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Domingo 15 de marzo 2026

Pirincho y los trabajos

Por Redacción 15/03/2026 - 06.00.hs

Pirincho en su taller de Urquiza 232, ya en los años 2000.

Con motivo del 138º aniversario de la fundación de Bernasconi el 16 de marzo, esta semblanza recorre la obra de Félix Enrique Basabe, “Pirincho”, cuyos trabajos evocan las múltiples tareas que dieron forma a la vida en los pueblos de La Pampa y que, con el tiempo, han ido desapareciendo.

 

Enrique Alejandro Basabe *

 

Pirincho quería que lo recordásemos por los trabajos que había hecho. En su velatorio, una persona del pueblo me dijo: “No hay casa en Bernasconi que no tenga algo hecho o arreglado por Pirincho”.

 

Félix Enrique Basabe, “Pirincho”, nació en Río Colorado, Río Negro, en 1939, y pasó parte de su infancia en San José, una estancia ubicada en las cercanías de Cuchillo-Có. Allí tuvo lo que para él fue su primer trabajo. De niño acompañaba a su padre, peón rural, a las zonas de vizcacheras, ya que las vizcachas eran una plaga para los campos. Su tarea consistía en introducir humo en una de las bocas de la madriguera para obligar a los roedores a salir por otra, de modo que su padre pudiera cazarlos. También traía a la memoria un arreo realizado junto a él hacia el sur de la provincia de Buenos Aires.

 

Desde muy chico se ganó la vida arreglando fondos de ollas y fuentones por cuenta propia.

 

Eran tiempos en que la escasez obligaba a reparar antes que a comprar nuevo. Durante un breve período se desempeñó como cadete en la Cooperativa El Progreso y luego en el almacén de ramos generales de Jacobo Litvak, en la esquina de la avenida San Martín y Arturo Núñez. De esos años rememoraba sobre todo la pobreza de su familia y también la alegría de poder comprar bananas al cobrar la quincena.

 

Los fines de semana trabajaba en el Cine-Bar Duchac, sobre la calle Leandro Alem, frente a las vías del ferrocarril. El local pertenecía a Samuel Nandory. Solía atender la barra y las mesas, pero su tarea principal era proyectar. Con máquinas manuales, el proyeccionista debía cambiar y empalmar durante horas los rollos de celuloide para que la película no se interrumpiera.

 

No debió de ser más que un niño cuando empezó allí, porque una de las anécdotas que evocaba con mayor nitidez era la de la noche en que un hombre, de pie frente a la pantalla y haciendo señas con los brazos, interrumpió la proyección para anunciar la muerte de María Eva Duarte de Perón. Era el sábado 26 de julio de 1952. Pirincho tenía solo trece años.

 

Desde entonces pasó cine, con algunas interrupciones, hasta 1989, cuando el lugar, ya al mando de Ernesto Rolheiser, cerró sus puertas definitivamente.

 

El oficio como destino.

 

En abril de 1957, con el apoyo de Pedro López, abrió junto con Eugenio Jacob su primera vidriería en la esquina de Barón Hirsch y Leandro Alem. Era apenas un ranchito a dos aguas donde, además de colocar vidrios, hacía trabajos de carpintería. Más tarde trasladó su taller a la calle Urquiza 232, dirección que con el tiempo se convirtió también en su hogar y en el espacio donde formó su familia.

 

Años después, en un relato publicado en 1992 en un periódico de General Acha, mencionaba entre sus “obras grandes” el revestimiento en madera del frente de la Municipalidad de General San Martín y la vidriería de la sucursal del Banco Nación de Guatraché y del Club Recreativo El Oasis, también en General San Martín.

 

Se dedicó a la carpintería y a la vidriería casi hasta el final de su vida: “cuando tenía que dar una mano o esperar para cobrar, siempre lo hacía”. Incluso en sus últimos años acompañó, con generosidad, los emprendimientos de Darío Schlosser en General San Martín y de Eliana Pérez y Juan Mertian en Bernasconi. Probablemente, esa misma inclinación por las labores manuales inspiró también a su hija Daniela, hoy docente de actividades prácticas en la Escuela Hogar Nº 16 de Abramo.

 

Además, era electricista autodidacta. En 1980, un incendio fortuito destruyó su lugar de trabajo. Esa madrugada vio consumirse en pocas horas los vidrios y las maderas que había ido reuniendo con los años. Poco después encontró en la Cooperativa de Servicios y Obras Públicas de Bernasconi un nuevo ámbito para su oficio, donde trabajó como operario en tareas de electricidad, agua corriente, gas y líneas telefónicas hasta su jubilación en 2005.

 

Trabajo y comunidad.

 

Desde joven, Pirincho sintió una profunda inclinación por las danzas tradicionales. En 1992 pudo ponerse al frente de su propia peña, la Peña Sol Naciente, un espacio para personas jubiladas y preparación de festivales folklóricos regionales. En los ensayos marcaba el paso con orden y firmeza. Recordaba con particular orgullo la convocatoria de la entonces subsecretaria de Cultura, profesora Norma Durango, para organizar en Bernasconi una actuación del Ballet Folklórico Nacional encabezado por Santiago Ayala, “El Chúcaro”, y Norma Viola a mediados de los ‘90.

 

Como prolongación de esa actividad, ya jubilado participó en el grupo “Abuelos en Acción” y en campeonatos de tejo, donde se mostraba competitivo y constante. Integró, por lo general con perfil bajo, las comisiones directivas de diversas instituciones bernasconenses, entre ellas la Parroquia San José, la Sala de Primeros Auxilios Dr. Rogelio Amicarelli y el Hogar de Ancianos Heriberto Álvarez.

 

Pirincho era un tipo gaucho: honesto, paciente y de carácter afable. Hizo del trabajo su marca de identidad y, como evidencia de ello, toda la vida se lo vio en el pueblo con su sobrio “uniforme”: pantalón y camisa de grafa azul. Nunca se limitó a ser un simple comerciante; era, ante todo, un artesano de la vida cotidiana. No buscaba la compañía constante de los demás, pero cultivaba amistades largas y profundas, como las que lo unieron, por ejemplo, a Osvaldo Jerassi, Sussy Catoira, Enrique Cazenave, María Cleman y Raúl Berger. Con otros conocidos, como Horacio Bruno, Armando Villar, Alicia Brum y Oscar Canalis, o Héctor Polisuk, sus vínculos eran serios y respetuosos.

 

Lector fiel y contemplativo de Caldenia, amaba las historias de La Pampa, los quehaceres de los pampeanos y, en particular, los de su pueblo, Bernasconi. Falleció el 17 de junio del año pasado, a los 86 años de edad. Hoy vuelve aquella frase escuchada en su despedida: no hay casa en Bernasconi que no conserve algo hecho por Pirincho.

 

* Colaborador

 

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