Aquí abajo la cosa es distinta

Una queja vecinal por una presunta demora del municipio para asistir las necesidades alimenticias de un barrio derivó en la divulgación de un dato impactante: en Santa Rosa la comuna ha tenido que duplicar las viandas que entrega a familias en estado de vulnerabilidad en el transcurso de un año.
Solo algunas horas antes, el subsecretario de Trabajo se había quejado por el achique y las trabas burocráticas que impuso el gobierno nacional en el Programa de Recuperación Productiva (Repro) y expresaba que esa desatención podía afectar a la industria frigorífica. Sus expresiones iban a resultar proféticas: muy poco después se conocía la suspensión de tareas del Frigorífico de General Acha en donde trabajan nada menos que 120 personas.
Desde Buenos Aires, en tanto, llegaban noticias sombrías: según estadísticas oficiales, proporcionadas por el Indec, se profundiza la destrucción de puestos de trabajo y el cierre de empresas. Entre enero y septiembre se perdieron 127 mil empleos registrados y dejaron de funcionar más de cinco mil empresas. Si se considera que por cada puesto de trabajo “en blanco” se pierde el doble o el triple de los denominado “en negro” claramente se puede apreciar que las fuentes de empleo en el país están en terapia intensiva.
Este arduo panorama que no respeta fronteras ni jurisdicciones -como se puede apreciar con estas tres noticias que involucran a los planos municipal, provincial y nacional- habla de un fenómeno extremadamente preocupante: la degradación de las condiciones socioeconómicas de amplias capas de la población, básicamente las que viven -o sobreviven- con un salario o una jubilación.
Mientras los grandes diarios porteños y las pantallas televisivas entretienen con frivolidades o construcciones mediáticas de alto impacto -como la escandalosa manipulación del suicidio de Alberto Nisman para convertirlo en un homicidio y seguir fatigando con ataques al gobierno anterior- los sectores asalariados, jubilados y las Pymes están cada día peor. Estas tres informaciones que surgen casi simultáneamente en nuestro medio lo confirman.
Desde el gobierno las respuestas son desconcertantes. El Presidente de la Nación acaba de afirmar que se está “recuperando” el empleo, y su ministro de Trabajo se dijo sorprendido por las cifras del Indec y afirmó que él “tiene otros números”. Pero se detuvo en la mera afirmación y no se consideró obligado a dar a conocer esos números que, en su opinión, refutan al organismo responsable de las estadísticas oficiales.
Semejante liviandad y falta de rigor en estas declaraciones solo es posible porque el gobierno cuenta con el respaldo incondicional del entramado de medios de comunicación más grande que se haya visto en el país al servicio de un proyecto político. La comunión de intereses entre quienes ocupan hoy la Casa Rosada y la elite económica del país -a la que pertenecen las corporaciones mediáticas hegemónicas- hace posible este fenómeno sin precedentes en la historia política del país.
Pero “aquí abajo, cerca de las raíces”, como dice el poeta, la dura realidad es bien distinta y no sirven de consuelo los malabares discursivos.