El fantasma de la guerra civil retorna al Líbano

El ejército libanés, tradicionalmente responsable de mantener el orden, tomó posiciones en todo el país, en especial en Beirut y en la entrada norte de Trípoli, donde los combates librados en la jornada de ayer causaron un muerto y cinco heridos. Violentos combates se sucedieron entre partidarios del gobierno y militantes de la oposición en varias zonas de mayoría drusa en el sudeste de Beirut. En la capital, los grupos armados chiitas de la oposición habían desaparecido de la zona oeste, tras haber tomado su control el viernes y haberlo cedido a los militares.

Tensión.
En Trípoli, una mujer murió y varias personas resultaron heridas en combates y siete mil personas habían huido cuando empezó la violencia con ametralladoras y lanzacohetes. El saldo de los cinco días de combates fue de 42 muertos y 164 heridos. Los combates enfrentaron a partidarios sunitas de la mayoría gubernamental de Beirut con alauitas, una rama disidente de los chiitas pero leal al movimiento Hezbolá apoyado por Siria e Irán.
Sin embargo, el sábado, la oposición rebelde dio una señal de conciliación al empezar a retirar a sus militantes de los barrios del oeste de Beirut que habían tomado el viernes, respondiendo así al llamamiento del ejército, en cuyas manos dejó el gobierno el restablecimiento de “la paz civil” en Líbano. Aun así, Hezbolá advirtió que continuaría con su movimiento de “desobediencia civil”
La tensión seguía presente en todo el país, como lo demuestran los combates de ayer y el mantenimiento de las barricadas, sobre todo las que bloquean la carretera de acceso al aeropuerto internacional de Beirut, al sur de la capital, que continúa cerrado.

Mensaje
Por su parte, el primer ministro, Fuad Siniora, dirigió el sábado un mensaje al país en el que pidió al “ejército imponer la seguridad y retirar a los hombres armados de las calles inmediatamente”. En un intento de lograr calmar la situación, el ejército anunció la suspensión de las recientes decisiones gubernamentales contra Hezbolá, y decidió reintegrar en su puesto al jefe de la seguridad del aeropuerto, Wafic Chukair, a quien el gobierno había destituido acusándolo de ser un hombre cercano a las milicias insurgentes. Asimismo, afirmó que “estudiará” la red de telecomunicaciones de Hezbolá que el gobierno quería investigar, lo que fue calificado por los chiitas como “declaración de guerra” y provocó los sangrientos enfrentamientos.
Al mismo tiempo, los ministros de Relaciones Exteriores de la Liga Árabe se reunieron en El Cairo a la petición de dos países de gran influencia, Arabia Saudita y Egipto, aliados del gobierno libanés, donde hicieron un “llamamiento urgente al fin inmediato de la violencia” en Líbano. (AFP-NA)