La crisis impone la confrontación

La crisis económica afecta no solo las relaciones económicas sino también las institucionales. El fuerte cruce entre el intendente santarroseño y el sindicato de los empleados municipales es producto de la tensión que provoca la escasez de recursos económicos en una ciudad, y una provincia, no tan habituada como otras a estas contingencias.
Bien podría decirse que La Pampa ha sido una jurisdicción en donde las crisis no han golpeado con igual fuerza que en otras latitudes. Es cierto que no atravesó inmune esos temporales aunque los pudo afrontar con menor costo. La razón no hay que buscarla en la pericia de sus gobernantes sino en la muy baja densidad poblacional. El nuestro es uno de los distritos con menos habitantes del país, lo cual no deja de ser un punto a favor en circunstancias difíciles. Una tradición antigua de cuentas públicas ordenadas -que se remonta a los tiempos iniciales de la provincia aunque se ha venido degradando en términos generales en las últimas décadas- ha contribuido a amortiguar los efectos negativos de las crisis recurrentes.
Ahora, con el costosísimo “sinceramiento” de la economía que impuso el macrismo al retomar el dogma neoliberal, empezó un ajuste que se descarga básicamente sobre los sectores más vulnerables de la economía: trabajadores, jubilados, pequeñas y medianas empresas y, consecuentemente, los Estados provinciales. Cae la recaudación impositiva y Nación paga en cómodas cuotas su deuda, como lo han señalado el gobernador y el ministro de Hacienda quienes, además, advirtieron que se resintió la capacidad de auxiliar a los municipios. Con el tesoro provincial exhausto, los intendentes saben que se terminó la época en que visitaban el Centro Cívico y regresaban con algo a sus pueblos. Algunos más, otros menos, según la pertenencia política y el humor del gobernador pero, en términos generales, la asistencia estaba garantizada.
Cuando las autoridades santarroseñas anunciaron que no podían afrontar el pago en término del medio aguinaldo, el sindicato de los municipales respondió con el anuncio de una huelga. Esa respuesta mereció una dura réplica del intendente y, en una intensificación de las hostilidades, el gremio redobló su apuesta.
El jefe comunal se siente hostigado y con razón pues, a las complicaciones económicas generales propias de este momento, se suma un problema no menor: la muy baja recaudación que heredó de la anterior gestión. Atenazado por ambas dificultades entiende que debe recibir apoyo de la Provincia -cuyas autoridades reconocieron que hay una “deuda” histórica con la capital- y así lo expresó. Pero desde el sindicato cuestionaron los términos usados por el intendente y persistieron en la medida de fuerza. Ni siquiera la levantaron cuando se le puso fecha al pago -el martes próximo- en coincidencia con el ingreso de los fondos por coparticipación.
Como se dijo líneas arriba, pareciera que la falta de experiencia en maniobrar en tiempos de crisis, termina fogoneando las confrontaciones y anulando las vías de entendimiento. Especialmente cuando las diferencias no son tan agudas como en este caso, ya que el pago tendrá lugar el 5 de julio.

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