Sabado 21 de mayo 2022

Las palabras cambian

Redaccion Avances 23/01/2022 - 11.24.hs
WC, una muy antigua denominación de los baños por su nombre en inglés Water Closet.

 

Las palabras cambian, se transforman o desaparecen. Los idiomas se van adecuando a los cambios sociales y culturales, y algunos aplican conceptos en idiomas ajenos para decir exactamente lo mismo, aunque de una manera más “cool”.

 

 

Faustino Rucaneu *

 

Los idiomas son cosas vivas, mutantes en cantidad y significados de las palabras que usan según las circunstancias físicas, técnicas, sociales, políticas, etcétera en que se desenvuelve la sociedad que los emplea. Lo notable es que si bien muchos de esos términos perduran y hasta parecen ubicarse definitivamente en el vocabulario tanto culto como popular, otros, después de haber tenido una marcada vigencia y significación, se diluyen en el tiempo, a veces porque pasan a carecer de sentido y otras por simple olvido o mejor reemplazo.

 

En las últimas décadas, con la irrupción del inglés, idioma de notable practicismo aunque se lo estima menos preciso que el castellano, nuestro lenguaje ha incorporado cantidad de nuevos términos y neologismos determinados mayoritariamente por los avances tecnológicos, de la electrónica especialmente.

 

No deja de ser curioso que en los años de formación de la actual sociedad argentina tanto el inglés como el francés (el idioma “culto” de por entonces) entraran firmemente en el habla de esos años, perdurando algunos hasta hoy.

 

Algunos ejemplos que refrendan lo dicho ilustrarán mejor al respecto y es posible que lleven al lector al cambio y el recuerdo:

 

 

Yapa (bonus track).

 

Este es un viejo y consagrado término de origen quechua, muy preciso en su significado, pero que ha sido desplazado en buena parte de los últimos tiempos por el anglosajón “bonus track”.

 

 

En ablande.    

 

Esta expresión era relativa a la condición de los motores de automóviles de medio siglo atrás, que requerían una puesta en marcha inicial sin excesos, hasta que la máquina “se adaptara” la función. La picardía criolla también solía aplicarla a las damas cuyas caderas oscilaban marcadamente.

 

 

Lavado y engrase.

 

Palabras que todavía se pueden ver en dependencias de algunas estaciones de servicio, utilizadas cuando esas dos acciones iban unidas a menudo. El lavado ha pasado a tener otros ejecutores mientras que el engrase –con sus consecuentes alemites—prácticamente ha desaparecido con el surgimiento de los nuevos lubricantes.

 

 

Cordonear.

 

Era un despectivo para quienes –novatos en el manejo de automóviles– solían rozar las cubiertas contra los bordes del asfalto. También solía usarse como broma para quien había tenido problemas de alguna clase.

 

 

Cinco de queso.

 

La expresión aludía a la escasez que implicaba una porción de queso de rallar en moneda de setenta u ochenta años atrás. Llevada a valores actuales con seguridad daría una rebanada trasparente.

 

 

Los Pérez García.

 

Precedida de la expresión “más problemas que…” aludía a una serie radial de los años cincuenta; era relativa a una familia de clase media que vivía problemas de toda clase, muchos de ellos que reflejaban la realidad.

 

 

Croto.

 

Esta palabra va perdiendo vigencia, especialmente en los ambientes ciudadanos. Fue sinónimo de vagabundo o bien de “linyera”, aunque su origen estuvo en una Ley originada en un legislador de ese apellido, que habilitaba a viajar gratuitamente en los trenes (no precisamente en primera clase…) a quienes marchaban a la cosecha cerealera en el interior del país.

 

 

Novio zaguanero.

 

Era un irónico y un tanto despectivo que se aplicaba a quienes todavía “no habían formalizado” el noviazgo y no entraban a la casa de la novia. Hoy difícilmente se concibe esa actitud y hasta se diría que la situación es un tanto inversa en función de los avances de la femineidad.

 

 

Pito catalán.

 

Suena como un desecho idiomático. Se utilizó aproximadamente hasta los años cuarenta del siglo pasado y consistía en unir los dedos meñique y pulgar de ambas manos y tocarse la nariz, agitando los dedos. Oficiaba como gesto de burla.

 

 

Liquidación.

 

Esta palabra, tan usada desde un cuarto de siglo hacia atrás para promover ventas con rebajas, ha sido reemplazada por el anglosajón Black Friday, en caso de realizarse los viernes o según los días de la semana en aquel idioma. Misterios de la colonización cultural.

 

 

Vinería.

 

El término era la aplicación lógica al comercio donde se despachaban y/o consumían vinos, una larga tradición en la cultura etílica argentina. La penetración cultural la postergó hacia “wine house”, que quiere decir lo mismo pero que, se supone, suena más distinguido.

 

 

De encargue/la cigüeña.

 

Eran (son acaso) maneras de evitar hablar a los niños sobre formas explícitas de la concepción, al menos en su presencia. La “cigüeña” quedó muy devaluada ante el avance de un sano conocimiento sexual por los infantes.

 

 

Tirar la cadena.

 

La expresión comenzó a usarse con la introducción de determinadas tecnologías en los retretes, pero también va quedando postergada ante la aparición de formas más modernas en la eliminación de desechos orgánicos.

 

 

Ojo mágico (de las radios).

 

Se refería al visor de sintonía que traían las radios viejas, cuando ni se soñaba con la frecuencia modulada. Hoy ya es una reliquia técnica casi imposible de ver en algún aparato muy antiguo.

 

 

Water Closet.

 

Muy antigua denominación de los baños, devenida del idioma inglés y cuyas iniciales –WC–aparecían hasta no hace tanto tiempo en las puertas de los retretes.

 

 

Palabras del fútbol.

 

Centrojás, Outball, Goalkeeper, Insider. Hasta avanzado el pasado siglo XX obraron en boca de los relatores de fútbol como resabios de la introducción de ese deporte por los ingleses. De a poco, junto con otros similares, se castellanizaron en “pelota afuera”, “guardametas o arquero”, “entreala” o “centro medio”.

 

 

Espores.

 

Esa palabra era el plural adaptado al habla popular de “sport”, aquellas zapatillas tan comunes cuarenta años atrás, hoy definitivamente eclipsadas por las Adidas, Salomón y Nike, entre otras marcas.

 

 

Suspensores.

 

Fue un término popular y propio en su significado hasta los años sesenta, cuando se promocionaba como elemento esencial a los deportistas. Misteriosamente (acaso por las connotaciones con el sexo) desapareció de los avisos.

 

 

Se lo puso de sombrero.

 

Alusión a los vuelcos automovilísticos. Se ha ido perdiendo, acaso por la frecuencia de esos accidentes en la vida cotidiana.

 

 

El de la galera.

 

Ya definitivamente perdida esta expresión arranca en los años veinte del siglo pasado, cuando comenzó a usarse esa clase de sombrero, y posiblemente se acentuó durante los gobiernos radicales, conocidos como “galeritas”. Tenía algo de ingenuo y a la vez provocativo ya que, al pasar alguien con ese atuendo, se preguntaba “¿Quién se comió la pera?” con la respuesta obvia: “El de la galera”. De hecho solía motivar conflictos.

 

           

* Colaborador

 

 

           

 

 

 

 

           

 

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