En el nombre del hijo
Mucho se ha escrito sobre el padre como un tema literario del siglo XX, desde "Carta a mi padre" de Franz Kafka hasta "La invención de la soledad" de Paul Auster. Pero si se observa la realidad política actual, particularmente en la Argentina, está claro que ese temita está muy lejos de haber desaparecido, al punto que tenemos un presidente ex-niño abusado, sobre el que en el futuro se escribirá mucho más desde la psicología que desde la ciencia política. Ahora, como éramos pocos y parió la abuela, Mauricio Macri acaba de publicar un libro sobre su padre. El primogénito que se cansó de romper todos los juguetes que le pusieron enfrente, no contento con haber entregado el país a las fauces del FMI, y haber desbaratado su propio partido político, ahora vuelve a su pasatiempo favorito, el parricidio.
Franco.
Ya desde el nombre del libro se advierte esta intención de -una vez más, y van...- tratar de borrar al padre, tan luego apropiándose de su apellido. El autor se llama Mauricio Macri, el padre, solamente "Franco". Al menos, la franqueza es una virtud. Por el contrario, "mauricio" significa "oscuro".
En los distintos idiomas, los apellidos comenzaron designando oficios -los Zapateros, los Herreros, los Pastores- para en determinado momento comenzar a evocar al padre, honrando el linaje. Así los "O'" de Escocia, los "Van" en Holanda, los "Von" en Alemania, y la terminación "ez" en España (Rodríguez, Fernández, etcétera) indican eso: "Soy hijo de". Aquí Mauricio decidió que lo de Macri era un atributo suyo exclusivo. Al fin y al cabo, si su padre fue alguna vez "el empresario más importante del país", él, en cambio, fue presidente argentino, elegido "por más de la mitad de sus compatriotas".
Del mismo modo, lo que se presenta como una biografía de Franco Macri es, en realidad, un nuevo intento de Mauricio por contar su propia historia, esta vez, a través del prisma de su "mayor maestro" y "gran antagonista". De allí que la foto de tapa lo muestre de niño sobre los hombros de su padre sonriente, pero él se esmere en señalar que en esa fotografía se ven detrás las estructuras de madera de las obras en el puerto de Mar del Plata, "su contrato más importante hasta el momento".
De allí también que el libro sea un catálogo de todos los "errores" cometidos por su padre, que derivaron en su declive empresario (en el cual, la década de los '90 se señala como especialmente nefasta, qué nos queda al resto de los argentinos) pero jamás se mencionan los errores del hijo, salvo para decir que las causas de contrabando de Sevel, o las estafas del Correo o de Manliba fueron poco menos que inventos del kirchnerismo.
Ejemplo.
Por supuesto, la cuidada prosa (que obviamente no es obra de Mauricio, de quien mal puede pregonarse el carácter de "letrado") se encarga de subrayar su admiración por ese padre colosal en cuyas empresas trabajó hasta bien muchachote grande. Confiesa, a veces, descubrirse con rasgos heredados, pero no parece terminar de advertirlos en su propio carácter, como podría hacer, por ejemplo, cuando atina en afirmar que "la capacidad de construir y la de destruir están más cerca de lo que se podría pensar". O cuando, refiriéndose al peronista año 1949 -fecha de arribo de su padre desde Italia- comenta que "cuesta mucho imaginar que hace apenas unas décadas los italianos querían irse y comenzar de nuevo sus vidas en la Argentina". ¿No habrá sido por el neoliberalismo?
Ni siquiera saca alguna conclusión al respecto cuando, refiriéndose a la dictadura de 1976/1983, dice que "bajo el gobierno de los militares, los argentinos comenzamos a vivir otra de nuestras ilusiones recurrentes de la mano del dólar barato, la apertura de las importaciones y el auge de las operaciones financieras. Sin embargo, nuestros males de siempre se mantuvieron e incluso se agravaron: el déficit, la inflación y la deuda externa no hicieron otra cosa que crecer en la segunda mitad de la década del setenta". ¿Y no fue eso, exactamente, lo que ocurrió durante la presidencia mauritana en 2015/2019?
Su salida de la égida paterna, la atribuye a que Franco estaría rodeado de obsecuentes que no veían los defectos que él sí advertía, mientras su padre cumplía "el rol de saboteador de las cosas que yo hacía". Está hasta el detalle perverso de asociar esa ruptura con el padre con el episodio de su secuestro por dos semanas en 1991, llegando hasta decir que no podía continuar con él porque "ya había sobrevivido a un cautiverio" a manos de sus secuestradores, y "no estaba dispuesto a pasar nunca más por esa situación".
Balance.
Como es obvio, en un libro bien editado, no están ausentes los elogios del padre. Por ejemplo, su coraje de inmigrante ("pienso en sus temores, en la incertidumbre que lo rodeaba"). Su defensa del secuestrado periodista Jacobo Timmerman en una reunión de consorcio. O el hecho de haber empleado en sus empresas a perseguidos políticos como Carlos Grosso o José Octavio Bordón (por algún motivo no menciona a Juan Schiaretti: acaso porque hoy todavía tiene peso político).
Pero eso es sólo para matizar las críticas, que llegan casi a la acusación de esquizofrenia: Franco era "una suerte de Dr. Jeckill y Mr. Hyde" que "pasaba de una emoción a la otra en segundos, sin siquiera darse cuenta" y que "me echaba y me contrataba todas las semanas. Me ayudaba y luego me boicoteaba. Me empoderaba y al instante me desautorizaba". Me, me, me.
Así es como de aquella oscuridad del cautiverio en un sótano surgió la "nueva versión" de Mauricio, gracias a la ayuda de su psicóloga (chivo explícito) y al descubrimiento de que debía tener una vida propia. Ahí nace, por supuesto, el proyecto de presidir Boca Juniors, previa desvinculación de las empresas, aunque, claro, su comité de campaña seguía estando en Socma. Y, también, cuando luego pide la declaración de insanía de su padre, lo hace para tomar control de esas mismas empresas.
Mauricio parece disfrutar la descripción de la decadencia de Franco. "Tiempo después, cuando comencé a leer sobre el síndrome de Hubris, la patología que suele acompañar a los personajes poderosos en distintos campos, descubrí en sus descripciones características de papá antes de la demencia: desmesura, omnipotencia, transgresión de los límites".
Por supuesto, ni se le pasa por la cabeza que esa descripción pueda aplicársele, también, al primogénito de Franco.
PETRONIO
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