Hogares Don Bosco: una segunda oportunidad
Hace quince años nació un refugio donde llegan niños y adolescentes que tienen problemas familiares. Allí encuentran una nueva oportunidad de vida que les permite estudiar, alimentarse bien y aprender a ser buenas personas.
Tati (15) y Ricardo (17) llegaron a los Hogares Don Bosco cuando tenían uno y tres años respectivamente. Son hermanos y pasaron casi toda su vida aquí, seguidos de cerca por Mario y Susana, que los sientan en su mesa a comer, los llevan y los van a buscar a la escuela, los acompañan en las tareas escolares y los ayudan a ser felices.
Esta gran casa ubicada a pocas cuadras de la avenida Perón alberga hoy a 16 chicos que tienen entre 3 y 21 años. Además de Ricardo y Tati, están Joaquín, que no recuerda cuantos años tiene, Germán (6), que llegó hace unos pocos días junto a su hermano mayor, Tato (17), Alfredo (21), Leonardo (18), Sebastián (13) y alguno más que no se anima a hablar en la entrevista.
"Yo estoy acá desde hace cinco años. Cuando salí de la Escuela Hogar vine a vivir al Hogar. Ahora estoy haciendo 2º año de Polimodal", cuenta Leo. Y Tato agrega: "yo iba con Leo a la Escuela Hogar, y como me iba caminando a casa después de la escuela, Mario me empezó a llevar, después me invitaba a comer al Hogar y este año me vine a vivir acá".
Alfredo es uno de los más callados. Habla en voz baja y cuenta que vino de Salta hace dos años con un amigo, y que cuando lo conoció a Mario lo invitó a vivir al Hogar. "Vine para trabajar en la huerta, pero ahora trabajo en el Colegio Domingo Savio haciendo tareas de mantenimiento, mientras termino el Polimodal", cuenta.
Una gran familia
El día comienza muy temprano en los Hogares Don Bosco. A las seis se levantan los más madrugadores, que van a la escuela a la mañana. Los que van a la tarde se levantan a las 9, hacen la cama, se preparan el desa-yuno y comienzan a hacer las tareas de cada día.
"Algunos vamos a la huerta, donde cultivamos lechuga, acelga, cebolla. También tenemos conejos y gallinas", cuentan entre todos.
"Después almorzamos y nos turnamos en dos grupos para lavar, secar y guardar lo de la cocina", cuenta Leo.
Susana y Mario son un matrimonio que desde hace quince años lleva adelante esta gran obra para ayudar a los chicos que tienen problemas familiares. A la mañana es Susana quien lleva y trae a los chicos de la escuela, y a la tarde es Mario quien va y viene de Santa Rosa a Toay.
"Además de la escuela, cada uno tiene sus ocupaciones. Yo entreno rugby dos veces por semana y los fines de semana juego partidos", cuenta Ricardo.
Otros chicos van al gimnasio, a maestras de apoyo, participan de los talleres de artesanías y de cerámica que se dictan en los Hogares y reparten sus horas entre estudio, juegos y televisión.
Pero la convivencia no es fácil. Vienen con diferentes costumbres, tienen distintas edades y comparten muchas horas al día. "Los chiquitos a veces te cansan, porque hinchan todo el día y no les podés decir nada; los retás pero no hacen caso", dice Ricardo.
Mario conoce de cerca las 16 historias de vida de cada uno de los chicos. "La convivencia es normal. Siempre surge algún roce y hay celos entre los chicos porque son carenciados afectivamente. Uno tiene que estar con el ojo largo para satisfacer a todos. Si uno abraza a uno, tiene que abrazar a todos; si uno le da un beso a uno, tiene que darle un beso a todos; si uno mira la carpeta de uno, le tiene que mirar la carpeta a todos", cuenta el hombre.
Estudiar para crecer
Los chicos llegan a los Hogares Don Bosco derivados de la Defensoría de Familia y Menor, o por el pedido de sacerdotes, religiosas o intendentes que piden un lugar para algún chico que necesita un hogar. "En quince años han pasado más de 95 chicos. Los que ya egresaron han formado su propia familia y siempre vienen a visitarnos y se llevan a algunos chicos para compartir un día con sus hijos en su casa", dice Mario, mientras agradece toda la ayuda que reciben para poder alimentar y criar a tantos chicos. "La gente es muy solidaria y nos dona ropa y comida, también recibimos becas de Familia y Menor, nos ayuda la Municipalidad y el obispo colabora y nos visita siempre. Entre el Estado, la Iglesia y nosotros, podemos hacer frente a esta obra para salvar aunque sea a un solo chico. Con eso, ya estamos salvando a una generación", remarca Mario, mientras asegura que "los chicos son muy agradecidos".
"Estando acá puedo terminar el estudio, conseguir un trabajo y ayudar a mi familia -dice Leo-. A mí me gustaría ser dibujante o profesor de dibujo. Me gusta mucho dibujar y Mario siempre me consigue materiales para que pueda pintar en témpera, acuarela o con lápices".
Ricardo también coincide en que "la mayoría estamos acá para poder llevar adelante la familia. Si algo no anda bien, estás acá y te esforzás en el estudio para sacar tu familia adelante".
"A mí me gustaría estar más tiempo con mi familia, pero tengo que comprender que estoy acá para terminar los estudios y ayudarlos a ellos", dice Tati. Y Tato agrega: "yo valoro mucho estar acá, estoy bien, puedo vestirme bien y terminar los estudios, algo que no podría hacer estando con mi familia. Y después que termine, me gustaría anotarme de voluntario en el Ejército".
Creer que se puede
No son fáciles los días de estos chicos. Vienen de historias tristes, extrañan a los suyos y es difícil sobreponerse a estar lejos de la familia. Pero más allá de la tristeza, hay una cuota de esperanza en ellos. Hay un deseo de salir adelante, de progresar y tomar revancha del destino difícil que les tocó.
"Yo voy una vez al mes a mi casa -dice Leo-. El resto del tiempo estoy acá, estudio, dibujo y toco la guitarra en la misa."
Alfredo dice que está muy bien en el hogar y que su vida cambió mucho desde que vino de Salta. Ahora trabaja, tiene un techo y sueña con ser agrónomo porque le gusta trabajar en el campo.
Mario destaca que "cuando les damos ropa, un juguete o algunos útiles escolares, los chicos agradecen mucho. Y también queremos que ellos mismos aprendan a hacer cosas que les puedan servir como un microemprendimiento para empezar a trabajar. En febrero envasamos duraznos y tomates que sacamos de la huerta, también preparamos prepizzas y queremos elaborar alfajores. El objetivo es formar buenas personas. Y creo que entre todos lo conseguimos".
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