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El cartero siempre llama dos veces (II)

Redaccion Avances 04/09/2026 - 09.38.hs

Mientras el debate público se focaliza en el histrionismo presidencial, el territorio donde se genera gran parte de la producción nacional enfrenta un estrecho desfiladero entre dos abismos climáticos igualmente devastadores: la sequía extrema y el fenómeno del “Super Niño” que amenaza inundarla.

 

La provincia de La Pampa ha intentado construir un escudo institucional para amortiguar ese impacto. Un acuerdo de cooperación bilateral con la Provincia de Buenos Aires que establece:

 

- La Gestión unificada de la Cuenca del Río Quinto, Mantenimiento y dragado coordinado de la red de canales matrices;

 

- Corredor de Alerta Temprana y Prevención de Incendios: Monitoreo satelital unificado. La transición de El Niño (exceso de biomasa) a ciclos posteriores de seca crea el escenario propicio para incendios forestales devastadores;

 

- Protocolo de Infraestructura Vial de Emergencia: Aseguramiento de la altitud en tramos críticos de las Rutas Nacionales 5 y 188 para evitar la parálisis logística.

 

Esta planificación técnica debe enfrentar la dificultad de una cuenca que avanza y retrocede simultáneamente. La extracción masiva de agua subterránea para riego intensivo, la sobreexplotación de napas y las canalizaciones ilegales, ha generado hundimientos de la corteza que alteraron las pendientes naturales del suelo. En eventos extremos, el agua ya no fluye libremente hacia el Atlántico, sino que cambia de sentido e inunda cuencas ciegas hacia el interior, creando "lagunas fantasmas" que invierten la lógica de los mapas topográficos previos.

 

Sin la aplicación estricta de la ley y la ejecución de obras de infraestructura interjurisdiccional de gran escala —que por mandato constitucional requieren la inversión y articulación del Estado Nacional—, los esfuerzos pampeanos corren el riesgo de convertirse en meros paliativos.

 

Mientras el FMI desmiente en sus informes la existencia de un superávit fiscal nacional se celebra la cancelación de la obra pública y el ilegal desvío de fondos de asignación específica como una victoria contable. Se omite que la totalidad de las obras hídricas pendientes en la región requieren una inversión de USD 1.500 M mientras que los daños registrados de una sola inundación han superado los USD 5.000 M. Asignando los ingresos fiscales de un solo año de la región damnificada alcanza para completar las Obras pendientes. Si el fenómeno alcanzara una severidad alta, el impacto en la Balanza comercial podría reducirla en u$s 9.000 M.

 

El historiador y filósofo británico Arnold J. Toynbee afirmó respecto del impacto de manipular la realidad contable para postergar las crisis: "El fraude de los libros contables es solo el ensayo general de la quiebra; cuando un Estado decide mentir en sus números, no evita la catástrofe, simplemente le da tiempo para acumular intereses". 

 

El caso de Grecia en 2009 ilustró con crudeza este principio: al ocultar el verdadero tamaño de su déficit fiscal mediante instrumentos financieros complejos para cumplir artificialmente con las metas de la Eurozona, el gobierno griego solo logró multiplicar el costo final del desastre. Cuando la brecha real salió a la luz, el país no solo perdió el acceso a los mercados, sino que fue sometido a una década de austeridad devastadora, un desplome del 25% de su PIB y el colapso directo de sus sistemas de salud y previsión social.

 

La misma lluvia, el mismo loco afán.

 

El uso del agua como herramienta de dominación, extorsión y apoderamiento de tierras no es nuevo en la región. A finales del siglo XIX, las empresas ferroviarias británicas no diseñaron los trazados de las vías en La Pampa y Buenos Aires siguiendo únicamente criterios de transporte, sino de drenaje privado y peaje hídrico. Construyeron altos terraplenes para frenar el agua y canalizarla hacia sus propios latifundios. Estaciones como Trenque Lauquen y sus zonas aledañas llegaron a cotizar en la bolsa de Londres no solo por su volumen de granos, sino por el valor estratégico de las compuertas que los administradores ingleses abrían o cerraban cobrando peajes a los estancieros criollos para salvar sus campos del anegamiento. ¿Se repetirá la historia?

 

Cuando no se quiere ver.

 

La frivolidad de las autoridades nacionales resulta estremecedora. Durante el verano europeo 2026 el río Rhin ha descendido a niveles inéditos (en el cuello de botella de Kaub, cayó por debajo de los 30 cm de profundidad). El impacto fue doble: la paralización del 70% del transporte de barcazas de suministros, y el sobrecalentamiento de sus aguas. Ante temperaturas del agua que superaban los 26°C, plantas nucleares francesas y alemanas debieron reducir drásticamente su potencia o apagar reactores. En puntos extremos, las autoridades tuvieron que recurrir a voladuras de dinamita en lechos rocosos para excavar canales de emergencia a contrarreloj y garantizar el caudal de refrigeración. Las caídas de su caudal medio fueron de hasta el -65% respecto de las medias históricas de verano. Se han estimado pérdidas directas por más de M 5.000 € por temporada en sobrecostos logísticos y de parálisis industrial.

 

Simultáneamente, el río Danubio ha registrado bajantes extremas que dejaron varadas a más de 300 embarcaciones de carga simultáneamente en las fronteras de Hungría, Serbia y Bulgaria, requiriendo dragados de emergencia con maquinaria militar. Los niveles de agua 45% por debajo del mínimo operativo navegable, las pérdidas han sido estimadas en M 2.800 € solo en sobrecostos de flete y desabastecimiento. El tema no ha sido motivo de pronunciamiento ni planes específicos por parte de las autoridades nacionales de nuestro país.

 

La provincia de La Pampa ha demostrado tener la templanza y adecuada planificación técnica para resistir aliada a la Provincia de Buenos Aires. Sin apoyo nacional se repetirá el drama del reiterado abandono verificado durante los incendios. Si la Argentina no recupera una visión federal y coordinada sobre el manejo de sus recursos naturales, el fenómeno de El Niño se encargará de recordar con la fuerza irrefutable de los hechos, que la naturaleza no acepta pagarés ni celebra el superávit contable de los cementerios productivos.

 

Ing. Javier Mariano García Guerrero.

 

Ex Profesor Asociado de Planeamiento Agropecuario en la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad de Belgrano.

 

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