La era de la "guerra sucia"
Seguramente, la mayoría de los pampeanos pensábamos que no viviríamos en nuestra provincia un momento como el actual. Acostumbrados a otra forma de convivencia y respeto democrática, esta semana asistimos a la llegada de la "guerra sucia" a nuestros lares en su más cruda expresión. A partir de ahora, todo es posible: nuestra política local ya cuenta con una oposición que no es más que una sucursal de sus mandantes nacionales.
No cabe esperar más que lo peor, el "vale todo" en su más pura esencia, como se ve desde hace tiempo a nivel nacional. Campañas basadas en las mentiras, en la difamación, en la más baja argumentación, siempre acompañadas por medios porteños que hacen el mismo juego. Pero ahora, lo que pasa acá lo replican allá, para dar un "aire tremendista" que afectaría a toda la provincia. Entonces, multiplican sus voces y explican con gesto adusto que "si todos esos malos comentarios se viralizaron a nivel nacional se debe hacer algo para que no se sigan desprestigiando las instituciones pampeanas".
Oponerse a todo.
Ya lo dijeron los dirigentes nacionales de la oposición ni bien perdieron las elecciones presidenciales en 2019: de ahora en más toda la propuesta consistiría en oponerse y trabar las iniciativas del oficialismo. Es la única promesa de campaña que cumplieron, es lo único que se les puede reconocer.
Pero en La Pampa, al menos hasta ahora, siempre hubo otra cultura democrática. Un respeto por mayorías y minorías, un debate con altura, con idas y vueltas enriquecedoras.
Paulatinamente, ese panorama, influido cada vez más por la dirigencia nacional, se ha ido trastocando hasta la realidad actual, donde esta semana se terminó de confirmar esa "guerra sucia" con el pedido de juicio político a un ministro.
Con chicanas varias, señores un tanto flojos de papeles y con escasa autoridad moral en su trayectoria política se animaron además, muy sueltos de cuerpo, a pedir una renuncia y a hablar de "ciclo cumplido".
Indignación retardada.
Ninguno de los legisladores de la oposición ni sus nutridos "equipos de asesores" se percataron en el momento de una declaración poco feliz de un ministro, en la que hablaba de un contrato y tras pedir que se apagaran las grabaciones, deslizó que irían "todos presos" si trascendía la forma de resolverlo. Quedó claro allí mismo que la decisión que se había tomado era legal.
Esto fue antes de fin de año. Alguien que tenía que "no grabar" no acató la orden y alguien con más poder imaginó que con eso podría hacer daño. Y en parte lo consiguió.
Cuatro meses después empezó a circular un recorte editado maliciosamente, con la sola idea de perjudicar. No les interesó, ni les interesa el bien común, apenas llevar agua para su molino, con el lógico egoísmo de su enanismo político. Y no alcanzaron ni las aclaraciones ni las disculpas de un ministro de amplia trayectoria y probada capacidad en el cargo.
Con esa indignación retardada llegaron a forzar una incómoda situación. Pero hasta los síndicos de la empresa involucrada y las autoridades del Tribunal de Cuentas se cansaron de explicar que fue "todo legal".
De momento, con el rechazo del pedido de juicio político, este capítulo pareciera terminar acá. Pero algo de daño hicieron. Lograron distraer esfuerzos y energías que deberían estar destinados a mejores fines.
Queda la certeza de pensar que en nuestro pago chico se terminó la época de la buena convivencia democrática y comenzó la era de la "guerra sucia", la misma que desde acá siempre vemos desde hace tiempo y a diario a nivel nacional. De ahora en más las autoridades provinciales deberán mantener la guardia alta a toda hora y tomar conciencia que desde el otro lado apelarán a todas las artimañas posibles para desprestigiar la gestión.
Está claro que no tienen otro objetivo. No hay proyectos para una provincia mejor. Comparten ideas con los que fomentan un "tractorazo" que se opone a una redistribución del ingreso. Hacen el mismo juego de la "guerra sucia" desde otro lugar, pero con el mismo objetivo: dañar a un gobierno nacional y popular que se defiende como puede, mientras trabajadores y jubilados ven como todo ese circo distrae los esfuerzos que deberían estar dedicados a mejorar una calidad de vida cada vez más deteriorada.
Así las cosas, unos y otros tendrán que tener cuidado en esa guerra que están librando. No vaya a ser cosa que los soldados que están en guardia pasiva se terminen de enojar, se rebelen y salgan a reclamar lo que les corresponde. Será el momento en que deban guardarse las chicanas y la pirotecnia verbal para otro momento y dedicarse de una buena vez y entre todos a resolver los problemas de la gente.
DANIEL ESPOSITO
Artículos relacionados
