Un atleta, una mochila y un desafío: la “TransPyrenea”

Una mochila. Esa será su única compañía. Le espera una caminata de 895 kilómetros por el cordón de Los Pirineos. Unirá, en un lapso de unas 400 horas, el mar Mediterráneo con el océano Atlántico. Serán poco más de dieciséis días de un esfuerzo físico y mental único. Llevará en sus espaldas unos diez kilogramos de alimentos, bebida y otros elementos necesarios para subsistir cuando esté alejado de los únicos cuatro puestos de abastecimiento o vivac. Esa mochila será su vida.

El atleta.
A José Luis Carluche le apasionan los desafíos extremos y ha corrido ultramaratones en diferentes lugares del mundo. En su haber cuenta las 24 horas de Puerto Madryn que ganó con un total de 173 kilómetros recorridos; las 24 horas de Brasil con 153 kilómetros indoor; como también los 100 kilómetros del Sahara, entre otros.
Ahora elevó la vara y será, en pocos días, el único atleta latinoamericano que participará de la “TransPyrenea”, la carrera Rando Race de autosuficiencia más larga del mundo.
El domingo dejará su Santa Rosa para ir en busca del nuevo objetivo. La primera escala será Buenos Aires, luego volará a Barcelona y el miércoles 13 llegará a la ciudad francesa de Argeles-sur-Mer. Allí, en la costa del Mediterráneo, esperará que llegue el mediodía del martes 19. Ese día, a las 12.30 y en la pequeña localidad de Le Perthus, en el límite entre Francia y España, comenzará la travesía.
Carluche, de 47 años, será uno de los 285 corredores de 38 países que estarán en el punto de partida. En ese momento comenzará a valorar en carne propia los meses de preparación; las más de tres horas diarias de caminata (o trote) -complementadas con interminables tardes de gimnasio-; los viajes a Tilcara o al cerro Champaquí como parte de la preparación; en fin, la dedicación casi exclusiva a su sueño.

El desafío.
La “TransPyrenea” se correrá por primera vez este año, con el objetivo de establecerse en el calendario del atletismo mundial extremo. Será una carrera de autosuficiencia de 895 kilómetros, por el cordón de Los Pirineos, que unirá las ciudades francesas de Le Perthus (en el departamento de Pirineos Orientales), a orillas del Mediterráneo, y Hendaye (Pirineos Atlánticos), en la frontera con el País Vasco.
Los atletas dispondrán de un total de 400 horas (dieciséis días y medio) para completar la travesía, que aunque no tendrá etapas definidas, sí contará con “puertas” que se irán cerrando para aquellos que no lleguen y que, por lo tanto, irán quedando fuera de carrera. Una puerta, la primera, se cerrará a los 165 kilómetros cuando hayan pasado 85 horas.
El recorrido se hará por el llamado camino GR10, que cuenta con picos de más de 3.100 metros sobre el nivel del mar, y en el que los corredores deberán soportar una variación térmica que irá desde los 30º de la base a los 2º de los cerros. Cruzarán zonas desérticas y bosques; tramos con algo de nieve y otros, la mayoría, sobre granito; en un camino marcado con pequeñas banderitas rojas y blancas, que servirán como guía adicional a la hoja de ruta que otorgará la organización.
Se encontrarán con animales de la región (les pidieron tener un cuidado especial por la posibilidad de que aparezcan osos o perros de los que cuidan las ovejas), con arroyos y aguas contaminadas que deberán potabilizar para poder beber, y con un clima que para esa fecha se pronostica como lluvioso. Combo completo.

La mochila.
“Muchos atletas, los mejores y los que se dedican a esto porque son profesionales, cuentan con apoyo logístico y tienen gente que los va a seguir y los irá esperando donde la organización se los permita, con la comida lista y un lugar para descansar. Yo voy solo”, resume Carluche, ex funcionario público y que llevará el número 21.
“A lo largo de los casi 900 kilómetros habrá solamente cuatro puestos (vivac), en los que podremos cargar algunas frutas o cambiarnos la ropa. Pero en realidad es una carrera de autosuficiencia, y en el caso mío, que voy solo, mucho más”, agregó el pampeano, que tiene pensado hacer un promedio de 53 kilómetros por día, con 16 ó 17 horas de marcha en cada jornada, como para que quede algo de tiempo para descansar donde el agotamiento lo encuentre.
“Todo que necesito lo tengo que llevar en una mochila; la comida, el agua y un montón de cosas más que harán falta en diferentes momentos”, explica Carluche. Y da con el elemento clave: la mochila.
Ese equipaje, que pesará unos diez kilogramos, contendrá desde los tres litros de agua y las seis mil calorías en alimentos (comida liofilizada) que obliga la organización; hasta una pequeña marmita, una brújula, la bolsa de dormir o las 16 pilas AAA que Carluche cree que le serán necesarias.
También cargará dos linternas frontales, la luz química para la noche, un GPS, el road book, un botiquín, elementos de higiene, un pantalón impermeable, una campera de tela especial para la montaña, dos calzas, tres remeras, dos pares de zapatillas, una capa para la lluvia y hasta dos bastones de trekking.
Será esa mochila, en definitiva, un elemento vital. Una especie de ‘Wilson’ (por la famosa pelota de la película Náufrago); un objeto inanimado que cobrará vida ante cada necesidad del atleta. La única “amiga y confidente”, con quien José Luis compartirá cada momento durante más de dieciséis días, soñando con llegar juntos a la meta.

Reclamo por el Atuel
Carluche tuvo que hacer una importante inversión económica (casi cien mil pesos) para poder estar en la “TransPyrenea”, y es por ello que a cada momento agradece a sus auspiciantes, a la Secretaría de Deportes de Nación, a sus médicos y kinesiólogos, y especialmente a su familia. Y también a la Cámara de Diputados, que declaró a su travesía de interés legislativo. A cambio, llevará a Los Pirineos el reclamo de toda una provincia: “El Atuel también es pampeano”.

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