Lucas Wals, elegido para una beca de dos años en Corea del Sur

Lucas Wals sacó un 10 en su tesis y fue elegido para una beca de dos años en una universidad de Corea del Sur. Entre el picante en las comidas y el smog se adapta a una cultura diferente “pero maravillosa”.
La frase, tan clásica como ineludible para cualquier argentino que traspasa las fronteras, aparece enseguida: “Lo que más extraño es un buen asadito”. Lucas ya termina una jornada en la Universidad Sogang y el apetito llama a la puerta de su habitación en la residencia donde convive con un coreano.
Instalado desde hace más de un mes en Corea del Sur, Lucas Wals Ochoa (25 años) cuenta a través de Facebook su adaptación a una nueva vida: la que tendrá al menos por dos años, el tiempo que dura la beca que consiguió gracias a un rendimiento académico de excelencia en la Facultad de Ingeniería de General Pico, en donde se recibió el año pasado de Ingeniero en Sistemas.
“Seúl me parece una ciudad maravillosa. A pesar de que el smog no te deja ver con claridad el cielo. Me fascina el contraste que hay entre las estructuras tradicionales y los grandes edificios modernos. También cómo contrasta la construcción del hombre con el río y las montañas de fondo, hacen unos paisajes muy lindos”, describe Lucas, a casi 20 mil kilómetros de distancia de su casa en Santa Rosa, donde viven sus padres.
Lucas se recibió en junio de 2016 y en ese momento ratificó lo que venía planeando desde hace tiempo: darle “un vuelco” a su vida. Un docente de la Facultad, Abel Crespo, apareció en el momento justo y le sugirió inscribirse a “Bec.ar”. La carrera la terminó con un promedio de 7.68 puntos y presentó una tesis sobre telefonía VoIP (telefonía a través de Internet, que incluye el desarrollo de una central telefónica). Sacó un 10 y en diciembre lo confirmaron entre los cinco elegidos de la Argentina para tener la beca.
“Antes de viajar, yo todavía pensaba si unirme a algún laboratorio de diseño de software o de seguridad. El master es en ‘Computer Science and Engineering’, pero mediante la elección de los cursos a realizar y al laboratorio al que te unís vas rumbeando el posgrado hacia el lado que querés. Cuando llegué, a diferencia de otro de los chicos que consiguió la beca, yo no tenía asignado ningún tutor, por lo que el primer día todos (incluidos los otros dos chicos que viajaron conmigo) tuvimos una reunión con gente de la Escuela de Ingeniería”, explicó.
Esa charla fue clave por un detalle que hoy Lucas recuerda con una sonrisa. “Tuve un mano a mano con un profesor que me recomendó entrar al laboratorio de procesamiento de imágenes. Cuando me dio las razones, lo tuve muy en cuenta, y de paso aproveché a preguntarle por las actividades de los demás laboratorios. Esa charla fue muy interesante, el profesor fue muy abierto conmigo, incluso me dijo cosas que yo no esperaba escuchar de un coreano, por ejemplo, que no me una al laboratorio de uno de los profesores porque era ‘viejo’. En el fondo me reí, me pareció una respuesta muy argentina”.
Para el joven ingeniero pampeano -que durante dos años trabajó en la empresa Aguas del Colorado- “es una anécdota muy interesante del primer día, cómo cambié de rumbo en lo que tenía pensado hacer gracias a la recomendación de ese profesor”.
En el laboratorio Lucas trabaja junto a coreanos y pakistaníes (“todos muy buena onda, me tratan súper bien y me ayudan”). Formado en la Escuela 218 y en el IPEM, ambos de Santa Rosa, sus jornadas hoy en el país asiático también incluyen un curso intensivo para aprender a hablar en coreano.
“El curso está enfocado a aprender a hablar. Es muy entretenido y es bastante intensivo”, detalla Lucas mientras se adapta a otra necesidad básica en cualquier lugar del planeta: “La cocina coreana me gusta mucho. Me encanta porque en la cocina tradicional tenés un poco de todo, y cada uno en su correspondiente platito. Lo único malo es que hay algunos platos que, para alguien como yo que no está acostumbrado, le parece bastante picante. Igual luego de un tiempo, de ir probando de a poco y de conocer algunos ‘trucos’, uno se va a acostumbrando”.
¿Qué otras diferencias culturales encontraste?
“Es complicado marcar algo como la ‘principal’ diferencia porque me he encontrado varias y en diferentes ámbitos, como por ejemplo a la hora de comer (ya sea almuerzo o cena) no existe la sobremesa, eso de quedarte charlando. Acá se termina de comer y se van a seguir haciendo sus cosas. Otra cosa es el respeto por las personas mayores a uno, si la diferencia generacional es grande, a veces siento que hay una barrera que impide una relación como la que podrías tener en Argentina”.
Lucas tiene que volver en dos años al país y reinsertarse laboralmente. La Universidad Sogang tiene convenios con gigantes de la industria coreana que juegan en la “Liga de Campeones” de los países centrales como los casos de Samsung y LG (artículos electrónicos), y la automotriz Hyundai. Pero para volver al pago todavía falta mucho, así que la añoranza más complicada, “la de comer carne pampeana, un buen asadito de fin de semana”, tendrá que esperar. Aunque cuando vuelva, a la costilla y a la entraña quizá le agregue un poco de picante made in Corea.