Martes 16 de abril 2024

Con estirpe cocinera

Redacción 17/02/2024 - 00.06.hs

Daniel Aguirre tiene un extenso camino en la gastronomía y hace unas semanas abrió “550 Garage”, un lugar que tiene una alta demanda de delivery pero que también ofrece un cálido espacio para disfrutar al aire libre o bajo una parra.

 

De Villa Alonso a Buenos Aires, de ahí de regreso a Santa Rosa y luego un periodo en la brasileña Curitiba. Otra vuelta y, en todas, un sendero típico para quien se dedica a la gastronomía: desde trabajar en lo más rústico como embolsar comida, lavar platos y servir mesas hasta abrir un emprendimiento propio o codearse con una de las chefs más distinguidas de Latinoamérica. Daniel Aguirre tiene 39 años pero su trayectoria en lo que más le gusta tiene una extensa bitácora de movimientos, aprendizajes y, por supuesto, mucho trabajo.

 

“Hubo un momento en que medio me resigné, fue cuando volví de Brasil. Me costó en ese momento pensar en empezar todo de nuevo y me puse a trabajar con mi mamá en su peluquería. Estuve bastante tiempo hasta que de a poco me fui reinsertando y teniendo distintas oportunidades dentro de la gastronomía. Reabrí el lugar original, ‘La cocina de Dani’, en la calle Larrea y estuve cuatro años, hasta que no me quedó otra que mudarme y fue difícil encontrar este lugar, pero valió la pena porque me encanta estar acá”, resume Daniel en una de las mesas que están bajo una parra y que invitan, en un hermoso atardecer pampeano, a degustar unas exquisitas empanadas, una sabrosa pizza o un lomito con papas de nivel superior como los que ofrece y elabora “550 Garage”.

 

Ubicado en la avenida Belgrano 345, en el corazón de ese barrio -Villa Alonso- que tiene el ADN de Daniel, trabaja con pedidos al WhatsApp 2954 368329 de martes a domingo a partir de las 20.30 y, desde marzo, también abrirá al mediodía de lunes a viernes. Lomitos y sándwiches para compartir, variedad de pizzas, empanadas de carne, de carne dulce con pasas, de jamón y queso, de osobuco, hamburguesas, papas con cheddar y otras opciones tiene el menú de un lugar que se extiende a un patio al aire libre y distintos espacios para compartir y disfrutar.

 

“Mi abuela Juana tenía pasión por la cocina, era la típica que los domingos cocinaba para toda la familia y con recetas con su propio toque. Y mi abuelo era cocinero en el INTA, y yo de chico iba a ayudarlo a pelar papas, cebolla, lo que sea, y se preparaba la comida para todos los peones. Creo que de ahí surgió mi atracción por la gastronomía, así que cuando terminé el secundario me fui a estudiar a Buenos Aires. Al poco tiempo empecé a trabajar en una fábrica de comida light en el barrio La Paternal, arranqué bien de abajo como es típico, embolsando las viandas. En ese momento la cocina me quedaba lejos, pero con el tiempo terminé como cocinero principal y eso me dio una gran satisfacción”, recordó.

 

Daniel también recuerda que su hermana le enseñó algunas recetas básicas y que el libro de Doña Petrona también lo introdujo en el mundo de las ollas y sartenes. “Antes de irse a trabajar mi papá dejaba la plata arriba de la mesa para que hagamos todas las compras y cocinar, así que cuando llegaba el mediodía llegaban todos a comer. Como veían que me gustaba y me interesaba el tema, me pedían que cocine. Es como todo, cuando algo te atrae te vas metiendo cada vez más y aprendiendo”.

 

A Brasil.

 

Daniel dejó Buenos Aires y se volvió a Santa Rosa, y en 2010 abrió ‘La cocina de Dani’, en la calle Larrea, donde se hizo conocido por sus lomitos. Hasta que surgió la posibilidad de ir a Brasil. “Mi idea inicial cuando volví era irme al sur, siempre me atrajo, pero Santa Rosa me atrapó y me quedé. Me fue bien pero siempre tuve un lado aventurero y mi hermano estaba en Curitiba, así que me fui para allá. Entré a trabajar en un café peruano, aprendí mucho de cocina de ese país. Y ahí cerca estaba el restaurante de Manu Buffara, una chef reconocida mundialmente y yo quería trabajar ahí. Ella trabajaba en ese momento con el método molecular, con nitrógeno líquido y me interesaba aprender sobre eso. Los chicos del café me hicieron un contacto para una entrevista y por suerte pude estar un tiempo”, resaltó quien subraya que la gastronomía es una puerta que se abre siempre hacia la salida laboral.

 

“Es una profesión, un oficio que abre puertas siempre, ya sea de cocinero o de lavaplatos, no tengo problemas con eso, pero siempre hay una oportunidad y más si vas a un lugar turístico. Cuando volví de Brasil fue un momento en que medio me resigné, pero Fernando González siempre me dio oportunidades. Trabajé en Las Viñas, en Siete 10 cuando era la ochava, ahí hacía pizzas. Después tuve la chance de hacer la cocina en la inauguración de Cine Club, en todos lados aprendí, de todos lados fui sacando cosas y eso te enriquece, sin dudas”.

 

Emprendedor.

 

Daniel recorre el mapa de sus distintos puntos geográficos laborales pero hace una pausa para recordar las charlas que tenía con su padre. “Siempre me decía cuándo iba a dejar de trabajar para otros y tener mi propio negocio, si ya tenía todas las herramientas, todo lo necesario. Es difícil por todo lo que implica, pero cuando él falleció me hizo un click y ahí fue que reabrí ‘La cocina de Dani’, hasta que tuve que dejar el lugar en la calle Larrea y empecé a buscar un lugar nuevo. Me costó mucho porque no te alquilan fácil para una rotisería, pero surgió esta chance, yo conozco a Ana que es propietaria y ella me conoce, sabe cómo trabajo, y en enero pudimos abrir”, cierra el círculo Daniel que cuenta con el incondicional apoyo y colaboración de su compañera Daniela y el aporte de su sobrino Tomi más el trabajo de un amigo en la cocina.

 

“Estoy muy cómodo y contento porque la gente ha respondido muy bien, siempre me funcionó la recomendación de boca a boca y sí puedo decir que nunca resigné la calidad de los productos. Ahora ya tengo todo preparado para arrancar en marzo al mediodía, va a ser de lunes a viernes con viandas como tartas, ensaladas, unas milanesas napolitanas que son para compartir. Sin dudas que este es un emprendimiento familiar pero la proyección siempre es crecer y ofrecer más posibilidades”, afirma Daniel desde un garage que es mucho más que eso, es una cocina con recetas tan tentadoras como exquisitas, para disfrutar en el lugar o en casa, pero siempre con la indudable geografía que lleva directo al paisaje del sabor.

 

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