Peligro en las calles santarroseñas

El accidente de la semana pasada ocurrido en nuestra ciudad y en el que murió un motociclista se sumó a la impresionante lista de tragedias automovilísticas en nuestro medio y justifica volver a meditar sobre un tema infinidad de veces señalado en esta columna: ¿proceden las autoridades en función de los riesgos y del saldo luctuoso que dejan?
La reflexión surge del hecho de que, a menos de 24 horas de ocurrido el accidente, en la misma área donde tuvo lugar -la avenida que circunvala la ciudad- las causas que lo provocaron continuaban vigentes como si nada hubiera pasado: automóviles que superan la velocidad que marca la ley en zonas urbanas y peatones urgidos en su cruce por una señalización inadecuada. La observación vale para los vehículos de todo tamaño, con el agravante de que los conductores de las motocicletas, al margen de las altas velocidades con que circulan, con harta frecuencia no llevan el casco reglamentario como sucedió en este último siniestro.
La tara de circular tan rápido en la zona urbanizada tiene, en parte, una explicación: los conductores procuran llegar a los semáforos con luz verde y, además, saben que en la avenida de circunvalación no hay controles ni sanciones para los infractores.
Lo difícil de entender es la inacción de las autoridades con respecto a un problema de tanta gravedad, situación que suele atribuirse -erróneamente- a una cuestión de competencias que alguna vez se mencionó entre la jurisdicción nacional y municipal. Los ejemplos abundan: en la rotonda cercana a la escuela 143, hace varios meses, un automovilista embistió y destruyó el cartel que señala la prioridad de circulación para quienes transitan por ese sector; en semejante lapso transcurrido una reparación tan sencilla como la reposición de un cartel sigue brillando por su ausencia, mostrando la desidia que campea en los responsables de velar por la seguridad en el tránsito.
La reciente imposición legal de circular por la ciudad con las luces bajas encendidas habla de alguna preocupación oficial, pero no ataca el punto central del problema constituido por la irresponsabilidad de tantos conductores y las excesivas velocidades a las que se desplazan. En nuestro país existen ciudades mucho más grandes que la capital pampeana y con mucho mayor densidad de tránsito, sin embargo no presentan estadísticas trágicas como las que aquí sufrimos. La principal razón es la tarea preventiva encarada por las autoridades a través de un efectivo control y castigo a los transgresores.
La avenida de circunvalación parece ser tierra de nadie, desde sus incómodos cruces hasta el antiestético muro de cemento que la divide y que multiplica los decibeles de los escapes para molestia del vecindario. Los frecuentes y graves accidentes que en ella ocurren confirman esta calificación. Pero además, cuando se inauguren las viviendas que se está concluyendo en los antiguos terrenos de la Colonia Penal se multiplicarán los riesgos en esa arteria por los vehículos que seguramente sumarán los vecinos que pasen a ocupar ese nuevo complejo urbano.

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