por supuesto, no tuvo nada de ambiguo el hecho de que en 1996 los norteamericanos enviaran su Séptima Flota a la zona para disuadir a los militares chinos en una de sus tantas aproximaciones a la isla. En aquel entonces recularon, pero la situación actual ha cambiado radicalmente.

 

Guerra.

 

Hoy el ejército chino cuenta con alrededor de un millón de soldados. La industria bélica china hoy sobrepasa a la norteamericana en varios frentes, como los astilleros y la balística. Un simulacro de combate ensayado en 2020 por militares yanquis arrojó como sorpresivo resultado que, en la hipótesis de un conflicto armado en la isla, los chinos resultarían vencedores.

 

No por casualidad, dos días después de la catastrófica retirada de EEUU en Afganistán, el ejército y la armada chinos realizaron unos ampulosos ejercicios militares en las proximidades de Taiwan, diseñados específicamente para mostrar su poderío. Con frecuencia creciente, aviones de guerra chinos sobrevuelan la isla, cuando no son misiles los que surcan su cielo, para caer en el mar a poca distancia. Los chinos llevan milenios practicando el arte de la metáfora, de modo que el mensaje estuvo claro para todos.

 

Lo que la situación en Ucrania ha venido a poner sobre el tapete, es la cuestión de las áreas de influencia de las superpotencias, algo que se suponía enterrado con la Guerra Fría. Y no sólo por cuestiones de identidad, sino sobre todo por defender la propia seguridad nacional.

 

A diferencia de Rusia, China ostenta una economía robusta y diversificada -va en camino a ser la principal potencia económica mundial en cuestión de años- y las eventuales sanciones de Occidente no sólo no la afectarían gravemente: de hecho, por la dependencia comercial existente, podrían resultar contraproducentes para EEUU y sus aliados. Al mismo tiempo, Taiwan no es Ucrania: ni siquiera es un país reconocido por todo el orbe, por lo que hasta podría discutirse si su recuperación por China constituiría una invasión.

 

De los labios para afuera, todos coinciden en que una guerra por Taiwan es improbable. Pero, claro, eso se dice de todas las guerras, y si no, ahí está Ucrania para atestiguarlo.

 

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