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Miércoles 07 de enero 2026

El derecho internacional es papel higiénico para EE.UU.

Redacción 06/01/2026 - 10.36.hs

El terrorismo internacional que practica EE.UU. no reconoce fronteras y la historia es pródiga en ejemplos. El reciente ataque a Venezuela es el último eslabón de una cadena interminable.

 

SERGIO SANTESTEBAN

 

Un breve repaso por la historia latinoamericana nos permite verificar que las agresiones bélicas de los Estados Unidos han sido la regla y no la excepción a lo largo de los últimos tres siglos. No es una exageración decir que son menos los países que han logrado escapar de ese “destino manifiesto” que los que han sido víctimas de la voracidad imperial norteamericana, advertida tempranamente por el libertador Simón Bolívar.

 

Veamos los casos más emblemáticos:

 

*Argentina: En 1831 el buque de guerra norteamericano USS Lexington atacó Puerto Soledad en las Islas Malvinas. Los agresores secuestraron a su gobernador Luis Vernet, llevándolo prisionero a Montevideo. (Cualquier parecido con el secuestro de Nicolás Maduro, no es mera coincidencia). Aquel ataque desarmó la guarnición del gobierno de las islas y facilitó la posterior ocupación por parte de los ingleses hasta el día de hoy. En 1982, EE.UU. tuvo activa participación en la Guerra de Malvinas proveyendo información estratégica a las fuerzas armadas británicas.

 

*México: En 1846 EE.UU. le declaró la guerra, ocupó su capital y le robó la mitad de todo su territorio, los actuales estados de Texas, California, Nevada, Utah, y parcialmente los de Arizona, Nuevo México, Wyoming, Colorado, Kansas y Oklahoma. Más tarde hubo otras incursiones bélicas en 1914 y en 1916 contra Pancho Villa.

 

*Nicaragua: Sufrió múltiples ocupaciones norteamericanas, la más larga entre 1912 y 1933. En 1934, el protegido Anastasio Somoza asesinó al general Augusto Sandino. En los años ochenta EE.UU. financió y entrenó a la “Contra” para desestabilizar al gobierno sandinista.

 

*Haití: Ocupado por marines entre 1915 y 1934. Hubo intervenciones posteriores en 1994 (Operación Defender la Democracia) y 2004.

 

*República Dominicana: Ocupada por EE.UU. de 1916 a 1924 y nuevamente en 1965 con el envío de 42 mil soldados para impedir la asunción de un gobierno progresista.

 

*Guatemala: La CIA, en 1954, organizó una fuerza paramilitar para derrocar al presidente Jacobo Arbenz.

 

*Panamá: Además de la presencia militar continua por el Canal, sufrió una invasión a gran escala en 1989 para secuestrar al jefe de Estado Manuel Noriega.

 

*Cuba: Tras la guerra contra España de 1898, EE.UU. permaneció ocupando la isla hasta 1902. Hubo reocupaciones en 1906-1909 y 1917-1922. En 1961 fue la fallida invasión de Bahía de Cochinos por parte de mercenarios entrenados y financiados por la CIA. Hasta el día de hoy se mantiene el bloqueo económico.

 

*Granada: La isla fue invadida en 1983 tras un golpe de Estado interno que EE.UU. consideró una “amenaza comunista”.

 

*Chile: La participación activa de la CIA en 1973 está probada en el derrocamiento de Salvador Allende y su posterior asesinato.

 

*Plan Cóndor: Este operativo continental de inteligencia durante la década de los setenta se desarrolló en Argentina, Chile, Uruguay, Brasil, Bolivia y Paraguay. Contó con la coordinación, entrenamiento, apoyo logístico y técnico de la CIA con el objetivo de identificar, detener y asesinar opositores a las dictaduras de esos países.

 

La coreografía

 

La conferencia de prensa que brindó Donald Trump luego de la invasión y secuestro de Nicolás Maduro y su esposa fue una gran puesta en escena de corte hollywoodense para presentar al mundo su “gran victoria” y amenazar a los gobiernos de toda la región. Sin ruborizarse, Trump y sus funcionarios reconocieron que la apropiación de las gigantescas reservas de petróleo que yacen en el subsuelo venezolano fue el principal motivo de la incursión militar.

 

La pose gangsteril de Trump y sus bravuconadas son conocidas, pero no debe confundirnos en cuanto “novedad”. Sus predecesores en la Casa Blanca, han hecho lo mismo en América Latina y en el resto de los continentes del planeta aunque con una gestualidad diferente: con apelaciones grandilocuentes a la “defensa de la democracia”, a los “derechos humanos”, a la lucha contra las “dictaduras”, etc. Hoy lo que cambia, lo único que cambia, es el discurso descarado y prepotente. Trump, si se quiere, es más sincero; no oculta que los verdaderos intereses detrás de la agresión militar son los apetecibles recursos naturales que posee Venezuela. ¿O alguien piensa que los anteriores ataques a Irak, Libia o Siria, entre tantos más, tuvieron otros objetivos primordiales?

 

La acusación por “narcotráfico” a Maduro ni el propio Trump se la cree. Es un mero recurso propagandístico que repiten los loros mediáticos o los gobernantes serviles como Javier Milei. Hace apenas un mes Trump indultó a Juan Orlando Hernández, expresidente hondureño, condenado a 45 años de prisión por, justamente, traficar toneladas de cocaína, brindar protección a bandas narcos y aceptar suculentos sobornos. No es el costado moral el fuerte de Trump a la hora de jugar sus cartas.

 

¿Ataque quirúrgico?

 

El número de muertos provocados por el ataque no formó parte del libreto del gobierno norteamericano ni de la prensa adicta. El periodismo corporativo no pudo ocultar su alineamiento con elogios desmesurados a la operación “quirúrgica” que finalizó con el secuestro de Maduro y su esposa. Después, cuando llegaron los datos, fingió demencia. Los 80 muertos y el centenar de heridos reportados hasta ahora no ocuparon lugares destacados en la cobertura. Se entiende, se trata de muertos venezolanos y de cubanos que formaban parte de la custodia presidencial. Es pertinente preguntarse, siempre lo es, acerca de cuál hubiera sido la reacción mediática si los caídos hubieran estado del lado norteamericano. Este es un excelente punto para calibrar la “independencia” del autoproclamado “periodismo libre”.

 

Vieja agenda imperial

 

Las amenazas explícitas a Colombia, Cuba, México y hasta Groenlandia por parte de Trump, Marco Rubio y cía. es otro aspecto de un decorado que, interesadamente, se presenta como novedoso aunque, si se lo raspa un poco, se advierte abajo la pintura vieja. El listado de agresiones bélicas en la región, que presentamos líneas arriba, es muy claro. Cuba viene siendo objeto de un bloqueo brutal que lleva más de 60 años y de la ocupación de Guantánamo; Colombia está sembrada de bases militares norteamericanas “para combatir al narcotráfico”; México ha sufrido reiterados ataques y saqueos. Lo de Groenlandia, esa colonia danesa, sería novedoso, pero no tanto. Trump viene tratando con mucho desdén a la Unión Europea, y se ha permitido más de un gesto de desprecio hacia sus “socios” en los contactos periódicos y polémicos que suele mantener con el presidente ruso Vladimir Putin.

 

Con esta última demostración de fuerza, el matón de la Casa Blanca no oculta su afán de meter miedo. Y tiene las armas para lograrlo. Pero si tomamos un poco de distancia de la actualidad frenética, podremos ver que, en el fondo, no hay nada nuevo bajo el sol.

 

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