¡A bailar!

Si hay algo que al grupo K-liente no le afecta son los prejuicios musicales. Llegados desde el jazz, el trash metal o la Banda Sinfónica apostaron por la cumbia y el cuarteto y hacen bailar a todo el mundo.
Rolinga, cumbiero, punkie, metalero, electrónico, rapero, reggaetonero. La música ocupa un lugar preponderante en gran parte de la cultura adolescente y, al mismo tiempo, suele ser terreno fértil para la aparición de etiquetas de identificación. "Si sos esto no sos lo otro", parece ser la premisa en un universo en el que cuesta romper barreras y abrir las puertas a la diversidad y "a lo distinto" del gusto de cada uno.
"Para nosotros está bueno desmitificar esa idea de que si venís de determinado palo no podés hacer tal cosa. Aunque conocemos desde hace años todos los temas que tocamos, la mayoría de nosotros no tiene un solo disco de cuarteto en su casa, pero nos gusta reivindicar el género desde otro lado, con nuestra onda y con la mayor seriedad posible", aseguró Martín Burgués, guitarrista y cantante de una banda que nació el año pasado en una mesa de bar y que hoy, cuando anuncian una fecha, dejan gente afuera.
Rodrigo, Walter Olmos, Gilda, Banda XXI, La Konga, Jean Carlos, Alcides, Ráfaga, Tambó Tambó, La Mona Jiménez, Sebastián, Los Auténticos Decadentes, Antonio Ríos son algunos de los nombres que aparecen en el repertorio de K-liente. Canciones irrompibles que hacen bailar a quinceañeras y también a cincuentones. Que hacen corear a todos, estribillos que trascienden épocas y clases sociales. Que transmiten energía y ganas de pasarla bien.
"Hace mucho que no hay baile con una banda en vivo, hay que volver a eso. Hoy en día todo es un dee-jay, pero no es lo mismo ver a los músicos tocando en vivo, te da otra energía y eso se nota muchísimo con la onda que transmite la gente", resaltó Willians Vlek, el bajista que nació escuchando trash metal y tiene un perfil absolutamente rockero pero disfruta haciendo los coros de Violeta, Como olvidarla o Fue lo mejor del amor.
Guillermo Schiavi es el saxofonista del grupo. Compone para la Banda Sinfónica y se vincula al jazz y a otros estilos muy diferentes a la cumbia. El baterista Marcos D’Atri también tiene un perfil "de otro palo", pero a la hora de ensayar un tema de Cristian Castro paran las veces que sea necesario hasta encontrar la melodía justa.
"Nosotros lo tomamos con el mayor profesionalismo, la pasamos bien, nos divertimos pero eso no quiere decir que sea fácil. Tiene sus complejidades como otros géneros y hay que laburar, no queda otra. Y si vos sos un improvisado la gente enseguida se da cuenta", afirmó Marcos.
"Estábamos acostumbrados a tocar 10 o 15 temas como mucho; acá metemos unas 35 o 40 canciones y es todo bien arriba todo el tiempo, no podés parar y vas enganchando canciones porque la gente lo que quiere es bailar, así que te demanda un gran esfuerzo. Estás al palo y no parás", añadió Martín.
Angela Di Nardo (piano y coros), Matilde Ruggero (güira y coros), Martín Corredera (acordeón), Fernando Ortiz (teclado), Gonzalo Blanco (congas) y Junior Miranda (timbaletas y bongó) completan el grupo que afrontará su gran desafío: convocar a más de 500 personas en el gimnasio de El Fortín.
El viernes 13 de junio K-liente dará su show más importante, una apuesta que da cuenta del crecimiento y las ambiciones de la banda. "Para nosotros es pensar en grande, trabajamos como una cooperativa, tenemos los roles bien definidos y cada uno aporta desde su lugar y así funcionamos. Es como una pequeña empresa porque queremos vivir de esto, buscamos sonar superprofesionales y crecer todo el tiempo. Esa es la gran apuesta", señaló Guillermo.
"Si bien nos divierte y nos gusta mucho lo que hacemos también queremos ir para adelante y que sea nuestro sustento. Por suerte la gente responde bárbaro y eso te alienta a seguir", agregó Willy.
Parte de ese crecimiento se plasmó en Criminal, el primer tema propio que ya fue estrenado en vivo y tuvo una gran recepción del público. "Está bueno porque tiene un sello propio, si bien es un tema cuartetero tiene un costado rockero, tipo Kapanga. Queremos hacer composiciones propias y tener un sonido que nos identifique", dijo Martín.
¿Hay cierto recelo en otros músicos cuando ven lo que ustedes hacen?
"La verdad que no, o al menos no nos enteramos (risas). Los colegas ven el laburo y se dan cuenta de que es igual de complicado de tocar que otros estilos. La mayoría lo acepta, de hecho muchos músicos nos van a ver y los ves bailando abajo del escenario, gente que es muy del rock pero que se prende con la propuesta". (Marcos).
"Por ahí al principio hay gente que te dice: ‘¿Qué estás haciendo, cómo vas a tocar cuarteto?’, pero después ven que le damos nuestra propia onda a un género que ya tiene 70 años y que se ganó el respeto en todos los ámbitos". (Guillermo).
Pasarla bien, divertirse y escuchar buenos músicos. La ecuación es sencilla y la fórmula, irresistible. Solo hay que abrir un poco la mente porque, en definitiva y como dice el clásico de Sebastián, lo importante es "que no se pare de bailar, que no se pare".