EE.UU tiró un “Nihuil” para que vuelva un río
Un artículo periodístico de uno de los principales diarios de Mendoza se hace eco de una noticia que llega desde Estados Unidos pero que refleja, con total claridad, aquél dicho de “haz lo que yo digo pero no lo que yo hago” respecto al uso de los recursos hídricos.
“Durante más de un siglo, cuatro presas hidroeléctricas bloquearon el río Klamath, entre California y Oregon, en Estados Unidos. Se construyeron para producir electricidad y acabaron alterando el recorrido de los salmones, la temperatura del agua y el equilibrio de todo un ecosistema”, resalta un artículo del diario UNO en un ejemplo muy preciso de lo que exactamente hizo Mendoza con, por ejemplo, el río Atuel y Los Nihuiles, la represa que construyó la provincia vecina en 1948.
El medio mendocino remarca que en octubre de 2024, las cuatro presas en Estados Unidos “habían desaparecido. El proyecto de demolición y restauración costó aproximadamente 500 millones de dólares. Las infraestructuras eran J.C. Boyle, Copco 1, Copco 2 e Iron Gate. Se construyeron entre 1908 y 1962 y formaban parte de un sistema hidroeléctrico que aprovechaba el caudal del río para generar energía”.
Y agrega: “Durante décadas, estas infraestructura transformaron el paisaje y dificultaron que los peces alcanzaran las zonas situadas río arriba, donde históricamente se reproducían. El problema era especialmente importante para el salmón. Estos peces nacen en agua dulce, migran al océano y regresan a los ríos para reproducirse”.
El detalle de lo ocurrido con el río Klamath puede trasladarse exactamente de la misma forma al oeste pampeano cuando Mendoza decidió cortar el río Atuel y hacer un uso unilateral de un recurso interprovincial, tal como lo determinó la Corte Suprema de Justicia de la Nación.
“La construcción de estas presas interrumpieron sus desplazamientos y limitaron el acceso a más de 600 kilómetros de hábitat fluvial, según estimaciones difundidas por organizaciones conservacionistas. La calidad del agua también se convirtió en una preocupación. Los embalses favorecían episodios de proliferación de algas tóxicas y podían elevar la temperatura del agua, condiciones perjudiciales para los peces”, remarca el artículo del diario UNO.
Desastre.
En 2002, “una combinación de temperaturas elevadas y escaso caudal contribuyó a un episodio de enfermedad que mató a más de 34.000 salmones, un desastre que reforzó las reivindicaciones de las comunidades indígenas de la cuenca. Las tribus de la región llevaban años reclamando la retirada de las estructuras. Para ellas, recuperar el río significaba también proteger una fuente tradicional de alimento y una parte fundamental de su cultura. Tras años de negociaciones, la empresa eléctrica PacifiCorp acordó transferir las presas a una entidad sin ánimo de lucro creada para gestionar su demolición”.
Las obras de construcción no consistieron en hacerlas explotar de golpe, según se detalló en el medio mendocino. “Primero se vaciaron los embalses y después se desmontaron las estructuras con maquinaria pesada y explosivos en operaciones controladas. El material acumulado detrás de las presas tuvo que gestionarse para reducir los impactos sobre el cauce y los animales”, se explicó.
Artículos relacionados
