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"Nos acompaña y nos da vida”

Redaccion Avances 21/08/2026 - 08.40.hs

En el predio del Hogar de Ancianos de Santa Rosa, las mañanas arrancan temprano entre mates y conversaciones. Y en el marco del 93º aniversario de LA ARENA, un grupo de residentes comparte cómo se organiza para leer el diario en papel, un hábito que mantienen firme todos los días para saber qué pasa en la provincia y en el país.

Susana Maccagno, Ernesto Kohler, Leopoldo Seltenreyg, Hugo Dadan, Pedro Astolfo y Héctor Ingelhorn llevan consigo historias marcadas por el trabajo en el campo, el comercio, la construcción y la salud. Desde la producción frutícola en el río Colorado hasta las rutas pampeanas, les recuerda una época donde el esfuerzo marcaba el ritmo de la vida. Sus testimonios no solo rinden homenaje a la trayectoria del diario sino que rescatan una forma de habitar el tiempo donde la palabra escrita mantiene intacto su valor.

Las memorias afloran con fluidez a medida que los ejemplares pasan de mano en mano. "Nosotros éramos cuatro hermanos. Trabajábamos en la chacra acá y allá, teníamos camiones y veníamos a vender la fruta a estos pueblos. Después nos radicamos directamente acá para venderla", recuerda uno de los residentes al hablar de sus comienzos en la producción. Esa impronta emprendedora, caracterizada por "defender la producción y sacarle el mejor provecho", define la actitud con la que enfrentaron las crisis del país a lo largo de los años.

Ese mismo espíritu se replica en Pedro, otro abuelo que relató sus vivencias vinculadas al rubro de la construcción, o las de Hugo relacionadas al comercio en semillerías, o al trabajo administrativo en la salud pública de Susana, quien ejerció durante casi dos décadas como secretaria médica y sintetizó el valor pedagógico del hábito informativo: "Del 1 al 10, mantenerse informado es fundamental. Para poder votar, entender la realidad de lo que pasa. Tenés que estar informado, por lo menos leer el diario. Así sabés dónde estás parado". 

Y agregó: “En este tiempo en que grandes y chicos viven pegados al celular, sabemos lo que es poder tener tiempo para sentarnos a leer el diario”.

Si bien reconocen los avances tecnológicos, notan la falta de concentración y el cambio de hábitos en las nuevas generaciones. Para los adultos mayores del Asilo, el diario impreso representa un hábito necesario que ejercita la mente, preserva la memoria y propicia el intercambio de opiniones cotidianas.

 

Un ritual matutino. 

La llegada de los ejemplares organiza las primeras horas de la mañana. Existe una dinámica espontánea y rigurosa en el reparto de la lectura. "A las seis llega el diario. Ya le doy una pasada, tomo mi mate, hago bicicleta fija y después lo traigo y lo dejo en la mesa para que mis compañeros lo puedan utilizar", relata Pedro. 

Entre bromas sobre quién se levanta primero para conseguir el diario y gestos de cordialidad para acercárselo a las compañeras, el diario funciona como un protagonista en las conversaciones y de la propia convivencia. Una de las abuelas señala que hay travesuras y “hay quienes esconden el diario en su regazo, para leerlo primero”.

En cuanto a las preferencias temáticas, algunos buscan las páginas de economía para informarse sobre las transformaciones del país y el impacto mundial; otros prefieren las noticias provinciales, la sección de clasificados de automóviles o los pasatiempos. “Hacemos los crucigramas y sopas de letras para entretenernos”. Otros optan por las opiniones editoriales. “Nos gusta leer sobre lo que pasa en la ciudad, las novedades locales sobre todo son las principales que nos llevan el debate en la sobremesa”, dicen entre risas. 

También buscan mucho la sección deportiva de La Chueca. “El exceso de información política nos genera rechazo, siempre es más de lo mismo, así que nos gustan los deportes”, dicen.

Sin embargo, el vínculo con LA ARENA trasciende la jornada diaria. Para quienes crecieron en La Pampa o llegaron hace más de medio siglo desde provincias vecinas, el diario ha sido un testigo incondicional del crecimiento local y regional. Recuerdan con precisión el formato de años pasados, las plumas históricas de la redacción de don Raúl D’atri y la manera en que la información acortaba las distancias en una época donde los caminos rurales exigían largos desplazamientos para ir a comprar el diario a pueblos vecinos.

En el Hogar son conscientes del avance tecnológico y del ritmo vertiginoso del consumo informativo en las plataformas digitales y por eso, reivindican la vigencia del papel como una experiencia sensorial, cognitiva y afectiva que les resulta irreemplazable. “A veces cuando no consigo leer el diario papel, me siento en la compu del comedor del hogar y lo leo desde ahí”, señala Pedro. Lo cierto es que todos coinciden en que la tecnología cambió los modos de informarse, pero sostienen que el diario impreso no pierde su sentido para quienes buscan una lectura más pausada. “Para nosotros recibir el diario cada mañana es una forma de estar conectados con la comunidad e intercambiar opiniones, es vida”, concluyeron.

 

 

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