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Jueves 15 de enero 2026

El drama tanguero de nuestro tiempo

Redacción 15/01/2026 - 00.24.hs

I - “Estás desorientado y no sabés que trole hay que tomar para seguir...”. Cátulo, el gran Cátulo, con poesía tanguera describió así, en 1956, el estado de ánimo de millones de compatriotas de la Argentina gorila y fusiladora. Lo hizo desde el “hondo bajo fondo donde el barrio se subleva”. Esquivó musicalmente la censura, tuvo que hacerlo, porque los “libertadores” (abuelos de nuestros libertarios de hoy) habían prohibido sus tangos para convertir a la Argentina en “un país que está de olvido, siempre gris”.

 

Desencuentro, La última curda, no son canciones de amor contrariado, son alegatos políticos de amor al pueblo. Los escribió para denunciar el odio con que se intentó destruir un proyecto de país. Cátulo políticamente venia de la izquierda y vio el cambio, la revolución popular pacífica en el país oligárquico a fuerza de patriotismo y movilización.

 

Vio el país que nacía y se sumó a la tarea política de construir un modelo argentino de desarrollo nacional y popular. Sus letras tangueras después de 1955 tuvieron el tono desgarrado del país perdido tras el golpe.

 

II - Un pensador pampeano suele decir irreverente que la "recuperación democrática" esconde un drama. Que los golpes pasaron al olvido porque ya no fueron necesarios. Que elección tras elección, el nuevo orden está garantizado. Que más allá de tibios intentos se gobierna sin sacar los pies del plato. Que Halperín tenía razón y que la agonía de la Argentina finalmente había terminado con Menem y aquel sueño nacional y popular estaba muerto. Que la sociedad ya no cree en sus propias fuerzas y se entrega a las promesas de los golpistas de antaño. Cuesta darle la razón. Pero la Argentina de hoy parece confirmarlo.

 

Los golpes ahora, añade nuestro vecino, se dan democráticamente, desde la legalidad electoral, contra todo lo construido esos años. Golpe directo a la sociedad, a sus derechos, a su bienestar, a su patrimonio común. Y no hay reacción popular a la medida del ataque y si la hay, el desencuentro es tal que se ataca a los que aun sostienen el sueño de que es posible levantar aquéllas banderas.

 

III - Algo de eso pudo rastrearse en la semana en la manifestación de estatales y docentes que, estadísticamente en su mayoría, votaron a los libertarios y hoy apuntan sus quejas a la provincia que resiste el ajuste. ¿No ven que el origen de sus males está en otro lado... allá… en el kilómetro cero de las rutas nacionales abandonadas como la mayor parte de todo lo que es el Estado y sus responsabilidades, incluyendo a los empleados públicos?

 

Los números no dan lugar a equivocaciones. En La Pampa los estatales recuperaron 11 por ciento de su salario en relación a la inflación, mientras sus colegas nacionales perdieron 14 puntos. Hacer como que son lo mismo confirma el desconcierto de Cátulo cuando los libertadores (abuelos de estos libertarios) entraron a saco al Estado.

 

Es el gobierno nacional que elimina paritarias, los acusa de parásitos, los echa como perros, les cierra dependencias históricas, deprime sus salarios, el carnaval que, gritando contra la casta los pisotea, se ríe de su voto y les hunde el arpón.

 

Que no lo vean es parte del drama de la Argentina de hoy que Cátulo anticipó el siglo pasado.

 

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