¿Querés recibir notificaciones de alertas?

Las notificaciones están desactivadas

Para activar las notificaciones:

Domingo 21 de junio 2026

Los árboles mueren de pie

Redacción 21/06/2026 - 00.17.hs

No ocurre a menudo, pero en la columna de hoy tenemos que dar noticia de la muerte de un árbol. No de cualquier árbol: éste se llamaba Mayor Roble (Major Oak), vivía en el bosque Sherwood de Nottignhamshire, Inglaterra, y su edad se calcula entre unos 800 y unos 1.200 años. Vale decir, que nació en plena Edad Media, incluso antes de que los nobles ingleses le arrancaran a Juan Sin Tierra la primera constitución de la historia, la Carta Magna. Y hasta se rumorea que su tronco hueco servía de escondite para Robin Hood y sus botines, aunque claro, primero habría que creer en la existencia real de Robin Hood: un personaje mítico que según la leyenda les robaba a los ricos para darle a los pobres, exactamente al revés que los presidentes argentinos (sobre todo, los porteños).

 

Senectud.

 

Lo de "Mayor" no es un adjetivo relacionado a la senectud de nuestro roble. Es un grado militar, como el del Mayor Hayman Rooke, que se retiró de servicio en el siglo XVIII y, residente cercano al bosque Sherwood, comenzó a dibujar bocetos del gran árbol anciano, que al parecer terminó heredando su rango. Estos dibujos, sumados a la asociación con Robin Hood -y favorecidos por la movilidad que dio la proliferación del ferrocarril- contribuyeron a la fama del roble, y a la llegada de los turistas.

 

El "turismo intensivo" -junto al cambio climático, y a torpes intentos de "curar" el arbol en el pasado- sería una de las causas de la muerte. Y es que la presencia de miles de personas pisoteando el terreno arenoso a su alrededor, compactaron el suelo y asfixiaron sus raíces. Los visitantes incluían hasta personajes vestidos con ropas medievales, personificando los combates a espada limpia entre Robin Hook y las fuerzas de la ley.

 

La noticia de la muerte fue comunicada este martes por una ONG británica, la Real Sociedad para la Protección de los Pájaros, luego de que esta primavera no llegaran los brotes esperados, y una medición con dendrómetro (una suerte de estetoscopio) detectara una nula actividad vital. El majestuoso roble, con su tronco de once metros de circunsferencia, y una copa que cubría otros treinta de superficie, deja una profusa progenie: sus bellotas, que contienen su ADN, han generado retoños que ya crecen en distintos lugares de Inglaterra.

 

Cambio.

 

Por supuesto, los turistas no tuvieron la culpa de todo. Buena parte de la agonía del Mayor Roble se la debemos al cambio climático, que ha traído veranos inusualmente calurosos y secos a la habitualmente templada y húmeda isla de Gran Bretaña. Por desgracia, parte de la dirigencia mundial (encabezada por Donald Trump y su Chirolita argentino) consideran al cambio climático una especie de cuento, no mucho más real que la historia de Robin Hood. Así nos va yendo últimamente.

 

Pero no es esta la única manera en que los humanos contribuímos a esta muerte: también hubo mucha gente "bienintencionada" que con sus prácticas curanderiles causaron más daño que otra cosa. Por ejemplo, a comienzos del siglo pasado el roble fue dañado por una tormenta, y para evitar que el agua penetrara en sus heridas, la gente las cubrió con planchas de plomo, un metal tóxico. Estas fueron luego reemplazadas por fibra de vidrio.

 

Por la misma época, y para sostener la copa, le colocaron abrazaderas de hierro en distintas ramas, causando heridas de consideración en la corteza: cuando se dieron cuenta del error, e intentaron remover esas "esposas", estaban tan embebidas en el cuerpo vegetal que resultó imposible sacarlas.

 

Más recientemente, un intento por revivir el suelo que rodea al árbol, mediante la incorporación de "chips" de madera, terminó provocando la proliferación de hongos de la especie armillaria, verdaderos asesinos de plantas.

 

Catedral.

 

Ver las fotos del Mayor Roble, con su tronco retorcido, y sus ramas que parecen abrazar al aire, no puede menos que recordar a Algarrobo Abuelo de Merlo, San Luis, otro árbol longevo al que el poeta Antonio Esteban Agüero inmortalizara en su obra, bautizándolo como "Catedral de los pájaros". Que a nadie se le ocurra vincular a este algarrobo con Bairoletto o algún otro bandido rural, si no quieren que el turismo -ya bastante presente en la zona- termine por mandarlo a mejor vida.

 

Estos últimos sobrevivientes milenarios no pueden menos que provocar un respetuoso temor, o un respeto temeroso. No tanto por los hechos históricos que supuestamente han presenciado: ¿alguien cree que al Mayor Roble le importó la suerte de las seis esposas de Enrique VIII de Inglaterra?

 

Lo que nos estremece es esa cualidad mística del bosque, que nos viene de Europa y toda la narrativa infantil que nos advierte de sus peligros. Ese era el lugar de los druidas y sus prácticas poco confiables. El lugar de las brujas, esas proto-feministas medievales. El lugar donde Hansel y Gretel casi sirven de almuerzo para una de estas viejas malvadas, ordalía de la que emergen con un relato, el de la mayor aventura de sus vidas.

 

No hay duda de que los árboles y los bosques que los reúnen tienen mucho para enseñarnos. No hay duda tampoco de que no hemos aprendido nada. El camino que intentamos reconstruir, sembrando mendrugos de pan, ha vuelto a desaparecer tras nuestros pasos.

 

PETRONIO

 

'
'