Entre internas y alianzas
Aunque todavía están lejos las elecciones, ya han comenzado a agitar el avispero político. Cada facción alienta sus intereses partidistas –y acaso también personales— e inicia marchas y contramarchas en pro... ¿de qué? De ofrecer una solidez como agrupación que atraiga votos, ya se sabe, y al mismo tiempo restañar las lastimaduras internas, que las hay.
El oficialismo mileísta brega por que se anulen las elecciones intermedias pero sabe que ya están lejanas aquellas manos parlamentarias que aprobaban cualquier idea que les llegara de arriba. Los pésimos resultados del plan económico, la corrupción a todas luces evidente y el rumbo variante de la veleta presidencial, que niega la realidad, no son elementos que atraigan los votos parlamentarios, ni siquiera con la gestación de contubernios. Las últimas declaraciones del Presidente sobre enemigos personales, militarización de la residencia de Olivos y expulsión de presuntos terroristas hace muy difícil a los partidarios de La Libertad Avanza dar una imagen coherente a sus posibles partidarios, más bien lo opuesto.
Lo anterior vale para el orden nacional pero el panorama pampeano también muestra lo suyo. En principio la interna oficialista comienza a hacer más evidentes las resquebrajaduras que asomaban desde hace tiempo. Como una cierta expresión de vitalidad han aparecido nuevas líneas internas, pero que esas líneas hayan pasado a convertirse en partidos no deja de sorprender y hasta parecerían debilitar el movimiento, por más que sus gestores se cuiden en decir que se alinean dentro del Justicialismo. Algunos detalles sorprenden, como el del intendente santarroseño que anticipa su negativa a concurrir al cónclave del Consejo Provincial, donde no tiene representación efectiva; es políticamente riesgoso que falte al gran acto conmemorativo del 17 de octubre, a realizarse en el club General Belgrano.
Otra incógnita en el tema es la actitud que tomará el ex gobernador Verna, que mueve sus hilos desde General Pico; los rumores de que sugiere a su gente no concurrir al acto partidario parecen exagerados, máxime si se considera el alto simbolismo de la fecha que para muchos tiene un fuerte carácter emocional integrado a lo político.
Otro parece ser el panorama dentro del radicalismo pampeano. Quedó evidenciado en la reunión de militantes que días atrás debatieron la conducta política a seguir por el partido. Sorprendentemente, y refrendando la antigua meta de derrotar al peronismo, los afiliados partidarios de reiterar un frente múltiple, como el que han integrado hasta ahora, se impusieron largamente al sector que bregaba por una marcha política independiente. Para peor la insólita actitud de un diputado nacional pampeano: votó contra la ley que quita beneficios en el precio del gas, pero previamente había bajado al recinto parlamentario para dar el quórum indispensable al tratamiento de la medida, desconcertando –por calificarlo de algún modo— a propios y extraños.
Las noticias de los últimos meses, tanto de orden nacional como provincial, daban cuenta de que el radicalismo abandonaría el frente libertario, donde apoya a un gobierno que no ha cumplido y se desgasta a ojos vista. No ha sido así, sin embargo, y allí quedaron los adherentes a la postura de dejar de ser un furgón de cola. Son los que siguen pretendiendo que se mantenga la divisa partidaria, aquella de “que se rompa pero que no se doble”.
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