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La insatisfacción política

Redacción 20/10/2026 - 00.18.hs

En esta época, la ciudadanía valora las reglas del juego democrático, pero sanciona de manera acelerada a los funcionarios que anteponen la retórica y la polarización, a la efectividad de gestión.

 

Por Silvio J. Arias*

 

Para comprender la crisis de representación que atraviesa la sociedad argentina -agudizada en los últimos años de gestión libertaria-, resulta fundamental distinguir entre la adhesión al sistema democrático como ideal normativo y la profunda insatisfacción ciudadana respecto al desempeño de sus dirigentes políticos.

 

Desde la perspectiva teórica de Pippa Norris y David Easton, lo que se observa en la actualidad es la consolidación del “demócrata crítico”, un ciudadano que sostiene su apoyo difuso hacia las instituciones y libertades de la república, pero que manifiesta un marcado rechazo hacia sus ocupantes transitorios. El problema central no reside en el diseño legal de la herramienta constitucional, ni en la arquitectura del Estado, sino en el uso discrecional (falta de transparencia institucional), falta de diálogo (o existencia de un diálogo violento y hostil) y alejamiento de la realidad social que exhiben los actores políticos. Esto se evidencia en el estilo de gestión libertaria, donde la desregulación económica y el superávit fiscal se defienden desde una retórica de confrontación permanente, descalificando al Congreso o a la prensa bajo la etiqueta de “casta”, y minimizando el impacto social del ajuste al presentarlo como un “sacrificio heroico”, mientras los sectores trabajadores sufren la caída real de sus ingresos y el encarecimiento del costo de vida.

 

En primer lugar, esta fractura entre representados y representantes se explica por una severa crisis de legitimidad de ejercicio. Un gobierno puede ostentar plena legalidad de origen tras imponerse en las urnas; sin embargo, si en el ejercicio diario del poder prioriza la confrontación, el hiperpresidencialismo, la desinformación o la imposición unilateral mediante mecanismos ejecutivistas -como los Decretos de Necesidad y Urgencia-, termina erosionando inevitablemente su base de sustentación.

 

En la experiencia libertaria, esta tensión se cristaliza en la promulgación del mega DNU 70/23, el uso sistemático del veto presidencial frente a leyes como las de movilidad jubilatoria o financiamiento universitario, y una constante narrativa oficial que califica al Poder Legislativo de “nido de ratas”. Autores como Hugo Quiroga alertan sobre el vaciamiento de la representatividad, cuando se ignora la búsqueda de consensos mediante dinámicas autoritarias, mientras que Mario Riorda identifica la canalización de este malestar en el denominado “consenso de la bronca” hacia la “casta”. La ciudadanía percibe de manera creciente y directa a las élites políticas como una corporación desconectada de las urgencias cotidianas, que utiliza los resortes estatales en beneficio propio (incluso sin ocultarlo mucho).

 

Voto castigo.

 

En segundo lugar, la insatisfacción opera como un juicio implacable de rendimiento frente a la incapacidad dirigencial de resolver demandas materiales básicas (vivienda, salud, educación, seguridad y trabajo). Tal como señalan abordajes socioestructurales como los de Pablo Semán, la persistencia de la precarización laboral, la caída de los ingresos, el alto costo de vida y la inseguridad han despojado al Estado de su carácter protector a los ojos del ciudadano común (del Estado de bienestar presente al Estado liberal ausente).

 

En el escenario argentino reciente, el agotamiento del esquema de polarización tradicional no implicó una vocación autoritaria en el electorado, sino el uso del voto como una herramienta pragmática (y emocional) de castigo frente a la falta de resultados. Como documentan diversas consultoras de opinión pública (Poliarquía o Synopsis), el “voto de pertenencia” ha cedido su lugar a una extrema volatilidad electoral: la ciudadanía valora las reglas del juego democrático, pero sanciona de manera acelerada a los funcionarios que anteponen la retórica y la polarización, a la efectividad de gestión.

 

Para revertir esa “insatisfacción dirigencial” frente al desmantelamiento estatal del modelo libertario, hacia el 2027 la propuesta justicialista liderada por Axel Kicillof plantea un “Estado de bienestar realizador”, que busca superar la retórica abstracta mediante un pragmatismo enfocado en la efectividad, la presencia territorial y la obtención de resultados materiales concretos. Contrapone la ausencia de obra pública con la inversión estatal en vivienda, escuelas u hospitales para dinamizar la economía y generar empleo; implementa herramientas públicas directas (mercados locales e incentivos al consumo como la billetera digital Cuenta DNI) para aliviar el costo de vida, sin recurrir al ajuste recesivo; y prioriza la medición de impacto y la garantía de derechos básicos (salud, educación, trabajo, seguridad) por encima de la polarización ideológica.

 

Este paradigma funciona como un contrapunto superador porque pasa de la teoría a la práctica, demostrando que la alternativa a la austeridad extrema es un Estado eficiente -no el déficit ineficiente- y entendiendo que la legitimidad electoral actual exige soluciones inmediatas a las demandas cotidianas de la ciudadanía. Porque, en definitiva frente al mercado electoral, la mejor diferenciación política es un servicio público impecable.

 

En conclusión, la insatisfacción política no debe interpretarse como un deseo de abolición del sistema democrático, sino como una exigencia urgente de madurez y eficacia hacia la dirigencia (ejecutores de la cosa pública). La brecha entre las altas expectativas sociales y el deficiente rendimiento de los políticos en el poder ha reconfigurado la dinámica política moderna. Mientras los líderes mantengan un estilo de gestión alejado de las necesidades concretas de la población, el malestar continuará manifestándose como volatilidad electoral y desafección hacia la clase política, recordando que la legitimidad no es un cheque en blanco de origen, sino una construcción diaria basada en resultados y respeto institucional.

 

*Prof. en Ciencia Política. Afiliado PJ La Pampa

 

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