El contraejemplo del neoliberalismo
Entre 1978 y 2019, China protagonizó el mayor proceso de reducción de pobreza de la historia contemporánea. No es propaganda ni consigna ideológica. Son datos del Banco Mundial y del Development Research Center del Consejo de Estado chino, recogidos en un informe conjunto.
En 1978, el 97,5 % de la población rural china vivía bajo el umbral de pobreza nacional. En 2019, esa cifra había caído al 0,6 %. En términos absolutos, el número de personas pobres pasó de 770 millones a 5,5 millones. 765 millones de personas salieron de la pobreza en cuatro décadas, una media de 19 millones cada año.
Según el propio Banco Mundial, casi el 75 % de la reducción de la pobreza extrema mundial desde 1980 ocurrió en China. Bajo el umbral internacional de 1,90 dólares diarios, la pobreza cayó del 88,1 % en 1981 al 0,3 % en 2018.
El informe identifica dos pilares clave. El primero fue un crecimiento económico rápido y sostenido, pero dirigido por el Estado, con inversión continuada en industria, exportaciones e infraestructuras. El segundo fueron políticas públicas activas de reducción de la pobreza, cada vez más precisas y territorializadas.
Desde 2013, China desplegó una estrategia de alivio focalizado que actuó hogar por hogar, con bases de datos públicas y control administrativo. Más de 800.000 funcionarios y funcionarias fueron enviados a zonas rurales para identificar necesidades reales. No se culpó a las personas pobres. Se actuó sobre las condiciones materiales.
Se establecieron las llamadas “dos no-preocupaciones” y “tres garantías”: comida y ropa aseguradas, y acceso garantizado a educación obligatoria, atención médica básica y vivienda segura, a lo que se añadió después el agua potable. En los territorios estudiados, estas garantías supusieron entre 3.000 y más de 8.000 yuanes por persona y año en inversión pública directa.
Los efectos fueron estructurales. La esperanza de vida pasó de 66 años en 1978 a 77 años en 2019, y la mortalidad infantil cayó de 52 por cada mil nacimientos a 6,8.
El propio informe advierte de retos pendientes, como las brechas rurales y urbanas o la protección social de trabajadores y trabajadoras migrantes. Pero parte de una premisa que en Europa se evita: la pobreza es una responsabilidad política.
Este informe demuestra que la pobreza no se reduce con caridad ni con mercado, sino con Estado, planificación y voluntad política sostenida. (Spanish Revolution)
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