Expectativas en el nuevo ciclo

Tras la pálida gestión del pasado gobierno provincial en lo concerniente a los castigados recursos hídricos pampeanos, la asunción de las nuevas autoridades ha renovado las expectativas. Es una dolorosa realidad el hecho de que en los últimos años no se registraron avances concretos y significativos para los intereses pampeanos. Antes bien, el paso del tiempo no hizo más que consolidar la política de hechos consumados que siempre practicó Mendoza. El inicio de un nuevo juicio ante la Corte Suprema de Justicia es la única acción que puede escapar a aquel diagnóstico, aunque fue realizado luego de una muy larga espera y ante una creciente movilización de la sociedad cada vez más consciente de asumir un rol activo frente a la pasividad de las autoridades.
Al nuevo gobernador se lo recuerda porque durante su anterior gestión desplegó una acción más decidida. Puede citarse como ejemplo aquel episodio del “Tapón de Alonso” para que la voz de La Pampa fuera escuchada en un entorno provincial indiferente a nuestras demandas.
Aunque el gobierno recién asume y falta mucho por verse en este nuevo período, hay que destacar que las pautas trasmitidas por declaraciones de la nueva autoridad de hídrica de la provincia, avalan los mínimos intereses pampeanos: “la única posibilidad de acuerdo con Mendoza está condicionada a que corra agua por el cauce” dijo el funcionario y añadió que “sólo se negocia con agua del Atuel”. La expresión implica un freno a las pretensiones mendocinas de negociar obras en el alto río Colorado por encima de lo acordado en la ley que rige el comité de cuenca de este río.
También es digna de destacar la decisión de dar participación a la comunidad para estimular la conciencia ciudadana como los anunciados viajes escolares a las zonas afectadas. Cabe recordar que la Fundación Chadileuvú, la organización más antigua y prestigiosa en materia de defensa del patrimonio hídrico, nunca fue recibida por el gobernador anterior a pesar de sus reiterados pedidos de audiencia.
Las líneas directrices en política hídrica que han trascendido a través de declaraciones y discursos, parecen coherentes con la época que le tocará vivir a La Pampa, en la que el recurso hídrico bien administrado será fundamental, especialmente en sus ciudades, donde actualmente se presentan severos inconvenientes. Hoy resulta imprescindible demostrar con obras antes que con palabras nuestra aspiración de desarrollo en el valle del Colorado; ése será el argumento más fuerte para oponer a la apetencia cuyana de mayores caudales. Fueron muchos -demasiados- los años de inmovilidad en la materia y de apostar de buena fe en negociaciones en las que siempre nos fue mal, como los propios hechos lo demuestran.
Es cierto que ahora, con un nuevo gobierno, la oportunidad es propicia para la búsqueda de un rumbo original y adecuado a las actuales exigencias y las maniobras que despliegan los estados arribeños . No es tarea fácil, desde luego, porque hay que lidiar con provincias “hermanas” que nunca se han portado como tales a la hora de atender las legítimas demandas de quienes vivimos aguas abajo de la más extensa cuenca del interior del país.