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Un odio enfermizo

Redacción 01/08/2026 - 00.14.hs

El reciente episodio protagonizado por el presidente Milei --que volvió a cubrir de vergüenza a todos los argentinos de bien al concretar un monumental papelón internacional en Brasil— reconoce algún lejano pero significativo antecedente. Más allá de una megalomanía que se parece mucho a la enajenación, hay que tener presente que el mandatario siempre dio muestras de un odio enfermizo para con las izquierdas en general, en tanto que mostró su afecto y subordinación para con las derechas, incluso las que se identifican claramente con el fascismo.

 

Recuérdese que apenas había asumido Milei la presidencia, Lula Da Silva envió a Milei un mensaje por el que lo invitaba a integrar la Argentina al Brics, acrónimo de una pujante entidad que por entonces integraban Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, con una clara postura de tercera posición enfrentando a la política de Donald Trump, que ya había iniciado sus disparates geopolíticos, los que, como era de esperar, se manifestaban en sangre de inocentes. La invitación de Lula era diplomáticamente clara y sugerente y concretaría la presencia en el organismo de los dos países más grandes del subcontinente sudamericano con intereses comunes y coincidentes en una integración preventiva –entre otras cosas— del “gran garrote" que el norteamericano estaba poniendo en marcha.

 

La despectiva, desdeñosa y hasta se diría que intención humillante que tuvo la respuesta de Milei asombró al mundo diplomático y sirvió de clara advertencia sobre hacia dónde se orientaban los intereses del gobernante.

 

Tras aquel episodio, que pasó casi desapercibido en el maremágnum de medidas disparatadas y agravios internacionales para con algunos países (aunque después tuviera que mendigarles, como fue el caso de China), la megalomanía de Milei trasladada al campo internacional pasmó al mundo mientras que su acción iba enajenando a la mayoría de los ciudadanos de su propio país, embarcados en la gran mentira que resultó ser su gobierno, orientado según planes económicos obsoletos y abiertamente despreciativos de los reclamos mayoritarios, y aún de la estructura constitucional del país.

 

Sin embargo, las actuaciones del Presidente en Brasil durante la semana pasada superaron cualquier límite y especulación sobre la conducta del mandatario, por disparatada que ella fuera. Porque viajar a un país amigo, despreciando cualquier protocolo y en pro del apoyo a la campaña de un político de ultraderecha y abiertamente antidemocrático es asombroso, más todavía si se le agregan las groseras acusaciones contra el Presidente de ese país y el abierto insulto a la más alta autoridad judicial. Todo, complementado con una grotesca actuación pública de cantos, bailes y gestos payasescos que evidenciaron sorpresa hasta en el --presunto— beneficiario de la visita. De regreso a la Argentina, Milei refrendó lo hecho y dicho.

 

Superada la vergüenza del episodio –que nos convirtió una vez más en el hazmerreir del mundo—arrecia el pensamiento de la falsedad de aquella máxima acerca de que “el pueblo nunca se equivoca”, porque está a la vista que el pueblo argentino se equivocó varias veces y, por lo que se ve, se sigue equivocando al prestar algún apoyo a un gobierno que produce un desatino tras otro, con un ya inocultable propósito: aumentar los privilegios de una clase, gobernar basándose en la falacia y la corrupción y vaciar de realidad aquello que aspiraba a ser un gran país, dejando solamente una estructura vacía, cuya entidad difícilmente volverá a ser lo que fue, si se mantienen las medidas –léase leyes y decretos— generadas con avales de un Parlamento insustancial y una justicia también corrupta.

 

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