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Apagones y papelones

LA SEMANA PAMPEANA

I – Una semana después del más grave apagón que sufrió la Argentina, los medios que manejan la agenda nacional sacaron el tema de sus titulares. Ya no parece merecer su atención esa increíble falla del sistema interconectado nacional que nos llevó a los titulares de la prensa mundial para ponernos, ahora sí, a la altura de Venezuela. Como siguiendo una orden del gobierno nacional, al que no le conviene que el tema se menee ni se investigue, los diarios, radios, canales y sitios web filo-macristas dejaron de hablar del tema. Produjeron así otro apagón, tanto o más grave que el primero, pues priva a los ciudadanos de su derecho a la información.

II – No es novedoso el método. Es que el apagón eléctrico y su correlato, el apagón mediático sobre el tema, sigue el modelo de ocultamiento y distorsión de la realidad que ha hecho posible a este gobierno subsistir pese al brutal ajuste que aplica sobre la población. En la semana se supo que la merma en el consumo de lácteos es del 12 por ciento en el año. Se trata de un abismo de sub-consumo pues el año pasado el consumo de leche había caído a niveles históricos, lo mismo que la carne que por primera vez desde que se mide registró menos de 50 kilos por persona por año. También trascendió que el PBI, esto es, la riqueza que produce el país, cayó casi 6% y no fue peor porque los indicadores agropecuarios fueron positivos y frenaron algo ese derrumbe.

III – Estos indicadores, sólo de esta semana, confluyen asimismo en un tercer apagón que sufre la Argentina desde la llegada de Mauricio Macri al poder: el apagón del empleo, que se midió en la semana con dos dígitos y fue el más alto en 13 años: 10,1%. Los tres apagones: el eléctrico, el mediático y el de la actividad, son en realidad tres patas de una misma mesa en la que hoy se juega el futuro. En esa mesa se sientan hoy los poderosos con el gobierno a negociar el papel que a cada sector le cabrá en la Argentina que están diseñando y que apuesta a la reprimarización de la economía nacional. Esto es, retroceder la historia para retomar el camino que, se les oye decir, la Argentina perdió cuando decidió el modelo de industrialización. El macrismo es un nuevo intento de hacer de la Argentina un proveedor dócil y obediente de materias primas para un mundo que no tolera independencia económica ni soberanía política. Un país donde la extracción de riqueza minera, petrolera, y del campo y su exportación bruta sea su lugar en el mundo aunque para hacerlo deje afuera a la mitad de la población sumergida como mano de obra disponible y barata para que los dueños del país hagan sus negocios.

IV – Esta puesta en disponibilidad de un enorme ejército de desocupados que dispute unos pocos puestos precarizados, mal pagos y sin protección sindical tiene un obstáculo: la tradición sindical argentina. Su neutralización o lisa eliminación es condición necesaria para el triunfo del modelo macrista en el país. El presidente es tan obvio en su intento que no dudó en dar el más vergonzoso espectáculo de utilización electoral que se recuerde en un Día de la Bandera. Ese día el presidente en vez de recordar a Manuel Belgrano al pie del monumento a la Bandera de Rosario en las barrancas del Paraná donde creó nuestra enseña patria, se encerró en un galpón para hablarle a los niños de cuarto grado que iban a prometer la bandera y esperaban que el jefe de Estado se refiriera a ese acto de lealtad a la Patria. En cambio, lo que oyeron fue un mensaje que Macri envió a través de sus socios mediáticos y en nombre de la clase social apropiadora de recursos a la que pertenece, a los poderosos intereses que lo sostienen: atacó el derecho a la agremiación que está consagrado en la Constitución y en las leyes como si los gremios fueran los responsables de los problemas del país que su gobierno ha causado.

V – Fue un escándalo y un papelón. Así lo reflejó la prensa rosarina y los medios que a lo largo y ancho del país resisten esa forma perversa de usar a los medios para mentir y ocultar la realidad. Fue un escándalo y un papelón no solo porque profanó un acto con sus mentiras de campaña degradando la fecha patria y sumando más agravios a la historia argentina escrita con actos de heroísmo, valor y hondo sentido nacional y patriótico, como lo fue, arquetípicamente, la creación de la bandera como identidad argentina ante quienes intentaban dominarnos. A ese valor, a ese patriotismo se suponía debía rendir homenaje. (LVS)