Francia en llamas y protestas en Europa
Francia atraviesa una de sus mayores crisis de conflictividad social. Esta situación comenzó a mediados de septiembre con movilizaciones de estudiantes secundarios en los suburbios de París se transformó en una protesta nacional que combina reclamos educativos, pérdida de poder adquisitivo, rechazo al ajuste y cuestionamientos a la respuesta del gobierno de Emmanuel Macron.
El último sábado las manifestaciones se extendieron por distintas ciudades, con enfrentamientos, incendios, comercios saqueados y una fuerte intervención policial.
Según publicó Ámbito a partir de Reuters, más de 500.000 personas participaron de las movilizaciones en todo el país. El balance informado por la agencia incluyó, en las últimas horas, cerca de 1.800 detenidos y más de 500 policías heridos. Las autoridades condenaron los episodios violentos, mientras que el gobierno quedó bajo presión para contener una protesta que ya excede las demandas originales de los estudiantes.
Las protestas también tienen una dimensión política: Francia se aproxima a las elecciones presidenciales de 2027 en un escenario de fragmentación y creciente desconfianza hacia las instituciones.
Escuelas secundarias.
El detonante estuvo en las condiciones de las escuelas secundarias, especialmente en establecimientos de los suburbios populares de París. Las primeras movilizaciones surgieron a mediados de septiembre en Créteil, donde estudiantes y docentes denunciaron la falta de profesores para materias centrales y las dificultades para sostener el funcionamiento cotidiano de las instituciones.
Los reclamos se multiplicaron rápidamente. Las aulas superpobladas, los edificios deteriorados, las ausencias docentes sin reemplazos y la falta de personal de acompañamiento y atención sanitaria forman parte de las demandas. Los estudiantes también cuestionan Parcoursup, la plataforma utilizada para organizar el ingreso a la educación superior, a la que señalan por condicionar sus posibilidades de continuar sus estudios.
El movimiento se extendió a otras regiones y alcanzó a más de un millar de establecimientos durante las primeras semanas de octubre, con bloqueos y jornadas de protesta.
La expansión de las protestas se explica, en parte, por la confluencia de demandas que hasta entonces aparecían separadas. A los estudiantes se sumaron docentes, sindicatos, trabajadores públicos, transportistas y sectores vinculados con el movimiento de los chalecos amarillos, que protagonizó grandes movilizaciones contra el gobierno francés desde 2018.
Aumento del costo de vida.
El medio citado también subrayó que el encarecimiento de la energía y las dificultades para llegar a fin de mes ampliaron el alcance de la convocatoria. Los aumentos de los gastos domésticos y la pérdida de poder adquisitivo alimentaron el malestar de familias que, además, enfrentan el deterioro de los servicios públicos.
La conexión entre ambas crisis resulta central: mientras los jóvenes denuncian que las escuelas no cuentan con recursos suficientes para garantizar su formación, los adultos cuestionan que sus ingresos no alcancen para afrontar los gastos cotidianos.
El conflicto se desarrolla en un contexto de dificultades fiscales para Francia. El elevado endeudamiento público, los déficits presupuestarios y el mayor costo de financiamiento reducen el margen del gobierno para ampliar el gasto sin abrir una nueva discusión sobre impuestos, recortes y prioridades presupuestarias.
La necesidad de ordenar las cuentas públicas alimenta el temor a que los próximos presupuestos impliquen restricciones adicionales para áreas como educación y otros servicios esenciales. Para los manifestantes, cualquier ajuste que no contemple las necesidades de las escuelas y de los hogares amenaza con profundizar problemas que ya afectan a amplios sectores de la sociedad.
Europa.
La movilización francesa empezó a funcionar como referencia para estudiantes y organizaciones de otros países europeos, donde también existen reclamos por el financiamiento educativo, el deterioro de las escuelas y el encarecimiento del acceso a la educación superior.
En Bélgica se registraron protestas estudiantiles y enfrentamientos con la Policía, especialmente en Lieja, en medio de cuestionamientos por las condiciones educativas. En Italia, estudiantes organizaron ocupaciones y manifestaciones en ciudades como Turín y Roma, con consignas que expresan solidaridad con sus pares franceses y reclamos por la falta de recursos y el deterioro de los establecimientos.
Según informó RT, el viernes miles de estudiantes se volcaron a las calles de Italia para protestar contra el Gobierno de Giorgia Meloni, en lo que denominaron 'El día de no-Meloni'.
Los alumnos reclaman, entre otros asuntos, mejoras en las condiciones educativas, pero también han incluido en su pliego de conflictivos temas el alto costo de la vida o la existencia de un polémico decreto que limita la cantidad de estudiantes extranjeros. Su consigna fue: "Dinero para las escuelas, no para la guerra", lo que constituye una crítica al creciente gasto militar.
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