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Los números de Alicia

Redacción 01/10/2026 - 00.44.hs

En la Argentina de Milei, así como en el relato de Lewis Carroll, los números están un poco locos. El problema es que detrás de esos números, están las personas.

 

JOSÉ ALBARRACÍN

 

Contrariamente a lo que podría esperarse de alguien con su especialidad profesional (la economía) el presidente argentino ostenta una actitud muy poco rigurosa cuando debe tratar con los números. Esa tendencia, que no es nueva y se remonta a sus primeros actos en el poder, se ha venido agravando con el tiempo, tal como lo muestran dos reportajes concedidos esta semana, que han arrojado datos preocupantes no sólo respecto de la realidad nacional, sino del grado de percepción que tiene el primer mandatario sobre ella.

 

¿15.000 o 17.000?

 

En su discurso inaugural del 10 de diciembre de 2023, por ejemplo, el flamante presidente afirmó que, dentro de la herencia que recibía, se incluía "una inflación plantada de 15.000% anual". Apenas tres meses después, en la apertura de sesiones del Congreso, volvió a referirse al tema, afirmando que la inflación "cerró en 2023 por encima del 200% y viajaba a la velocidad del 17.000% anualizado".

 

Si se toma en cuenta que conforme el índice de precios al consumidor que elabora el INDEC la inflación de 2023 fue, de hecho, del 211,4%, cabe preguntarse a través de qué cálculos se arriba a porcentajes estimados en setenta o más veces por encima. Se trataría de una fórmula exponencial, pero intervienen tantos factores en un proceso económico semejante, que llama la atención que nadie se haya puesto a revisar esas extrañas cuentas, aunque más no sea por divertimento.

 

Otro tanto cabe decir de la afirmación realizada por el primer mandatario a mediados del año pasado, cuando aseguraba que con su política económica había "sacado de la pobreza a más de 12 millones de personas". Un postulado muy difícil de sostener, teniendo en cuenta que tanto los salarios como las jubilaciones sufrieron bajas porcentuales con respecto a la inflación, y que, además, se produjo el cierre de unas 24.000 empresas, lo cual no pudo sino derivar en un incremento del porcentaje de desempleo.

 

Guitarra.

 

Con la acumulación de cifras desfavorables para el desempeño de la economía argentina en las últimas semanas (sólo el "riesgo país" ha crecido más del 40% y se mantiene por arriba de los 600 puntos) el presidente concedió dos entrevistas en la última semana, en las que, tratando de explicar la situación, volvió a hacer gala de su creatividad con los números.

 

En una entrevista en Nueva York con el editor de la agencia Bloomberg, preguntado por la tasa de desocupación, que plantearía un nuevo desafío a su gobierno, afirmó que en realidad el empleo había crecido, sólo que en el sector informal. Cuando le preguntaron si, tras un segundo trimestre sucesivo que se anticipa sin crecimiento -dada la abrupta baja en los índices de julio- no temía que Argentina entrara en una "recesión técnica", aseguró que, en realidad, el problema era que su gobierno había operado reformas tan drásticas en la economía, que los criterios de medición habían quedado desactualizados.

 

Hay algo de cierto en esta última afirmación, pero no a favor del presidente: es cierto que el INDEC emplea pautas antiguas (de 2004 aproximadamente) para medir la pobreza, que hoy por hoy no incluye los consumos electrónicos y de comunicación habituales dos décadas después, sino que tampoco pondera adecuadamente el costo de los servicios públicos que, durante su gobierno, han tenido aumentos exponenciales. De ahí que algunas estimaciones privadas -y no precisamente la Fundación Patria- coloquen el índice de pobreza en alrededor del 45% de la población, unos diez puntos por encima de los números oficiales.

 

Resultaba algo penoso observar al primer mandatario tratando de lidiar con esas preguntas incómodas, pausando su respuesta, fijando la mirada en el vacío, y gesticulando con las manos como quien pulsa una guitarra imaginaria.

 

Terroristas.

 

Vuelto al país, este domingo concedió otra entrevista -esta vez, a uno de sus periodistas invertebrados- en la que, pese a la actitud notoriamente amigable de su interlocutor, también incurrió en exabruptos numéricos, dando a conocer un dato tan sorprendente como ignorado hasta el momento: el de que, supuestamente en los dos últimos años, el gobierno habría expulsado del país a unos "30 mil terroristas" que "trataban de dinamitar el modelo económico argentino".

 

Más allá del carácter simbólico que tiene esa cifra -especialmente proviniendo de un notorio negacionista de los crímenes de la última dictadura militar- lo cierto es que sumando los deportados (772) y las personas a las que se les negó el acceso al país (16.684) durante 2025, se está muy lejos de esa cifra. Y la mayoría de esos casos se basaron en condenas por narcotráfico o defectos en la documentación de ingreso al país. En cuanto a las investigaciones efectivamente en curso por supuestos casos de terrorismo, la Procuración General sólo tramita 92 casos.

 

Este derrotero algo psicodélico no puede menos que recordar la inmortal creación de Lewis Carroll, "Alicia en el País de las Maravillas", y en particular, la escena de la mesa de té, en la que el Sombrerero Loco le pregunta a la niña protagonista cuál era el número más grande que conocía.

 

Tras balbucear, algo incómoda, Alicia termina por confesar que, en realidad, no le gustan los números, y pregunta: "¿Qué es un número, al fin y al cabo?". A lo que el lirón responde: "es simple: imagínate un número de cosas, y luego quítale las cosas".

 

Algo así pasa con la Argentina de Milei: los números están un poco locos. El problema es que, detrás de esos números, están las cosas. Y las personas.

 

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