Sabado 25 de junio 2022

Una pastilla y un amor

Redaccion Avances 15/05/2022 - 14.00.hs

Primera entrega de una serie de relatos escritos por quien firma esta página. Clara, año nuevo, la pandemia, decisiones y emociones en un texto sencillo y cercano.

 

 

Milly Vázquez *

 

Algo había cambiado ese 31 de diciembre que decidió irse a dormir a las nueve y rechazar la invitación de sus amigos para festejar todos juntos en una casa. Clara ya se imaginaba que conseguir un auto iba a ser una pesadilla y amontonarse cuando explotaban los casos en pandemia tampoco la incentivaba mucho. Hacía tiempo que venía tomando pastillas para dormir, pero en cuarentena había tenido que aumentar la dosis. El incremento de los psicofármacos fue un fenómeno que, según pudo leer en Internet, muchos experimentaron. Antes de la pandemia, Clara trabajaba hasta tarde y no tenía tanto tiempo para pensar. Cuando se cortó todo abruptamente, no le quedó otra más que el contacto crudo y carnal consigo misma. Esto le sirvió para dedicarse a terminar un posgrado y escribir textos poéticos. Si bien extrañaba el contacto con otros, se sentía plena.

 

Clara estaba contenta y satisfecha con la decisión de haberse quedado en su casa aquel 31 de diciembre. De ese modo, había evitado tener las conversaciones que llevan a lugares comunes y que tanto odiaba. Feliz y tranquila estaba, hasta que unos días más tarde, Luciana, su mejor amiga de la infancia, la llamó y le preguntó por qué no le había dicho que no tenía planes. Así Clara podría haber pasado esa noche festejando con Luciana y su familia. El llamado de su amiga la tomó en un momento de particular sensibilidad, sin planes para vacaciones y sin perspectiva de pareja. Pronto se vio a sí misma en la calle llorando tras sus lentes oscuros. Nadie se enteró. El llamado de su amiga tras su radical decisión, la agarró por sorpresa y la conmovió. Su cuerpo, en estado de shock, seguía caminando automáticamente, aunque ya no registraba los movimientos en su entorno. Seguía caminando como hipnotizada, con el eco de la voz de su amiga en la cabeza, a riesgo de no darse cuenta cuándo el semáforo se ponía en rojo y si los autos le pasaban demasiado cerca. Esa noche se fue a dormir, tras tomar su Lorazepam, como de costumbre, pero sintiéndose amada, y se dio cuenta de que sus lágrimas provenían de una profunda emoción. Se acostó en la cama con la certeza de que tenía una pastilla y un amor, al menos eso, y ya era suficiente.

 

 

* Escritora

 

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