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Filosofía barata y zapatos de goma

Redacción 18/10/2026 - 00.22.hs

Seguramente en los ámbitos académicos ocurrió mucho antes. Pero a nivel de la cultura popular argentina, puede decirse que la figura del filósofo esloveno Slavoj Zizek comenzó a circular hace no mucho más de unos veinte años. Y no por sus textos, sino por un filme documental de su autoría, llamado "Guía cinematográfica para el perverso”. Allí, su voz en off -en inglés con fuerte acento balcano- analizaba películas clásicas de Hollywood desde su particular perspectiva, mezcla de marxismo y psicoanálisis lacaniano. Y es que, además de la empatía que genera como cinéfilo, lo cierto es que Zizek (escribimos su apellido como podemos: tiene como cuarenta diéresis en la lengua eslovena) se destaca por su originalidad, por su capacidad para plantear siempre algo nuevo, sorprendente, polémico.

 

Tics.

 

Es más de lo que puede decirse de la mayoría de sus colegas contemporáneos. Acaso el más famoso de ellos sea el coreano/alemán Byung-Chul Han, especialista en escribir libros de bolsillo en los que refrita en el mismo aceite más o menos los mismos conceptos: la sociedad del cansancio, la muerte del eros, el hombre contemporáneo que se auto-explota, y si le va mal no se rebela, sino que se deprime.

 

Por lo menos, Zizek resulta un poco más abordable que el amigo alemán Jürgen Habermas, que nos abandonó en marzo pasado, y cuyos textos son de un volumen y una densidad que asusta: algo así como esas óperas de Richard Wagner que duran como 24 horas, y que algunos alemanes van a presenciar mientras leen la partitura y el libreto, munidos (por las dudas) de bolsa de dormir y una buena vianda de cerveza y krautz surtidos.

 

En estas dos décadas Zizek se ha desarrollado también como una suerte de "influencer" en Youtube, adoptando una actitud de niño terrible, despotricando por igual contra el capitalismo y contra la izquierda clásica, mientras se refriega constantemente la nariz, en un tic que su analista debería haberle extirpado hace mucho tiempo.

 

Caras.

 

Resulta sorprendente enterarse, entonces, que hace veinte años atrás, cuando emergía su figura como un referente de culto alternativo -algo excéntrico aunque simpático- el bueno de Slavoj tuvo fuerte presencia en los medios argentinos de circulación masiva, más concretamente, en esa abominación llamada Revista Caras: Ese dudoso espejo de su par europeo, un desfile de caripelas de ricos y famosos, que -seamos francos- sólo existía para nosotros, los argentinos de a pie, en las salas de espera del odontólogo: era la tortura virtual que preanuncia la tortura real.

 

Qué tragedia descubrir esta publicación veinte años después, donde nuestro pensador disidente se codea con lo más rancio de la farándula y los vulgares ricachones argentinos. Y encima, el evento que motiva la publicación es su boda de entonces, cuando tenía 56, con una señorita argentina de exquisita belleza, que apenas llegaba a los 26. Ambos están vestidos de blanco -aunque él, con su pelo desmañado y sus ojeras oversize, parezca un mafioso de película.

 

Siguiendo al cholulo que todos tenemos adentro, vamos deshojando el artículo, apreciando el menú que se sirvió en la boda (unos cojudos corderos y costillares al asador) y el risueño encuentro del filósofo con el "periodista" Jorge Fontevecchia, quien luego publicaría en su diario "Perfil" un largo artículo de cómo los famosos del mundo vienen a casarse con argentinos y argentinas.

 

Doncella.

 

Advertirá el lector que no mencionamos el nombre de la tercera esposa de Slavoj VIII. En las páginas de chismes, se la menciona como -entonces- una modelo profesional. Pero al mismo tiempo, como una competente profesional del psicoanálisis (vocación que le viene de cuna), ámbito en el que habría tomado contacto con el pirata balcánico, durante sus seductoras conferencias y seminarios en la Babilonia argenta. También se la menciona como ex pareja de una estrella del rock nacional, y hasta incluso, como inspiradora de una canción, aquella que decía: "flaca, no me claves, tus puñales, por la espalda, no me duelen, no me hacen mal".

 

A no dudarlo, los puñales de esa mujer habrán dejado mella, lo quieran o no, en estos artistas del show business. Hoy podemos decir -satisfaciendo el costado cholulo de esta columna- que aquel matrimonio de veinte años atrás no resultó particularmente exitoso. De hecho -contradiciendo las enseñanzas de Groucho Marx, para quien "el matrimonio es una institución maravillosa, pero ¿quién quiere vivir dentro de una institución?- , Zizek reincidió y terminó contrayendo un cuarto matrimonio , esta vez, (oh! Casualidad!) con una compatriota eslovena, igualmente joven, bella y talentosa.

 

Resulta patético que Slavoj, confrontado por la revista Caras, con la obscena contradicción de esta exposición pública, opte por presentarla como una "generosa" concesión de su parte a su (30 años menor) pareja. Dice al respecto que en todas las fotos se lo puede observar, claramente, como infeliz, en un "escape psicótico". Cuenta, para amplificar el agravio, que tuvo a su cargo la elección de la música en la ceremonia, y que para el momento más romántico, eligió, como banda sonora, el cuarteto de cuerdas de Schubert, "La muerte y la doncella".

 

Es lo que hay. En tiempos posmodernos -¿se llaman así, todavía?- todos tenemos derecho a estar confundidos. Pero, francamente, a los pensadores profesionales, ¿no sería lícito exigirles un poco más que esto?

 

PETRONIO

 

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