Los mejores cómics de 2025
La comunidad comiquera sigue en pie gracias al impulso de hacedores, lectores y editores abroquelados detrás de un deseo firme.
Edu Benítez *
No es un momento auspicioso para el sector editorial local. Menos lo es para el específico mundo de las viñetas. Sin embargo, la comunidad comiquera sigue en pie gracias al impulso de hacedores, lectores y editores abroquelados detrás de un deseo firme.
Como cada año, la diversidad es lo que caracteriza este top 10. Varios de los libros listados a continuación hacen gala de una experimentación visual sin igual; algunos ponen en crisis la idea de una esencialidad del cómic, y otros evidencian un trabajo exquisito con géneros clásicos como el policial o el terror. Pasen y exploren según su interés: no faltarán nunca variedad ni talento.
10. Road Monster, de Nicolás Brondo y Aleta Vidal.
Una historieta que mezcla con contundencia varios géneros: terror gore, imaginación zombi y ambientación western. La historia comienza en tono tarantinesco. Sin mucha explicación, padre e hijo llegan en auto a un pueblo desértico, se meten en una casa -pala y hacha en mano- y comienza la sangría contra unos seres monstruosos. Es que, para sobrevivir en un mundo en ruinas, es necesario actuar rápido: no hay momento para relajarse. Por eso, Nicolás Brondo estructura el relato con encadenamientos de pura acción, mientras el dibujo de Aleta Vidal nos interpela con su desafiante uso del color.
9. Victoria, de Pablo Vigo.
Pablo Vigo es uno de los autores más coherentes y singulares del panorama del cómic argentino contemporáneo. Digo coherente, sobre todo, por las insistencias temáticas que desmenuza con fruición quirúrgica: la neurosis, la desolación y la fragilidad de toda existencia urbana. Ese repentino desplome del ánimo que acaece como un rayo sin explicación aparente en todo sujeto que viva en una metrópolis pareciera experimentarlo Victoria, la heroína de este nuevo libro. Vigo venía de publicar dos grandes libros compilatorios de historias autoconclusivas: Lo salvaje (2017) y Dusko (2021). Hoy extenúa los dilemas de su protagonista en clave de novela gráfica, con la misma modulación exquisita de sus blancos, negros y grises.
8. Marina y la estrella, de Inés Fragueiro.
Publicada originalmente por entregas en Webcomic Mutante, la historia de esta novela gráfica abre un mundo maravilloso de ensueño plagado de aventuras. La protagonista es una niña, Marina, que decide acompañar a Estrella, heroína en pugna contra un ser oscuro, a través de un viaje interplanetario lleno de obstáculos y desafíos. La narración se torna envolvente en su desarrollo, con un dibujo en blanco y negro punzante que produce emoción sin necesidad de recurrir en demasía al texto escrito.
7. El bondi, de Chelo Candia.
El bondi tuvo varios nacimientos. Primero apareció en forma digital en el sitio Historieta Patagónica y, más tarde, en la editorial La Duendes. Hoy celebramos su resurgimiento, después de más de diez años, de la mano de los sellos Historieteca y Maten al Mensajero. El festejo se debe a que estamos ante un clásico contemporáneo del género policial. También es la obra con el dibujo y el estilo narrativo más clásico de toda esta lista. Varias líneas argumentales se cruzan: un robo arriba de un colectivo, una nena que vende estampitas, policías corruptos y una trama más oscura de fondo se desarrollan con constantes giros argumentales que mantienen la intriga.
6. El permiso, de Brian Janchez
Reedición ampliada de un comic que está en lo más alto de la carrera de su autor. Cuando apareció El permiso, Janchez venía principalmente enfocado en la “comedia” (Mc Kosher, Marisa quiere pija, El sabio de Sion) y esta historia supuso un giro en la exploración de nuevas zonas estilísticas y registros temáticos. Contada con elegancia y mucho equilibrio en la relación entre dibujo y palabra, Federica atraviesa un proceso de duelo, que se expresa con mayor rotundidad y simbolismo, cuando la costumbre de comer tarta de jamón y queso en la fecha de su cumpleaños se ve interrumpida. El tono es, por su puesto, melancólico. Además de El permiso -que había sido publicado por otro sello en 2017- este volumen editado por Historieteca reúne La mejor de mis exnovias, La hija del carpintero y un comic inédito.
5. La estructura sensible, de Titihoon.
Seres antropomórficos inmersos en sus auriculares que sostienen con sus brazos edificios enteros, escaleras que no conducen a ninguna parte (en apariencia), vegetaciones extrañas, caminos inconexos o entrelazados, serpientes emplumadas, y sillas, bastantes sillas. Porque -después de atravesar esa urbanidad trastocada que hace de la recarga su valioso enigma- es necesario sentarse y repasar todo con calma. En cada página Titihoon dibuja arquitecturas imposibles pero potentes. Es decir, escenarios perfectamente imaginables. Y lo hace incorporando una serie de haikus bellísimos que funcionan como complemento (o contrapunto) de lo que sucede en el dibujo. Algunos de los que más resuenan: “libre es quien sabe / de que están hechos / sus miedos” o “Que la desolación no apabulle / que la belleza no despiste”. Jugando a maridar dibujo y poesía, la autora profundiza sobre la inespecificidad del lenguaje del comic. El sello Paradojas apostando siempre a la experimentación. Un gesto que deberíamos agradecer.
4. La vuelta de Saturno, de Magenta Magnelli
“En astrología, Saturno, el gran maestro, simboliza la estructura, el orden, las limitaciones, el karma y las lecciones de vida”, se lee apenas comenzada la novela gráfica de Magenta Magnelli. Así se cifra, parcialmente, el curso de lo que vamos a atravesar junto a la narradora. Un viaje a México impulsa una serie de renaceres, de aprendizajes, cambios de rumbo y mutaciones de la sensibilidad que se ponen en juego con saberes mistéricos y ciclos lunares. Pero ese es sólo el inicio del recorrido porque la obra -un deleite de experimentación gráfica y temática- comienza a coquetear con aristas propias de la ciencia ficción, con lo onírico y avanza por zonas cada vez más inesperadas para disfrute del lector.
3. Cuando levantas la mirada, de Decur
Lorenzo se muda con su madre a una casa nueva, lejos de sus amigos, su mundo conocido. Las cosas no parecen promisorias para el niño que es. Sin embargo, en un mueble antiguo encuentra un gran cuaderno con dibujos, que despierta en él una dimensión perceptual inédita. De allí se van tejiendo dos relatos paralelos: la trama ficcional que compone el cuaderno ilustrado y el día a día en este nuevo ámbito que Lorenzo va aprehendiendo poco a poco. En un relato que se nutre del género maravilloso, Decur se permite desplegar algunos apuntes críticos sobre ciertas cuestiones de época. Concretamente sobre la dependencia de Lorenzo al uso del celular y, como contracara, sobre la posibilidad de mirar nuestro entorno desde una intensidad atencional distinta.
2. ¿Qué sueñan cada noche las nadadoras?, de Beibi Kebab
Son diversas las ficciones sobre el nadar. La literatura nos dio esa gema de John Cheever llamada El nadador o Nadar de noche de Juan Forn, del que este libro toma una frase como epígrafe desde el que se proyectan una sucesión de meditaciones, melancolías compartidas, momentos de sosiego. Para la protagonista -Agustina, aunque no se llama así- las enseñanzas del profe de pileta son “como pequeños mantras”. Y ante la diversidad de cuerpos y edades de sus compañeras que percibe en la intimidad del vestuario, contrapone: “en cambio, en el agua somos una, nuestros cuerpos impersonales van al ritmo del agua, no son demasiado maduros ni demasiado frescos”. Porque quien narra está pensando al nado casi como una práctica espiritual, exorcizante. Un momento de concordia. Por eso me resulta más evidente poner en línea este libro con la experiencia mística de Crawl de Viel Temperley o las piscinas vitalistas de David Hockney; antes que trazar una genealogía comiquera facilonga como podría ser El gusto del cloro de Bastien Vives. Beibi Kebab fusiona disciplinas, habita con desprejuicio zonas plásticas y literarias a la vez. En cada libro nos invita a presenciar sus “pequeños mantras”.
1. Marea roja, de Federico Schujman
La trama se emplaza entre la urbe y una zona portuaria. Una historia que comienza en alta mar: un bote pesquero en medio de la noche encuentra entre sus redes a una mujer que no recuerda nada de su pasado. Ese es el puntapié de varias tramas que se despliegan y mantienen intrigado al lector de principio a fin. Muchos detalles signan la trama: un grupo de mafiosos, una red de prostitución, un remedo de oráculo que suelta un sortilegio vinculado a unos aros de perlas. Todo eso acompañado por una expresividad en el uso del color y una libertad en el trazo del dibujo que hacen estallar visualmente cada página. Uno de los policiales más fascinantes que el comic argentino dio este año.
* Indie Hoy
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