¿Querés recibir notificaciones de alertas?

Martes 13 de enero 2026

El oro subió 85% y no sabemos dónde está

Redacción 13/01/2026 - 00.15.hs

La patoteada de Trump a la Reserva Federal para que baje las tasas de interés como forma de frenar la inflación norteamericana ha tenido un efecto catalítico sobre el precio del oro. Ayer, el metal amarillo batió todos los récords históricos al ubicarse en los 4.600 dólares la onza y, de acuerdo a los analistas mundiales de los mercados, y sus temores, parece dirigirse en breve a los 5.000 dólares la onza.

 

Consecuentemente, el dólar volvió a perder como reserva de valor frente a los metales, entre los que se cuenta también la plata que alcanzó en la jornada del lunes el precio récord de 85 dólares la onza.

 

El oro es un termómetro que mide los miedos de los ricos y poderosos del mundo. Cuando sube es que miran el panorama mundial como un escenario de incertidumbre, de cierre de mercados, de concentración económica, de interferencias en la libre circulación de los bienes y los capitales, en fin, cuando huelen guerra y países que cierran sus fronteras.

 

Es la respuesta a la locura norteamericana, de su presidente, que ha hecho del mundo un lugar peor del que había antes de su llegada. Es la respuesta a la locura genocida e imperialista de ir a un país, bombardearlo, secuestrar a su presidente y decir sin empacho que lo hicieron porque quieren su petróleo.

 

Más allá de las tibias manifestaciones de la política exterior de los países que se consideran el “mundo libre”, la corrida de los ricos y poderosos al oro, marca a las claras que lo de Trump alarma y no predice nada bueno para el resto del mundo.

 

Hace un año, el oro rondaba los 2.500 dólares la onza y, en ese lapso, subió 85%. Para los números que maneja la economía mundial, ese salto indica ya no niveles de desconfianza, sino de verdadero pánico mundial pues han perdido su confianza en todos los valores que “fabrica” la economía humana, para refugiarse en un valor que usa la humanidad hace milenios.

 

En pleno siglo de las criptomonedas, de los sistemas monetarios sofisticados, de la tecnología puesta al servicio de las reservas de valor, de los mercados integrados, de la innovación, este aferrarse al oro marca con claridad que el pulso de la economía mundial la manejan hoy los superricos y sus corporaciones y que, cuando tienen que responder a una crisis, no miran adelante, ni proyectan, ni innovan, ni nada de eso que suelen repetir en sus congresos.

 

Cuando una crisis se avecina, retroceden siglos para responder como lo haría un mercader medieval, romano, etrusco, persa o sumerio: acumulan oro, lo inmovilizan como valor y se salvan. El oro para ellos, es su arca de Noé. Y que el resto del mundo que se hunda.

 

La pregunta que, como argentinos deberíamos hacernos es ¿dónde están las 62 toneladas de oro que Alberto Fernández le dejó a Javier Milei y su ministro endeudador Luis Caputo? Al precio actual, se trata de 10.000 millones de dólares que nadie sabe dónde están. Y extrañamente, todos los medios y periodistas que querían preguntar cuando ese oro era nuestro, están ahora en silencio.

 

'
'