La censura financiera
Las sanciones que le impuso el gobierno norteamericano a una “relatora especial” de la ONU sobre la situación en Palestina la han transformado poco menos que en una muerta civil, lo cual no le ha impedido seguir con su trabajo y su denuncia del genocidio en curso por parte del gobierno israelí y sus aliados.
JOSE ALBARRACIN
En tiempos como los que corren, el mero discurso jurídico, el diferenciar lo que es legal de lo que no lo es, puede constituir el acto más subversivo y peligroso. Precisamente por eso es que hoy resulta imprescindible. Claro está, para ello es necesario no sólo un conocimiento sólido del derecho y una dedicación al trabajo de campo, sino también una valentía a prueba de balas. Es el caso de Francesca Albanese, una jurista italiana de casi cincuenta años, experta en derecho internacional y derechos humanos a la que la Organización de las Naciones Unidas designó desde 2022 como "relatora especial" sobre la situación en Palestina. Desde julio pasado, las sanciones que le impuso el gobierno norteamericano la han transformado poco menos que en una muerta civil, lo cual no le ha impedido seguir con su trabajo y su denuncia del genocidio en curso por parte del gobierno israelí y sus aliados.
ONU.
Por estos días la atención europea se enfoca en la creciente presión de Washington para apropiarse de Groenlandia, una pretensión imperialista que amenaza con implosionar a la alianza militar de EEUU con Europa (OTAN). Sin embargo los europeos, que en su infinito cinismo se quejan ahora de los ataques estadounidenses contra el derecho internacional, deberían comenzar por reconocer que ese sistema jurídico murió hace más de dos años en Gaza, cuando el mundo pudo observar un genocidio en tiempo real y en directo, sin que casi nadie -hay honrosas excepciones como la de Sudáfrica y la Corte Penal Internacional- moviera un dedo.
Es claro que Estados Unidos ya no forma parte del derecho internacional: su presidente y todo el coro de asesores que lo rodea se han encargado de dejar en claro que, en su visión, las relaciones entre países se basan en "la fuerza, el músculo, el poder".
Desde hace un año, EEUU se ha retirado de una gran cantidad de organismos de la ONU, ha desfinanciado a esa organización, y ha negado la visa para el ingreso a Nueva York -donde se encuentra la sede principal de Naciones Unidas- a numerosos diplomáticos extranjeros. Las sanciones contra Albanese, precisamente, incluyen una prohibición de ingresar a territorio estadounidense, con lo cual están impidiendo su trabajo diplomático, en violación a normas internacionales que existen desde la antigüedad.
Evidentemente, la ONU debería analizar seriamente retirar su sede de territorio norteamericano, ya que el gobierno de Washington no sólo no colabora con esa organización, sino que directamente la está boicoteando.
Estado.
En su prédica, Albanese se ha encargado no sólo de denunciar el genocidio, sino también de desmontar buena parte de las falacias que se han empleado para justificarlo. Por ejemplo, cuando le preguntaron si el estado de Israel tenía derecho a existir, contestó claramente que los estados existen o no, que pueden crearse, asociarse, anexarse, desintegrarse, sin que exista problema alguno: los que tienen derecho son las personas, no los estados. De hecho, estos últimos son los principales violadores de los derechos individuales.
Su último informe presentado en octubre pasado ante ONU -desde Sudáfrica, ya que no puede ingresar a los EEUU- se titula "Genocido en Gaza: un crimen colectivo", y en él se sostiene que las acciones llevadas a cabo en Gaza y Cisjordania en contra del pueblo palestino constituyen los delitos internacionales de genocidio, apartheid, y desplazamiento forzado.
Acaso la novedad -respecto de lo que se viene ventilando en la CPI- es que en este informe no sólo se responsabiliza a Israel, sino a decenas de países y organizaciones que contribuyeron directa o indirectamente con estos crímenes, a través de ventajas diplomáticas (vetos en el Consejo de Seguridad de ONU), apoyo militar y económico, y tareas de sabotaje a la diplomacia internacional. De hecho, en el informe se insta a los estados miembros de ONU a tomar medidas concretas, en particular, suspender relaciones diplomáticas, comerciales y militares con Israel.
Es bueno recordar al respecto cuál es la postura abyecta que mantiene al respecto el gobierno argentino, ya que, -como ironiza el escritor canadiense Omar el Akkad- "algún día todo el mundo habrá estado siempre en contra de esto".
Paria.
Las sanciones que EEUU impuso a Albanese son durísimas, sin que haya intervenido en la cuestión ningún tribunal, ni se haya dado derecho a la defensa a la involucrada. Para empezar -y en esto la complicidad del sistema financiero internacional es crucial- Albanese perdió todo derecho a operar con bancos prácticamente en todo el mundo: no puede tener cuentas ni tarjetas, ni acceder a transferencias electrónicas, lo que la condena a manejarse exclusivamente con efectivo.
La interdicción de la jurista incluye al resto de las personas con las que podría tener contacto, que tienen prohibido realizar cualquier tipo de asistencia en su favor, hasta el simple gesto de pagarle un café. Esto se hace especialmente grave por cuanto Albanese tiene una hija nacida en EEUU -por ende, ciudadana norteamericana- que ve de este modo limitado drásticamente su contacto con la madre.
Este tipo de "censura financiera" ejecutada sin ningún tipo de intervención judicial, se está poniendo en práctica también en la Unión Europea, cuyas autoridades han impuesto una "capitis deminutio" similar al periodista alemán Huseyin Dogru, precisamente por haber difundido información comprometedora para el estado de Israel.
Que una medida semejante haya sido impuesta contra una persona amparada por el status diplomático -el respeto a los embajadores es una institución vigente desde la antigua Grecia- habla a las claras del nivel de salvajismo al que están dispuestos a llegar para asegurarse la impunidad y mantener el status quo. Aunque claro, comparado con lo que ha sufrido el pueblo palestino, estas sanciones pueden parecer leves. Y la propia Albanese se ha encargado de calificarlas como meras "tácticas mafiosas de amedrentamiento" por parte de EEUU.
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