Viernes 27 de mayo 2022

Pañuelos verdes en Washington

Redacción 05/05/2022 - 01.02.hs

El fortalecimiento del bloque reaccionario en la Corte Suprema de EEUU, mediante el ingreso de los tres jueces que designó Donald Trump, fructifica ahora con una resolución contra el aborto que promete fuertes tormentas políticas en la sociedad norteamericana.

 

JOSE ALBARRACIN

 

No bien se conoció -a través de la revelación realizada por la revista Político- el texto del voto mayoritario de la Corte Suprema de los Estados Unidos, derogando la vigencia del aborto legal en aquel país, las calles de la capital Washington DC se poblaron de manifestantes protestando por el retroceso. Muchas de ellas, exhibían pañuelos verdes, incluso con la inscripción "aborto legal" en castellano, como los que se vieron en Argentina en las dos ocasiones en que el Congreso trató -y finalmente aprobó- la interrupción voluntaria del embarazo (IVE). Y es que, mientras en el resto del mundo -y para sorpresa de muchos, también en Latinoamérica- se avanza en la consolidación de la autonomía personal de las mujeres, en el país del Norte se experimenta un retroceso digno de las distopías más febriles.

 

Político.

 

El sólo hecho de que un voto mayoritario de la Corte se haya filtrado antes de ser firmado y anunciado formalmente, habla a las claras del caos que hoy reina en este cuerpo colegiado, desde que la mayoría republicana en el Senado permitiera que un irreponsable como Donald Trump eligiera a tres jueces de la derecha radical, de dudosas condiciones jurídicas y personales.

 

Se esperaba que estos tres mosqueteros ultramontanos inclinaran la Corte hacia la derogación del precedente Roe vs. Wade (1973), pero no que el fallo que lo dispusiera fuera tan revulsivo y terminante. De hecho, hay comentaristas muy conservadores como Bret Stephens, que se quejan de que en este caso los jueces no hayan optado por la prudencia y el conservadurismo, sino que hayan tomado una medida radical, que no hará más que exacerbar la guerra cultural ya vigente en EEUU.

 

Lo que aparentemente se decidirá -la Corte reconoció la autenticidad del texto filtrado por Político, pero aclaró que no era la versión final- es que la cuestión del aborto debería ser resuelta por el Poder Legislativo, esto es, por los representantes directos del pueblo. Es una crítica que siempre se hizo de aquel fallo de 1973, aunque, claro está, no es el único caso en que ese tribunal hizo avanzar el derecho sin esperar a decisiones parlamentarias: también ocurrió en el caso del matrimonio inter racial, la integración racial en las escuelas, la protección contra el acoso laboral, el matrimonio igualitario y, ciertamente, también la libertad de expresión, que ahora con estos "jueces" corre el riesgo de perder la protección de "New York Times vs. Sullivan".

 

Alito.

 

Conviene recordar, de todos modos, que Roe vs. Wade fue un fallo ampliamente mayoritario, de siete votos contra dos, y que incluyó el favor de jueces nombrados por presidentes de ambos partidos. Muchos de los cuales, por cierto, ostentan un prestigio jurídico que varios de los actuales miembros de la Corte están muy lejos de exhibir.

 

Por eso llama la atención no ya el partidismo evidente del voto pergeñado por Samuel Alito Jr., sino directamente la soberbia con la que pretende descalificar a sus predecesores, afirmando que aquel fallo fue "atrozmente errado desde el principio, su razonamiento fue excepcionalmente débil, y sus consecuencias fueron dañosas".

 

Esto, dicho por el mismo juez que basa su "fuerte" razonamiento en que la prohibición del aborto no es inconstitucional por cuanto la Constitución no se refiere expresamente al aborto. Una sandez semejante -aparentemente producto de su adscripción a la interpretación "literal" del texto constitucional- impediría a los tribunales verificar la constitucionalidad de virtualmente cualquier cuestión contemporánea que no haya sido prevista dos siglos atrás, como la inseminación artificial, los transplantes de órganos, la eutanasia, etc.

 

Alito se contradice, por otra parte. Por un lado dice que el fallo de 1973 interrumpió un proceso legislativo por el cual se venían liberalizando las leyes anti aborto en los distintos estados. Pero por el otro reivindica sin tapujos "la incólume tradición de prohibir el aborto" que reinaba en los EEUU.

 

Terremoto.

 

La situación ha provocado, en apenas un par de días, un verdadero terremoto político cuyas consecuencias en las próximas elecciones están por verse. No hace falta ser clarividente para advertir que este hito judicial no es más que una confirmación de que la elección que le "ganó" Donald Trump (un misógino confeso) a Hillary Clinton, fue un retroceso masivo para las mujeres.

 

El presidente Joe Biden ha adelantado que, en respuesta al fallo, impulsará en el Congreso una ley que "codifique" y transforme en ley federal el derecho al aborto. Militantes de los distintos distritos se preparan para una batalla que dividirá a los estados "azules" (demócratas) y los "rojos" (republicanos) en cuanto a la protección de la privacidad y autodeterminación femenina.

 

Por supuesto, y como en todo el mundo, el nuevo estado de cosas no sólo las afectará selectivamente según el lugar de residencia, sino por sobre todas las cosas, castigará especialmente a las mujeres más vulnerables: las pobres, las niñas, las víctimas de violación.

 

Haciendo gala de un cinismo superlativo, los tres jueces nominados por Trump (Gorsuch, Kavanaugh y Coney Barrett) eludieron olímpicamente la cuestión del aborto en las audiencias de confirmación ante el Senado. Incluso insinuaron respetar la validez del precedente "Roe".

 

Ahora se cayeron las caretas, y la guerra está declarada. El campo de batalla, una vez más, será el vientre de las mujeres.

 

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