La sonrisa de los chinos
Todo el mundo sabe que los humanos tenemos un sistema circulatorio para la sangre, compuesto de venas, arterias y capilares que sumados en longitud totalizan unos 96 mil kilómetros, suficientes para dar vuelta al mundo un par de veces. Al centro de ese sistema está el corazón, una bomba que marca un pulso constante, y cuya detención -todo el mundo sabe- significa kaput. Aunque los científicos -y los poetas- le han prestado atención desde la antigüedad, este sistema no fue estudiado y descripto en su funcionamiento sino hasta 1628, por obra del anatomista inglés William Harvey. No tan popular -al menos en las letras de canciones- es el sistema linfático, que no hace tanto ruido, pero más o menos todo el mundo sabe detectarlo cuando se nos inflama algún ganglio: a éste lo describió por primera vez el italiano Gaspare Aselli, en 1622, después de hacerle una vivisección a un pobre perro. Esos eran los dos sistemas circulatorios conocidos hasta ahora, que se ha descubierto la existencia de un tercero, denominado "interstitium", que viene no sólo a provocar una revolución en la anatomía, sino también, a servir de nexo entre la ciencia occidental y la medicina milenaria practicada en Oriente.
Tattoo.
Quién diría que un tatuaje alguna vez serviría para algo más que una marca identitaria -y un motivo para el arrepentimiento. Fue en 2021, cuando un conjunto de investigadores examinaba una biopsia de piel que incluía un tatuaje, y descubrieron que las partículas de tinta habían llegado, a través de espacios intersticiales, mucho más profundo de los esperable, hasta la capa interna de la dermis, la "fascia". Como lo explicó en su momento Neil Theise, autor principal del artículo que describió el descubrimiento, eso no era en absoluto esperable, ya que según la anatomía convencional hasta entonces, la piel y la fascia no tenían conductos que las comunicaran.
El artículo se encargaba de señalar que un sistema de conductos microscópicos similar existía entre los órganos del abdomen humano, aunque este fenómeno, observado ya desde hace un siglo atrás, se suponía un caso aislado. Sin embargo, la observación de la tinta del tatuaje los llevó a concluir que, en realidad, estos intersticios formaban parte de un sistema de circulación de fluidos mucho más vasto, y -para sorpresa de todos- claramente interconectado.
Desde los estudios de Franklin Mall, hace más de un siglo atrás, se suponía que los órganos humanos eran compartimientos estancos, por esta recubiertos de un tejido conectivo fibroso conocido como "fascia". Pero ahora resulta que a través de esta "malla", existen interconexiones compuestas de una red de cables de colágeno (proteínas) rodeadas de un gel (ácido hilurónico) que funciona como una esponja capaz de retener agua. Y a través de ese gel viajan libremente fluídos, células y otros microorganismos.
Antiguo.
Para su sorpresa, y estando en una conferencia científica en China hace un par de años, Theise fue abordado por un médico oriental, quien le explicó que su novedoso intersticio no era tan nuevo: "nosotros venimos hablando de esto hace unos 4.000 años". Aunque, desde luego, sin el beneficio de haber contado con microscopios. De hecho, cualquiera que haya estado en un consultorio de acupuntura habrá visto esos diagramas chinos del cuerpo humano, donde se trazan unas líneas de pies a cabeza, que para la ciencia occidental eran desconocidas. Para ser más claros: pese a que los beneficios de la acupuntura eran innegables, sus bases científicas eran puestas en duda.
Este nuevo concepto vendría a explicar cómo es que funciona la acupuntura -y su pariente pobre, la dígitopuntura- y cómo resulta tan eficiente para mejorar condiciones tales como el dolor crónico, las migrañas, las alergias estacionales y las náuseas causadas por la quimioterapia.
Los chinos incluso tienen un nombre para este fluído que circula por el intersticio: "chi". Y las doce líneas que describen su circulación, son llamadas "meridianos". Las agujas que se insertan en esos puntos estratégicos de los meridianos, servirían así para facilitar la circulación del "chi", que, como la linfa, carecería de una bomba central que lo ponga en movimiento.
Conexión.
Como es notorio, ahora los chinos sí que tienen microscopios. De hecho, están a la vanguardia en la investigación científica en varios campos. Por eso no es de extrañar que en 2019 hayan publicado un "paper" (firmado por el Dr. Hongyi Li) donde explican un experimento con un cadáver al que inyectaron trazadores químicos en los puntos de acupuntura en manos y pies, y mediante compresiones en el pecho, lograron empujar esos fluidos a través del cuerpo. Las fotografías fluorescentes resultantes les permitieron trazar las rutas de circulación de esos fluidos desde las extremidades hasta el corazón, que coinciden con los milenarios meridianos.
Dos años después, condujeron un estudio en quince voluntarios vivos a los que inyectaron una tinta inocua en los puntos de acupuntura en antebrazos, para descubir que las líneas trazadas, en el movimiento hacia el centro del cuerpo, coincidían con el meridiano conocido como "pericardio", que nace en las manos y pasa por las muñecas para luego atravesar la parte interna del brazo en dirección al tórax. Estas líneas no tienen nada que ver con las venas: pasan por los espacios entre músculos.
Las implicancias de este fenómeno son enormes. Explicaría, por ejemplo, el mecanismo por el cual la células inmunes y bacterias del intestino pueden migrar hacia el hígado y terminar en los conductos biliares. O, para el caso, cómo se produce el proceso llamado "metástasis" por el cual las células cancerosas que afectan un órgano pueden viajar por el cuerpo y desarrollar tumores en otros sectores vitales. Como lo sugiere el incipiente éxito de una droga llamada narmafotinib, el combate al cáncer podría pasar por cerrar estas autopistas de circulación.
Estudios recientes en animales marinos -de la familia de nuestras odiadas "aguas vivas"- indicarían que el intersticio habría sido el primer sistema circulatorio de los seres vivos. Lo primitivo, se ve, es también lo primero.
PETRONIO
Este artículo está dedicado al querido Dr. Antonio Yep, que durante décadas enfrentó la mofa y el desprecio de sus colegas pampeanos por proveer los beneficios de la acupuntura a sus agradecidos pacientes. Donde quiera que esté, y ante esta noticia, a Antonio se le habrá dibujado una sonrisa bien, bien china.
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